Opinión
Desde China: ideas, futuros y una serpiente blanca

Por Marga Ferré
Presidenta de Transform Europe
-Actualizado a
Escribo estas líneas desde la bella ciudad de Hangzhou, en el este de China, en un día lluvioso y a orillas del Lago del Oeste, un lugar mítico en la cultura china por albergar la leyenda de la Serpiente Blanca, que luego les cuento. Llego aquí desde Pekín, donde la Academia China de Ciencias Sociales me hizo el honor de invitarme a participar en el Foro del Socialismo Mundial. Lo que allí debatimos excede la intención de este artículo, pero les apunto que lo hicimos sobre gobernanza global, desarrollo y desigualdad, planificación, cooperación y mucho Sur Global.
Hace tiempo que quiero escribir sobre China, harta de que los medios no lo hagan (como si no existiera, como si no fuera el principal socio comercial de España) o solo con noticias negativas, pueriles, falsas o tergiversadas, insultando, no a los chinos, sino a nuestra inteligencia. Es un país que está cambiado el mundo, pero no hables con ellos, son diferentes, son extraños, son comunistas, no son como nosotros... Quienes así nos imponen me recuerdan al monje malvado de la leyenda que les mencioné.
Ésta cuenta la historia de un ser sobrenatural, una serpiente blanca que habitaba el lago en el que hoy veo mi reflejo. Se transformó en mujer y se enamoró de un hombre corriente. Ella es Bai Suzhen y él Xiao Qing; se casaron y tenían una vida normal. Pero un monje dogmático se negó a aceptar el amor entre diferentes e hizo todo lo posible para separarlos. Después de muchos obstáculos y penalidades, la pareja triunfa. Es la historia de un amor prohibido, donde Bai Suzhen es víctima de un mundo que no acepta la unión entre humanos y seres sobrenaturales, una metáfora sobre la lucha entre el orden (representado por el monje) y la libertad (representada por la valiente pareja) que me lleva a pensar, buscando con la mirada la serpiente en el lago, en por qué no pueden amarse los diferentes, por qué no pueden dialogar culturas distintas.
Defiendo que China es una conversación pendiente y que el aprendizaje mutuo y la cooperación (conceptos que oigo constantemente en los seminarios chinos) son el antídoto a los monjes intolerantes. En esa conversación les propongo redibujar algunos conceptos sobre los que China tiene otra mirada, porque me parecen interesantes: me refiero al futuro, la modernización y el Sur Global.
Futuro
Desde un Occidente encerrado en el presentismo constante (parece no haber un futuro diferente al presente tal como es) se nos plantea la idea del futuro como un riesgo a temer, casi amenazante (viviremos peor, habrá guerras, el cambio climático no se puede parar, los fascismos tampoco…), un futuro con sesgo negativo que oprime la capacidad de imaginar futuros diferentes, como si cierto pesimismo o derrotismo contaminasen le ambiente. Quizá por ello me llamó tanto la atención que en China hablen constantemente del futuro como algo positivo, como una meta a construir para una vida mejor. Las palabras que conforman su imaginario son tecnología, innovación, sostenibilidad, desarrollo y cooperación. Imaginan (y construyen) las ciudades del futuro combinando de forma orgánica estos elementos y el resultado es impresionante.
Me cuenta una joven investigadora, paseando por una de sus deslumbrantes ciudades, que se ha producido un cambio significativo en la sociedad china, especialmente en los jóvenes: ya no admiran Europa o EEUU como antes, los desarrollos del país en la última década hacen que piensen que China está más avanzada y no les falta razón. Los que viajan se sorprenden de lo viejas que son las infraestructuras en Europa o de la enorme desigualdad de EEUU. Para ellos, China es cool: infraestructuras modernas, tecnología avanzada y accesible, seguridad y un nivel de vida bueno y en ascenso en un lugar donde se habla del futuro con optimismo, como parte ordinaria de la conversación.
Modernización
El país tiene muchos problemas (desafíos dirían ellos) pero la mirada no es derrotista. Hoy China tiene una renta per cápita de 13.000 dólares. Hace años se propusieron elevarla a 30.000 dólares en 2050. Hoy han adelantado esa fecha 15 años. Saben que su desarrollo es desequilibrado y me cuentan que ese es el reto tras eliminar la pobreza extrema del país, disminuir las tres brechas: de ingreso, de lo rural y lo urbano y entre grupos sociales. Eso no me parece nuevo, pero sí cómo hacerlo, es decir, su nuevo concepto de modernización.
Estuve en un seminario en la Universidad de Zhejiang (la de los creadores de DeepSeek) y tras visitarla no tengo dudas de que una de las causas de desarrollo tecnológico de China está en la enorme inversión en sus universidades públicas (el 95% de las universidades son publicas). Me contaba un profesor que hace 20 años no tenían ni aire acondicionado y que hoy son la 49º mejor universidad del mundo. Promueven las start-ups o investigaciones desde la universidad: si la idea funciona, las apoyan en laboratorios de proyectos. En el centro de esta ciudad hay un hub tecnológico con 71 plataformas tecnológicas "cultivándose". Si el proyecto es viable, tendrán apoyo para desarrollarlo.
Una profesora de la misma universidad lo definía como "ecosistemas de innovación", la idea de romper barreras entre disciplinas y sectores e incluso países, ya que ningún país se puede innovar solo; en este ecosistema coexisten la agricultura, la industria y lo digital. Saben que la tecnología digital puede ser la primera fuerza productiva y que ésta libera los métodos planificados y crea un nuevo paradigma de modernización. No sé a ustedes, pero a mí son debates que me encantaría tener en España.
Tienen megaciudades y, sin embargo, me resultan más silenciosas. Es por el uso de coches y motos eléctricos. Estoy por abrir una causa penal a la patronal automovilística europea por impedir el desarrollo de los coches eléctricos o que compremos los chinos; han llenado nuestras ciudades de coches enormes, caros, ineficientes y contaminantes porque el dogma neoliberal dicta que son los mercados y no los gobiernos (ni la UE) quienes deciden qué producir. Y esa es la clave, parte de esa conversación pendiente.
Un mundo más grande
Desde China observo que el mundo se ve desde otro lugar; dan por hecho que el multilateralismo es ya una condición de nuestro tiempo. Viniendo de la vieja Europa, rebajo el optimismo, pero sí acepto que es una posibilidad de nuestro tiempo. Desde su mirada, se sienten parte orgullosa del emergente Sur Global.
Habiendo disfrutado de un trocito de su enorme cultura y paisajes, siento que a China le falta comunicación con el resto del mundo, y a España y a Europa muchísimo conocimiento de lo que allí acontece, de lo que es. Pero, más allá, creo que abrir la conversación con China puede ayudarnos a combatir ese "no hay futuro" que impregna la política occidental. Por ello defiendo el conocimiento y la cooperación desde un país, España, que puede hacerlo sin prejuicios, con independencia y desde el beneficio mutuo.
Por lo que sea, me parece mejor que las imposiciones arancelarias de Trump y las militares de la OTAN como única forma de estar en el mundo. Si los 800.000 millones de euros que la UE se va a gastar en armamento se invirtieran en universidades públicas, ¿no les parece que el futuro sería un lugar menos oscuro?
Con esta idea en mente, levanto la mirada al lago y pienso en la Serpiente Blanca, esa mujer valiente que rompió las reglas de su tiempo. La imagino escuchando mis pensamientos y creo que me sonríe.
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