Opinión
Confiad en Feijóo

Por Anibal Malvar
Periodista
Tras el fiasco del Frente Amplio, con Izquierda Unida boicoteando acuerdos provinciales ya pactados con Podemos a última hora, el votante de izquierdas ya solo puede confiar en Alberto Núñez-Feijóo. Concretamente, en su enorme capacidad para hacerse la oposición a sí mismo. El gallego tiene alma de ciempiés. Solo así se explica que pueda meter tanto la pata.
En las pasadas elecciones, lejanísimo ya 2023, intentó colarle a Silvia Intxaurrondo, en memorable coloquio, que el gobierno de Mariano Rajoy había subido las pensiones por encima del IPC un montón de veces. Aquella entrevista está siendo muy reproducida estos días por los impertinentes tuiteros de las distintas redes sociales. Yo la miro una y otra vez, y en cada ocasión me convenzo más de que Feijóo se creía lo que estaba diciendo. Que había interiorizado sus propias mentiras hasta confundirlas con la realidad. Su gesto de estupefacción y sorpresa frente a los datos objetivos que desgranaba la periodista ante sus rotundas y marciales narices doradas no era simulado. Era el de un terraplanista desconcertado por el hecho de que los océanos no desagüen por los márgenes del planeta.
Ahora Vox, consciente de que intelectivamente el PP es su caniche faldero, ha vuelto a sacar el tema de las pensiones, sabedor de que el ciempiés volverá a meter la pata. José María Figaredo, secretario general de Vox en el Congreso y a la sazón sobrino del pepero condenado por corrupción Rodrigo Rato, blandió el palo con la longaniza: "El sistema de pensiones es un zombi. Lo han quebrado". Ítem más: "Llegará el punto en que las pensiones sean impagables".
Como no podía ser de otra manera, el PP entró al trapo y Feijóo sacó a su vicesecretario de Economía, Juan Bravo, a señalar que "el sistema de pensiones es viable si tenemos la economía adecuada". Ya sabemos por larga experiencia lo que significa economía adecuada para el PP: una donde los banqueros y oligarcas se puedan seguir forrando (extensible al PSOE). Lo vimos con el rescate de la banca, cuando Luis de Guindos nos prometió que no le iba a costar ni un duro a los españoles, y era cierto: lo pagamos en decenas de miles de millones de euros, no en duros.
Vox sabe que no pierde nada amenazando a los pensionistas. Nuestra ultra de la ultra colecta pocos votos entre los mayores. Esos que, aun siendo conservadores, vivieron el franquismo y sus inhumanidades. Vox apela al voto joven, donde es mayoritario. Entre esos chavales y chavalas que creen que, quitándole las pensiones a sus abuelos, vivirán mejor. El otro día a un reportero se le ocurrió preguntar a unos universitarios de Vox que se manifestaban en apoyo a Ceuta que dónde estaba Ceuta: ninguno supo responder. Eso sí, se reían mucho de su propia ignorancia.
Las torpezas del ciempiés y su equipo directivo empiezan a preocupar incluso a su brunete mediática. Eduardo Inda, esta misma semana, bramaba en los platós para que el PP se quedara callado con la pensiones. "Insisto: que se callen con las pensiones en el PP. Que hablen el día 30 de noviembre, el primero de diciembre, el 10 de enero, cuando ya estén formando gobierno. Pero antes, por favor, que estén callados. Tienes que ser franco hace ocho meses, pero ahora cállate con las pensiones, que es un tema sensible. ¡Que son diez millones y medio de personas con sus diferentes familias!", se desesperaba.
Va a ser esta una campaña electoral bastante enfermiza. PP y Vox se preparan para enfrentarse más entre sí que contra el sanchismo, al que dan por muerto. En la izquierda, me temo que el PSOE intentará ningunear el Frente Amplio y el Frente Amplio aniquilar a Podemos y a los pujantes partidos de la izquierda nacionalista y/o regionalista. No será una batalla entre bloques, sino intrabloques.
Pero ya digo que siempre nos quedará Feijóo. Ese cerebro impredecible que hace polisémico el significado de materia gris. Disfrutará del Mediterráneo en Huelva, de Andalucía en Badajoz y buscará la cuna y la tumba de Antonio Machado en Soria. Suena triste decirlo, camaradas humanistas, pero nuestra última esperanza para no caer en las garras del fascismo es Alberto Núñez-Feijóo. Hay que cuidarlo, hacerle la pelota desde los medios de izquierdas, ponerle un pisito si hace falta, aunque ya tenga varios. Pero, de aquí al 29N, va a ser sin duda el mayor activo de la izquierda. Que los ángeles agnósticos lo cuiden.
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