Opinión
Cinco años sin Chato: ¡Aquí no se rinde nadie!

El 28 de marzo se han cumplido cinco años de la pérdida de nuestro querido y admirado compañero Chato Galante. Recibimos esa durísima noticia en mitad del confinamiento por la COVID19. Fue un mazazo.
Chato Galante era uno de los fundadores e impulsores de la lucha contra la impunidad de los crímenes del franquismo, de la fundación de La Comuna, asociación de presxs y represaliadxs por la dictadura franquista, así como de la Coordinadora Estatal de Apoyo a la Querella Argentina (CEAQUA). Tenía un largo bagaje como activista político y social desde su juventud, era un auténtico luchador, con mayúscu-las, de los que dejan huella, de los imprescindibles. Decenas de personas manifestaron su pesar por su desaparición.
Aún hoy, se le sigue nombrando y recordando. Aún hoy le seguimos echando mucho de menos, su fuer-za, su compromiso, su capacidad.
Con motivo del quinto aniversario de su fallecimiento, rescatamos este artículo publicado en la revista conmemorativa del X Aniversario de la fundación de La Comuna:
Chato Galante, impulsor de la lucha contra la impunidad del franquismo
En este artículo no queremos destacar las bondades de Chato de las que tanto ya se ha escrito, sino des-tacar su figura de luchador incansable en cuya esencia no cabía la derrota.
El objetivo de la batalla era poner fin a la impunidad de los crímenes contra la humanidad del franquis-mo y conseguir el acceso a la justicia de todas aquellas personas que sufrieron estos crímenes. Su princi-pal arma: la tenacidad y el compromiso. Sus estrategias: la vía jurídica, política y social. Su visión era clara: “Este país no será una democracia como es debido hasta que eso no se haya solucionado. Y no se habrá solucionado mientras siga habiendo un solo cuerpo en una cuneta, mientras no haya justicia para todas las víctimas de esa dictadura, porque sin justicia no hay verdad. Sin justicia no hay reparación. Mi primera y única reparación es que se haga justicia (…)”.
Chato empezó la vía judicial en Argentina uniéndose a su incansable amigo Carlos Slepoy. Tenían claro que el muro de impunidad en España solo podría empezar a romperse desde la justicia de otro país. Sin embargo, para que la querella argentina se convirtiera en una herramienta judicial eficaz necesitaba un verdadero respaldo social y político. Empezó entonces una ingente labor de sumar a víctimas, entidades, movimientos sociales, ayuntamientos, que se fueron uniendo a la causa hasta llegar a más de mil personas e instituciones vinculadas.
Se han conseguido grandes hitos como la imputación, en el año 2014, de veinte personas, entre las que se encontraban otros ex ministros franquistas, policías, jueces y un médico, por crímenes contra la humanidad o el procesamiento de Rodolfo Martín Villa, hace tan solo unos meses.
A pesar de estos logros en la querella Argentina, Chato tenía la firme convicción de que estos crímenes debían ser juzgados en el Estado español y que el principal obstáculo no era judicial sino político. Se impulsan así diferentes acciones judiciales como la presentación de querella individuales y las querellas de los ayuntamientos en los tribunales españoles. Pero seguía siendo imprescindible el apoyo social y político en esta batalla.
Con este objetivo promueve la creación de un intergrupo sobre memoria y derechos humanos en el Parlamento español desde el cual desarrollar las iniciativas legislativas necesarias para acabar con la impunidad y un intergrupo en el Parlamento europeo para trasladar a Europa esta vergonzosa situación. Con su tenacidad, logró traer al Relator especial de Naciones Unidas para la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición, Fabián Salvioli, al Congreso de los Diputados donde dejó claro que la impunidad continúa porque no hay voluntad política.
Chato consideraba necesaria la movilización social no delimitándose al memorialismo sino uniendo en la batalla a los sindicatos, a los diferentes movimientos sociales como el ecologísta, feminista, vecinal o de derechos humanos y a las universidades. Comunicador nato podías caer en sus redes por su relato cercano, sincero y su sonrisa o derrumbarte ante un discurso duro y un dedo índice amenazante. Esto le llevó a tener grandes compañeros en la batalla.
Además de la movilización social quería poner fin al silencio y al olvido impuesto en la sociedad españo-la. Tuvo el privilegio de contar con el documental “El Silencio de Otros”, de Almudena Carracedo y Rober Bahar, como herramienta para transmitir la importancia de luchar contra la impunidad en el presen-te, mirando el pasado, por un futuro. Ha servido de escaparate con millones de visualizaciones, charlas en centros educativos, y su proyección desde las sedes de Naciones Unidas hasta el último centro social ocupado.
En la Asamblea de La Comuna de febrero de 2020, la estrategia era clara: unirnos con todos los movimientos posibles para conseguir que la calle fuera un clamor, como en Argentina, y llevar ante los tribunales a los culpables de delitos de lesa humanidad.
El fallecimiento de Chato refuerza esta estrategia. Ahora, el trabajo que desplegaba solo una persona la asumimos entre 10 pero con la misma convicción y tenacidad y con la misma firme convicción de que unidos llegaremos a la victoria final: judicial, política y social.
Necesariamente terminamos con su frase “Aquí no se rinde nadie”.

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