Opinión
Cansino militar con gas pimienta

Por David Torres
Escritor
Esto de vivir en un golpe de estado permanente marca a fuego el carácter nacional, pero también tiene sus ventajas. Un español ya no se asusta de nada, ni terremotos, ni apagones, ni pandemias, ni descarrilamientos; ni siquiera al abrir el periódico y enterarse de que la terrible dictadura de Pedro Sánchez sigue adelante pese a las dos heroicas tentativas de derribarlo que, una vez más, han acabado descarrilando.
-Vaya por Dios, esta semana hubo otros dos golpes de estado.
-¿Con fruta o sin fruta?
-Nada, una señora con gas pimienta en el Congreso y un teniente coronel retirado con un micrófono y mucha nostalgia.
-Así no hay manera.
El teniente coronel retirado, Francisco Bendala, había pronunciado una charla en la que animaba al ejército a cumplir con su deber, que es el de salvar a España, como siempre. Lo de pronunciar va muy bien porque España es una muchacha alocada y un poco frívola que necesita ser salvada cada cierto tiempo a base de pronunciamientos, de alzamientos o de asonadas. Primero se pronuncia uno y luego se alza, a veces también tiene que asonar lo justo, unos cuantos tiros en el techo del Parlamento, porque si no, la peña no se entera. “Por Ceuta, que es por España. Ahora o nunca”. Ése era el título de la charla, pero el hombre la podía haber dejado ahí, meter mano a la cartuchera, reunir a los patriotas chusqueros y dirigirse directamente del Casino Militar de la Gran Vía al Congreso de los Diputados, que se llega en dos patadas, mejor subidos a una tanqueta, todos juntos con el brazo en alto y una bandera con pollo.
Es una vieja costumbre de los militares retirados españoles la de reunirse de vez en cuando para salvar a la patria. La última vez -que sepamos-, el general Francisco Beca proponía fusilar “a 26 millones de hijos de puta”, al parecer todos ellos españoles, una audaz solución quirúrgica que los jueces se tomaron a broma, quizá porque el general hablaba completamente en serio. Los magistrados explicaron que aquella sugerencia genocida no había sido más que un acto de libertad de expresión manifestado en el ámbito privado, en un chat de espadones para ser precisos. Como mucho, pretendían fusilarnos a todos por correo. Francisco Bendala hizo una propuesta mucho más aséptica en el Centro Cultural de los Ejércitos, más conocido como Casino Militar de Madrid, y los jueces dirán ahora que estaba jugando al Estratego.
Si bien Bendala se llama Francisco, como Beca y como el otro Francisco de cuyo apellido no quiero acordarme, en su descargo podemos decir que se trata de un oficial de Inteligencia retirado. Retirado de la milicia y de la inteligencia, se entiende, aunque no del impulso patriótico de salvar a España. Puesto que la inteligencia militar es a la inteligencia lo que la música militar es a la música, este chusco incidente viene a corroborar que la IA no tiene tanto peligro como la natural, más aún cuando a la natural le vistes unos galones y un uniforme de teniente coronel en la reserva. A esto debía referirse el tercer Francisco cuando decía que España era la reserva espiritual de Occidente.
En realidad, tampoco hace falta vestir uniforme para ponerse a salvar a España. Lo demostró el miércoles la diputada del PP Ana Vázquez, quien esgrimió un bote de gas pimienta en el Congreso que terminó provocando el desalojo de varias zonas del recinto parlamentario y la intoxicación de al menos doce personas. Ella quería mostrarle al ministro Marlaska la situación de indefensión que viven muchas mujeres en Ceuta, así que los diputados todavía tuvieron suerte de que no sacara a la palestra una cacerola de repetición, un cuchillo jamonero o una pistola automática. En el abultado currículum de Ana Vázquez consta que llegó a ingresar en la Academia de Policía de Ávila, una profesión que cambió por su exitosa carrera política, aunque también podía haber triunfado en Loca Academia de Policía 8, MasterChef a la pimienta o Inteligencia Militar en la reserva. Tranquilos, que España está salvada.

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