Opinión
CEO de tu pareja

Por Enrique Aparicio
Periodista cultural y escritor
-Actualizado a
Como a otros tantos miles de personas, el caprichoso algoritmo de Instagram me ofreció hace unos días este vídeo, donde la conocida periodista y escritora Noemí Casquet muestra lo que denomina una "reunión de pareja mensual para tener una relación sana y fuerte". En las imágenes, la divulgadora y su novio se hacen arrumacos y disfrutan de un almuerzo mientras atienden la orden del día, que incluye: estado emocional, estado de la relación, finanzas, viajes y escapadas, vida cotidiana, intimidad, ocio y agendar la próxima reunión.
No estoy familiarizado con el trabajo de Casquet, de la que solo me sonaba el nombre, por lo que en primer lugar tuve que convencerme de que no se trataba de un vídeo de humor a la Pantomima Full. Si así fuera, mi enhorabuena porque me la ha colado. Pero el escalofrío que recorrió mi espalda mientras veía la secuencia me indicaba que no, que esto es literalmente un tutorial que anima a gestionar una pareja como se gestiona una pyme.
Ignoro si se trata de la primera de una serie de formaciones que nos enseñe a hacer de las citas verdaderas entrevistas de trabajo (¿cuál consideras que es tu mayor defecto?, ¿dónde te ves de aquí a cinco años?), a optimizar los ingresos y gastos de la vida cotidiana (croquetas congeladas: un activo imprescindible) o a convertirnos en nuestra mejor versión de pareja posible (un 78% de las discusiones ganadas en el último ejercicio). Desde luego, las posibilidades son infinitas.
Más allá del chiste, este vídeo –del que no dudo de su buena intención y su objetivo de generar un impacto positivo– es una muestra más de hasta qué punto el neoliberalismo ha infectado hasta las más íntimas esferas de la experiencia humana, al menos en las partes privilegiadas del mundo. Nuestra rutina está vampirizada por el convencimiento de que todo en esta vida puede y debe mejorar, y además se nos señala que esa capacidad de mejora depende exclusivamente de nuestro esfuerzo individual, de nuestra fuerza de voluntad y de nuestro sacrificio. No pain, no gain.
La pareja, la familia, los cuidados que nos aplicamos en la cara, los planes de ocio, los tápers que nos llevamos a la oficina, la calidad del sueño, los abdominales, nuestro grupo de amigos. Las redes ofrecen infinitas maneras de perfeccionar cada aspecto de nuestra vida, a través de un bucle infinito de imágenes que se acumulan y que nos aplastan bajo la culpa de no estar haciendo lo suficiente. Y, por lo que sea, esas instrucciones de mejora siempre se parecen a lo que un magnate haría con sus empresas.
El ejemplo del citado vídeo es paradigmático. Por supuesto que toda relación precisa de comunicación, de honestidad y de una voluntad sincera de que el otro esté a gusto y no tenga grandes conflictos con su pareja –o con sus amistades, o con el parentesco que sea–. Encontrar el momento y la forma de discutir ciertas cosas o aprender hasta qué punto podemos exigir algo que queremos son aprendizajes fundamentales, qué duda cabe. Pero vender una plantilla para hacer esto como si hubiera un paquete Adobe de la conexión humana reduce nuestra voluntad a un KPI y nuestros valores a un informe de resultados. Transmuta nuestra personalidad en un perfil de LinkedIn.
Si permitimos que el capitalismo se convierta en el territorio sobre el que desplegamos nuestras relaciones interpersonales, sustituyendo el disfrute por el beneficio, el entendimiento por la negociación, la implicación por los recursos y la satisfacción por un rendimiento que debe crecer, estaremos envenenando lo más íntimo que nos queda. Si nos llevamos las lógicas del trabajo a casa, ¿cuánto de nosotros quedará en una convivencia transformada en un team bulding?
El hecho de convertir en familia a personas que no formaban parte de la que nos ha tocado, sean amigos o pareja, es o debería ser una de las pocas acciones verdaderamente anticapitalistas que todavía podemos permitirnos. Porque el cariño sincero a otra persona significa dedicación, esfuerzo, gastos, tiempo y muchos cuidados que no buscan otro objetivo que el de generar y mantener esa conexión. Escudriñar las relaciones como un capital del que se espera rentabilidad es lo más deshumanizador que se me ocurre.
Mis mejores deseos para Noemí Casquet y su pareja, por supuesto. Espero que, si a ellos les funciona de verdad este sistema, lo puedan mantener durante muchos años. Pero si ya hace mucho que levantamos una ceja cuando nos encontramos con aquello de "esta empresa es como una familia", cómo no echar a correr ante la idea de comenzar a escuchar "esta familia es como una empresa".
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