Opinión
Cinco enseñanzas para el municipalismo de la victoria de Die Linke en Berlín

Por Pablo Castaño
Periodista y profesor de Ciencia Política en la UAB
La victoria de Die Linke en las elecciones de Berlín ha despertado la esperanza de las izquierdas europeas y encierra algunas enseñanzas útiles más allá de las fronteras alemanas. Berlín no es Alemania, y sería imprudente extrapolar el esta votación al conjunto del país. Sin embargo, del gran resultado obtenido por Elif Eralp sí se pueden extraer al menos cinco lecciones aplicables en otras ciudades europeas... que a menudo coinciden con las de la campaña de Zohran Mamdani.
1. Un discurso antiestablishment centrado en temas materiales. Todo el mundo en Berlín conoce el principal objetivo de Eralp: expropiar las más de 200.000 viviendas que poseen grandes empresas privadas en la ciudad, como votó la ciudadanía berlinesa en referéndum hace cinco años. Su campaña –como la de Mamdani– se ha centrado en un número limitado de temas relacionados con las condiciones materiales de la población, básicamente vivienda y coste de la vida. En una ciudad donde más del 80 por ciento de los residentes viven de alquiler, el principal lema de Die Linke ha sido “Hacer Berlín asequible”, con un discurso antiestablishment que le ha quitado a la ultraderecha el monopolio de la representación de los votantes que están indignados con la élite política tradicional. La decisión de centrar el discurso en pocos temas contrasta con la tendencia de las izquierdas a intentar explicar listas interminables de medidas, confundiendo programa de gobierno con comunicación.
2. Equilibro entre la calle y las redes sociales. El crecimiento de la ultraderecha en las redes sociales ha instalado en parte de la izquierda la idea de que las elecciones se ganan básicamente en Internet. Sin embargo, tanto la campaña de Mamdani en Nueva York como la de Eralp en Berlín han destacado por un equilibrio entre los dos terrenos de juego. En la capital alemana, más de 2000 voluntarios de Die Linke llamaron a más de 140.000 puertas, a la vez que el partido reforzaba su estrategia digital. La portavoz de Democratic Socialists en Nueva York, Grace Mausser, afirma que el ‘puerta a puerta’ o llamar por teléfono a los votantes “es la manera más convincente de hacer persuasión política”. Algunas de estas tácticas pueden ser más difíciles de llevar a cabo en España, pero ningún vídeo de Tik Tok puede sustituir la presencia masiva en la calle y el contacto directo con el electorado.
3. No ceder un ápice al discurso racista ni poner en el centro los temas de la ultraderecha. Die Linke ha ganado en Berlín mientras las encuestas nacionales colocan a AfD como la fuerza más votada y su discurso xenófobo ha contagiado a los grandes partidos. Eralp es hija de refugiados turcos y una activista por los derechos de las personas migrantes, que defiende abiertamente la diversidad cultural como una riqueza. Al contrario que su ex compañera de partido, Sahra Wagenknecht –que se ha quedado fuera del parlamento berlinés y se dispone a darle el gobierno de Sajonia-Anhalt a AfD– Eralp no ha hecho ni una concesión al racismo que inunda la política alemana. Al contrario. Y, al mismo tiempo, no ha dedicado la campaña a confrontar AfD, sino a hablar de los temas materiales que unen a las clases populares berlinesas más allá del origen o la religión. En esto también coincide con el musulmán Mamdani, que defiende un mensaje abiertamente antirracista y multicultural mientras centra sus energías en los temas materiales que atenazan a los neoyorquinos, sin permitir que la ultraderecha trumpista le arrastre a una discusión eterna sobre inmigración donde la izquierda no tiene nada que ganar. Podrían aprender algunos grupúsculos autodefinidos como izquierdistas, más interesados por el debate venenoso de la demografía y la identidad que por la vivienda y el coste de la vida.
4. Un partido útil más allá de las elecciones. Die Linke no ha aparecido en la vida de los berlineses unas semanas antes de las elecciones, sino que, desde hace meses, el partido ha convertido sus sedes en oficinas donde se ayuda a la gente revisando sus facturas de calefacción o sus contratos de alquiler. La iniciativa recuerda a Mamdani pero también a las campañas de La Francia Insumisa para ayudar a la población a solicitar las prestaciones sociales a las que tienen derecho. Una iniciativa que ha sido clave para la implantación del partido de Jean-Luc Mélenchon en los barrios populares, y que los partidos municipales españoles harían bien en imitar cuanto antes.
5. Activar a los abstencionistas. Los estrategas de los partidos a menudo se obsesionan con las llamadas “fronteras de voto”, es decir, los sectores de electores de otros partidos que, en teoría, es más factible atraer. Bajo esta premisa, los spin doctors intentan construir el discurso exacto que permita seducir a un grupo (por ejemplo, votantes del PSOE/PSC) sin perder a otros (electores fieles de la izquierda alternativa). Die Linke ha atraído a decenas de miles de votantes decepcionados con el Partido Socialdemócrata y Los Verdes, pero, sobre todo, ha sido el partido que más abstencionistas ha captado (75.000 frente a los 65.000 de AfD). Como consecuencia, la participación en Berlín ha subido más de diez puntos desde las últimas elecciones, del 62,9% al 74,2%. En las elecciones municipales de 2023 en España, solo votó el 63,9% del electorado. Es decir, más de 12 millones de electores no votaron. Mamdani, Eralp y también Mélenchon –que está creciendo entre jóvenes y sectores populares, los dos grupos que más se abstienen normalmente– deben buena parte de su éxito a mirar más allá de los votantes habituales, con campañas capaces de atraer personas que no confían en los partidos tradicionales. La alternativa es centrarse en rascar votos a otros partidos y dejar a la ultraderecha el campo libre para que movilice a los abstencionistas.

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