Opinión
El cinismo de los señores de la IA

Por David Bollero
Periodista
A estas alturas, es muy probable que hayan oído hablar de la polémica suscitada entre la empresa de Inteligencia Artificial (IA) Anthropic y la Administración Trump. El resumen preliminar es sencillo: Anthropic se ha negado a aceptar que su IA se pueda utilizar para vigilancia masiva de estadounidenses o para los llamados ‘robots asesinos’, esto es, las armas autónomas letales, y la Casa Blanca ha respondido cancelando contratos millonarios con el Pentágono y prohibiendo que tanto el Ejército como los contratistas utilicen su tecnología. Ese es el sumario básico, pero hay mucho más.
Vayamos por partes. Anthropic surge 2001 como una escisión de OpenAI, la empresa creadora del popular ChatGPT. Varios ejecutivos salieron por la puerta de atrás, entre otras cosas, por el modo en que concebían el desarrollo y la aplicación de la IA. Entre estos fundadores de Anthropic se encontraba Darío Amodei, ahora CEO de la compañía, si bien en el pasado fue uno de los artífices de la ingeniería que se esconde bajo el capó de ChatGPT.
EEUU e Israel no había iniciado aún su guerra ilegal en Irán cuando estalló el escándalo. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, conocido ultra que llegó al Pentágono directo desde la cadena Fox, puso el grito en el cielo ante las dos cláusulas que quería introducir Amodei en su contrato con el Ejército. Tal fue el enfado de Hegseth, que quiso prohibir el uso general de Anthropic en toda la Administración estadounidense, usando una ley de la Guerra Fría.
Finalmente, la Casa Blanca ha declarado a Anthropic un riesgo para la cadena de suministro y, por tanto, una potencial amenaza para la seguridad nacional, por lo que ha dado un plazo de seis meses para que el Ejército prescinda de Claude, que es el modelo de IA de la compañía. La medida no sólo afecta a los contratos directos con Anthropic, sino también a los suscritos con grandes tecnológicas que lo utilizan, desde Amazon a Microsoft, pasando por Google u Oracle.
Esto sucede porque, a pesar de que en la sociedad de consumo es mucho más conocida OpenAI y su ChatGPT o el Gemini de Google, lo cierto es que Claude está muy implantando en el ámbito corporativo y gubernamental, a tal punto que en el mercado empresarial disfruta de una cuota del mercado del 40%. Huelga decir el revuelo que ha generado la medida en Silicon Valley, con el poder que éste tiene en política… Sus equipos legales rápidamente se han apresurado a desactivar los planes de Hegseth de prohibir el uso de Anthropic en iniciativas civiles, donde continuarán utilizándolo. No obstante, organismos federales como el departamento del Tesoro o el de Salud ya han avanzado su adiós a Claude.
Se avecinan meses complicados en el Ejército, porque Claude es muy transversal, está muy implantado y las alternativas son mucho menos fiables. Grok, de la compañía xAI de Elon Musk, recibió la autorización para trabajar con el Pentágono a principios de este año, pero si su moralidad es más que dudosa, su efectividad también deja mucho que desear tras haber confundido el impacto de un misil en Beirut con las Fallas de València. En cuanto a la otra alternativa, el modelo de OpenAI, tampoco está todavía en condiciones de implantarse en sistemas militares, aunque tenga pretensiones de extender sus tentáculos a la OTAN. Con todo, el mismo día que estallaba el escándalo su oportunista CEO, Sam Altman, firmaba con el Pentágono.
Trump ha vuelto a retorcer la ley a su antojo, como ya hiciera con sus aranceles según el mismo Tribunal Supremo de EEUU. Por eso Amodei no ha dudado en acudir a los tribunales para recurrir su calificación como riesgo para la cadena de suministro, pues la ley invocada para ello se concibió para aplicarla a empresas extranjeras de las que se duda, por ejemplo, que se implanten en la infraestructura tecnológica para espiar.
La jugada de Trump ha provocado duras críticas, no sólo en la oposición demócrata, sino también entre republicanos confesos, expertos militares que no ven la tecnología madura para aplicarla a los robots asesinos y la industria tecnológica, destacando, incluso, la dimisión de la responsable de robótica de OpenAI tras la firma del contrato con el Pentágono.
A nadie se escapa que Amodei y Trump llevan chocando desde hace mucho tiempo por cuestiones ajenas a la tecnología. A ojos del republicano, Anthropic representa una IA woke, mientras que OpenAI es más MAGA (Make America Great Again); de hecho, su presidente donó 25 millones de dólares a la última campaña de Trump. Hay quienes desean posicionar a Amodei como el exponente de la IA ética, pero en el mundo de los ciegos, el tuerto es rey.
Si bien es cierto que el CEO de Anthropic ha alertado en múltiples ocasiones de los riesgos de la IA, es una de las personas que más ha favorecido su desarrollo y expansión desenfrenadas, tal y como reflejó la revista Time el pasado mes de diciembre al incluirlo en su portada como uno de los grandes arquitectos de la IA. Amodei quiere nadar y guardar la ropa, pero eso es imposible. El año pasado ya contamos cómo este director general, muy dado a escribir ensayos, afirmaba en uno de ellos que "lamentablemente, no veo ninguna razón sólida para creer que la IA promoverá de forma preferencial o estructural la democracia y la paz".
Amodei, este adalid de la IA ética, que muchos ensalzan y que ha plantado cara ahora a los desvaríos de Trump, es el mismo que el año pasado, en un comunicado interno de la compañía admitió que se abría a aceptar financiación de países como Emiratos Árabes o Catar, asumiendo que eso probablemente enriquecería a "dictadores". El CEO de Anthropic quiso justificar sus pretensiones añadiendo que "lamentablemente, creo que el principio de 'ninguna persona mala debería beneficiarse de nuestro éxito' es bastante difícil de sostener para dirigir una empresa".
Lo dicho, estos señores de la IA –porque, además, es clamorosa la ausencia de mujeres-, ni son tan buenos y sí, en líneas generales, son muy malos… o al menos cínicos.

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