Opinión
Clavijo y los malditos roedores

Por David Torres
Escritor
Si usted es lo bastante viejo como yo, quizá lo primero que le venga a la cabeza al pensar en el presidente de Canarias, Fernando Clavijo, buscando información sobre la capacidad natatoria de las ratas, es el grito de guerra del Gato Jinx contra Pixie y Dixie: "¡Malditos roedores!". Para ser exactos, hay que oírlo en andaluz, con el rotacismo de las líquidas y las sibilantes finales aspiradas (¡Marditoh roedoreh!) y, de hecho, ahora mismo estoy oyendo en la cabeza a mi padre, que era sevillano de nacimiento y granadino de adopción, y se partía de risa con los dibujos animados del Gato Jinx. No sé si la corrección política de hoy día dejaría pasar esos falsos acentos andaluces, caribeños y mexicanos, pero en mi cabeza también estoy oyendo a Clavijo tecleando ante el ordenador y bufando con acento canario salpicado de andaluz o viceversa: "¡Odio a muerte a los roedores!".
Puesto que no se fiaba de los informes oficiales -técnicos y sanitarios- publicados sobre el hantavirus, ni tampoco del dictamen de los epidemiólogos e inmunólogos nacionales y extranjeros, Clavijo consultó con una IA, que es lo mejor que uno puede hacer a la hora de zanjar discusiones. Para qué querrás estudiar medicina siete años o tirarte media vida masturbando microscopios cuando una IA te soluciona la papeleta en tres minutos. A pesar de que fallan más que una escopeta de feria, ya hay un montón de gente que se ha quedado sin trabajo gracias a estas herramientas informáticas, aunque es una lástima que todavía no hayan alcanzado su desarrollo laboral óptimo, sustituyendo a alcaldes, ministros, presidentes autonómicos y de los otros. A lo mejor con una IA, asesorada por un consejo de tostadoras y cafeteras, nos iba mejor que con Sánchez, Ayuso, Mazón y Clavijo. No sé, lo mismo habría que preguntárselo a la IA.
El caso es que, un poco por reírme y otro poco por pasar el rato, le he preguntado a la IA por las cuestiones que le preguntó Clavijo el fin de semana a otra IA y me ha respondido que el hombre no tiene ni puta idea de lo que habla. Con mucha educación, eso sí, porque la IA otra cosa no, pero educada es un rato largo. Su respuesta exacta fue: "Las dudas del presidente de Canarias, Fernando Clavijo, sobre los roedores acuáticos y el hantavirus carecían de base científica y fueron desmentidas por el Ministerio de Sanidad". Luego comentó que su afirmación de que las ratas son capaces de nadar incluso tres días carece de sentido, puesto que, en primer lugar, no se trata del mismo roedor que transmite el hantavirus y, en segundo lugar, aunque pueda flotar mucho tiempo en una frasca de agua templada, una rata difícilmente sobreviviría más allá de quince minutos chapoteando en alta mar.
Por otra parte, la principal dificultad técnica que no tuvo en cuenta Clavijo es que, según confirmaron las inspecciones sanitarias, a bordo del MV Hondius no hay ratas, ni de una clase ni de otra, sino seres humanos. Sin embargo, aunque lo parezcan, los pasajeros de un crucero de lujo no pertenecen exactamente a la misma especie que los pasajeros de una patera: no hay más que ver el tratamiento mediático y político de la noticia. Unos vienen de practicar turismo de aventura en la Patagonia y otros vienen haciendo turismo de supervivencia desde donde sea, huyendo de guerras, masacres, genocidios y persecuciones religiosas. Unos traen la incógnita de una enfermedad mortal con la posibilidad remota de mutar en virus pandémico y otros traen toda clase de incógnitas, aparte de enfermedades no contagiosas como la pobreza y la miseria. Cuando uno oye hablar de plagas y ratas, resulta inevitable recordar el final de La peste de Camus:
"Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa".
Sin embargo, con un Clavijo a los mandos, resulta más consecuente evocar el grito de guerra del Gato Jinx: "¡Malditos roedores! ¡Odio a los ratones con toda mi alma!". En andaluz, gracias.
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