Opinión
De Canarias, puertos y fantasmas

Por Marga Ferré
Presidenta de Transform Europe
El peor virus del mundo es el miedo a los fantasmas. Se propaga rápido y aunque tiene fácil cura, es muy dañino. Me refiero a la propagación del miedo a algo que no es real, a ese que difunde un pánico irracional y que lleva, indefectiblemente, a decisiones irracionales. Para combatirlo la solución es recurrir a la ciencia, nos dicen, ya que en ella sí está lo que es real y su dimensión. Estoy de acuerdo, pero añado que no está de más, cuando hablamos de personas, vacunarnos con una buena dosis de solidaridad, como la que una vez me encontré en un puerto de Canarias. Déjenme que se lo cuente:
Corría el año 1976 y, tras el atroz golpe de Estado en Argentina, el Gobierno de Adolfo Suarez despachó un barco a Buenos Aires para repatriar a los españoles que allí estábamos. Nos envió un viejo crucero, el Cabo San Roque, con el que cruzamos el Atlántico para llegar a España.
La travesía iba sin problemas y a mis ojos toda una aventura, hasta que un día, pasado el ecuador, el barco tuvo una avería. Se quedó navegando con una inclinación preocupante hacía estribor, tanto, que no podíamos tomar sopa porque se caía del plato. Yo era una niña y me lo tomé como un juego, el resto del pasaje no tanto y empezaron a contar la distancia y los días en que llegaríamos a puerto seguro: Canarias.
Más allá del sol y las playas infinitas, Canarias es, desde hace siglos, un puerto refugio para las travesías trasatlánticas. Supe después que lo es desde el primer día: desde que Colón arreglara el timón de La Pinta en Gran Canaria y se abasteciera en la Gomera antes de cruzar el Atlántico por primera vez.
Quizá por ello la elección de Canarias para el auxilio marítimo no me pareció raro en absoluto, los canarios y canarias conocen perfectamente la ley del mar y llevan 500 años ayudando. Lo que sería una anomalía sería lo contrario, pensé, mientras giraba la cabeza, incrédula, al oír las apelaciones al miedo y la negación de socorro del presidente de las islas afortunadas.
Es lógico que todo virus letal nos genere un miedo racional. La experiencia de la covid nos impele a ser precavidos y nos enseñó a tomar las medidas para contener todo riesgo. Pero es que el caso del crucero MV Hondius y del hantavirus no es una pandemia, no es una epidemia. Ha sido y es un brote focalizado que podemos ayudar a controlar y sin embargo…
Las narrativas histéricas que hemos leído u oído estos días que llaman a un miedo irracional y a cierto pánico (los fantasmas) se han hecho hueco en medios, en la calle y en parlamentos y a mí me suenan a impostadas, a intencionadas. No responden a la precaución natural que todos tenemos ante una enfermedad contagiosa, responden a otra cosa y eso sí me ha entristecido.
Sé que la combinación imbatible entre ciencia y solidaridad (de la que tanto saben los sanitarios) nos hace mejores y que hacer caso de los epidemiólogos es lo correcto, como ha hecho el Ministerio de Sanidad: prestar ayuda tomando todas las precauciones. Lo que nos hace peores, lo que nos embrutece, es presumir de ignorancia y negar auxilio.
El señor Clavijo, presidente de Canarias, se niega a que el buque fondee porque dice que "ellos" creen que es un riego para la población. El señor Clavijo sabe más del virus que el Ministerio de Sanidad, la Organización Mundial de la Salud, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades, todos los epidemiólogos del planeta y más que la Audiencia Nacional, que ha negado las medidas cautelares que los ultras de Iustitia Europa interpusieron con el mismo argumento: qué sabrán los médicos.
Lo que hacen, en realidad, es generar un miedo irracional con fines políticos, seguir a pies juntillas el manual del negacionista. Prueba es que su correligionaria Ayuso, que en medio de la covid (esta sí una pandemia letal) animaba a romper el confinamiento e irnos de cañas, hoy, con la misma falta de empatía, niega el auxilio en Madrid. Como para no entristecerme.
De ahí y de ellos deduzco que el peor virus es el miedo irracional a lo que no es real. El hantavirus del crucero no es un fantasma, existe, lo que son fantasmagóricas son las narrativas conspirativas, insolidarias, irracionales y acientíficas para convertir la precaución que hemos de tener en miedo agresivo, ese que contagia y destroza. Supongo que esa es su intención, que el miedo irracional nos venza.
La mía es que esta crisis nos sirva para recordar que tener los mejores EPI, la mejor investigación, la mejor atención profesional y logística y proteger a quien nos protege se llama financiar la sanidad pública, no destrozarla. Acuérdense a la hora de votar a quienes la defienden y quienes la recortan o la venden y súmenlo al relato del miedo antes contado, verán cómo les cuadra. Mientras tanto…
Le deseo lo mejor al pasaje del MV Hondius de vuelta a sus países o al Gómez Ulla y que todo vaya bien; y aquí me quedo, con el orgullo frente al miedo por unos profesionales sanitarios, de protección civil, marítima y militar que saben lo que hacen y un Ministerio de Sanidad que hace lo que debe.
Y me quedo, sobre todo y a pesar de alguno, con la mítica hospitalidad canaria, ese puerto refugio que una vez me ayudó.
Gracias, de nuevo.
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