Opinión
Sin consentimiento no es perreo

Periodista
Piden dos años de cárcel para un joven por agresión sexual tras un 'perreo' sin consentimiento en una discoteca de Valencia. Se publica este titular y el machismo sale a relucir en redes. Brotan los que se retratan solos: "ya no se puede hacer nada", "todo es delito", "te pueden arruinar la vida por un baile", "ya no se puede ligar"... Aquí, los datos. Ocurrió de madrugada en una discoteca de Mislata. Dos cosas importantes, según el Ministerio Fiscal. Uno, él no conocía a la mujer de nada. Dos, él se acercó a la pista de baile donde ella está con unos amigos y, "con ánimo libidinoso", la cogió de espaldas por sorpresa de las caderas, atrayéndola con fuerza hacia él, "rozando sus genitales a través del pantalón con las nalgas de ella". Así queda relatado. El acusado, cómo no, dice que todo fue consentido.
Expuestos los datos… unos detalles. Uno, el cuerpo de otra persona no es tuyo. Punto. No lo es en una biblioteca, ni en la calle… ni en una discoteca.
Dos. La clave es el consentimiento. Y no es suponer, ni interpretar, ni "esto en estos sitios es así". Consentir es que la otra persona quiera participar. De forma clara. Si no lo sabes, no lo tienes.
Tres. No somos muñecas hinchables. Somos personas. Este es el reflejo de años de educación con la idea de que el cuerpo de las mujeres está disponible, de que se puede invadir o tocar sin consecuencias. Esa deshumanización, vernos como objetos o muñecas, es lo que permite que alguien se acerque a una desconocida para restregarse, con esa idea de que estamos como "parte del ambiente". No ven a una persona con límites, con voluntad, con derecho a decidir.
Cuatro. Se ha normalizado que en contextos de fiesta, alcohol o música, los límites son otros. Ese mensaje de "aguanta, porque es lo que hay". Pues bien… hombres enfadados con la noticia, hagamos un pequeño ejercicio. Imagina que estás en un concierto y uno, sin mediar palabra, se pega por detrás y empieza a restregarse contigo. Imagina que estás de fiesta con amigos y un tío que ni conoces te la pega por detrás. Imagina que estás trabajando, por ejemplo firmando libros, y alguien aprovecha para acercarse y hacer ese gesto. Imagina que estás en el gimnasio descansando un rato con tu música, y uno se te pega y te restriega. ¿No lo verías como una invasión a tu intimidad? ¿No pensarías que ha cruzado una línea? La mayoría de la gente honesta diría que sí. ¿Por qué cuesta tanto verlo igual cuando quien lo sufre es una mujer en una discoteca? Quizás, porque nunca lo has vivido y porque sabes que jamás te pasará.
Más allá del debate jurídico o la pena, hay un tema de moral. Un contacto de carácter sexual sin consentimiento resulta violento. Sea como sea. La ley de libertad sexual no nace para perseguir a los hombres. No se prohíbe ligar. No se prohíbe perrear. Se pone un límite muy básico: no invadas el cuerpo de otra persona sin su consentimiento. Y quien vea en eso un problema, debería preguntarse por qué. No vimos venir que habría ofendidos con esto, pero más vale que aprendan de otros hombres no ofendidos y se revisen un poco, por eso de aprender. Nunca es tarde.
El debate real no es si "ya no se puede hacer nada". El debate real es por qué algunos creen que pueden "hacer algo" sin la aceptación de otra persona. No es una guerra contra nadie. Es aprender algo que debería haber estado claro desde siempre: que el cuerpo no es territorio público. Si para divertirte necesitas ignorar el consentimiento, igual el problema no es una ley. Igual el problema eres tú.
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