Opinión
Los cooperantes, embajadores de una política de cooperación comprometida

Ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación de España
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A diario leemos en los medios sobre el deterioro de la situación humanitaria en Gaza, sobre las víctimas del terremoto en Afganistán o sobre cómo la terrible guerra en Sudán sigue dejando sin futuro a millones de personas. Los ciudadanos no son indiferentes a estas injusticias. Tampoco ante el impacto de enfermedades transmisibles como el SIDA, la malaria y la tuberculosis en muchos países en desarrollo, las vulneraciones de los derechos de las mujeres y los obstáculos a su plena participación política, económica y social en todo el mundo o las consecuencias de largo plazo de la emergencia climática en el Sahel y el Cuerno de África. Los españoles no son indiferentes ante este sufrimiento y estos desafíos globales. De hecho, según el Eurobarómetro, la sociedad española es una de las más solidarias de la UE: en 2018, el 94% de los españoles consideraban importante ayudar a las poblaciones de países en desarrollo, frente al 89% de la media de la UE.
España es un país solidario, uno de los más comprometidos del planeta con el desarrollo global, la solidaridad y la cooperación, y eso, como no podía ser de otro modo se refleja en nuestra política exterior. Nuestra cooperación es una política pública central y definitoria de una acción exterior con identidad propia que tiene un gran valor estratégico para proyectar nuestros valores, pero también nuestros intereses en favor de un mundo más estable, más próspero y más seguro. El Gobierno ha hecho de la defensa y refuerzo de la cooperación una de sus prioridades en política exterior. Pero las políticas necesitan ciudadanos que las ejecuten, y en esta política, esas personas son los cooperantes que están al lado de comunidades y personas vulnerables, muchas veces en condiciones difíciles y con riesgo para sus vidas. Hoy, 8 de septiembre, Día de las Personas Cooperantes, rindo homenaje a los españoles y las españolas que son nuestras manos y nuestra voz en rincones remotos del planeta en los que volcamos la solidaridad de los españoles.
La cooperación internacional se encuentra en un momento de enormes desafíos. Asistimos a recortes presupuestarios abruptos de la mayoría de los principales donantes, que están dejando sin esperanza a millones de personas. El sector de la salud global, por ejemplo, está sufriendo una crisis sin precedentes que dejará a millones de niños sin vacunas y a miles de hospitales sin personal sanitario. El resultado: un mundo más inseguro, también para nuestros conciudadanos. La paz tampoco pasa por sus mejores horas con más de 130 conflictos activos. También se están debilitando el multilateralismo y el orden global basado en reglas. Estas circunstancias dificultan, en ocasiones de manera fatal, la labor de nuestros cooperantes y trabajadores humanitarios. Solo el año pasado perdieron la vida 383 de ellos en todo el mundo, casi la mitad en Gaza.
En este contexto, España ha tomado la firme decisión apoyar los avances de la solidaridad global y de continuar progresando. Estamos manteniendo una voz firme y coherente ante la barbarie de Gaza, el sinsentido de una guerra injustificada en injustificable en Ucrania o la tragedia humanitaria de Sudán.
Para ello, llevamos varios años trabajando en una reforma profunda del sistema de la cooperación. En 2023 se aprobó la segunda ley de cooperación de nuestra democracia con el consenso de todos los grupos políticos salvo uno y un proceso altamente participativo con la implicación de todos los actores del sector y el propio colectivo de cooperantes.
En este tiempo hemos avanzado mucho para modernizar nuestra cooperación y situarla a la altura de los retos que afronta la humanidad: la pobreza, el hambre, los conflictos y las necesidades humanitarias, la brecha de género, la salud global la emergencia climática, el cuestionamiento de la democracia y los derechos humanos. También seguimos abanderando las políticas de cooperación feminista, como la defensa de los derechos sexuales reproductivos o nuestro compromiso contra la violencia contra las mujeres. En definitiva, no renunciamos, pese a un contexto precario, a seguir defendiendo y acercando los valores de la sociedad española a las regiones que más lo necesitan.
Con su nuevo Estatuto, la AECID ha mejorado su capacidad para responder a todos estos retos. Hemos reforzado su estructura, mejorado sus capacidades en el ámbito de la acción humanitaria, la cooperación financiera o la construcción de alianzas con otros actores de cooperación. Y hemos incrementado nuestra ayuda oficial al desarrollo hasta superar los 4.000 millones de Euros, con una subida del 12% solo el año pasado.
Pero de forma especial, en aplicación de la ley, se aprobó en julio del año pasado el nuevo Estatuto de las Personas Cooperantes. Con él se refuerzan y mejoran las condiciones de vida laborales de nuestros cooperantes en el exterior. Se actualiza y amplía el marco de aplicación del Estatuto y se amplían y mejoran los derechos de las personas cooperantes, buscando avanzar en sus condiciones laborales, pero también en la mejora de sus condiciones de vida y en la compatibilidad de la condición de persona cooperante con la familia. Desde su aprobación hace un año, se han dado pasos importantes, y se seguirán implementando medidas encaminadas a un objetivo claro: invertir en las personas que trabajan por un mundo más justo desde el terreno.
Ni la reforma de la cooperación española ni los esfuerzos diplomáticos tendrían el impacto que tienen de no ser por los miles de profesionales que nos representan a diario en todo el planeta. Los y las cooperantes españoles son un verdadero orgullo, los héroes de estos tiempos difíciles en los que entre todos tenemos que luchar contra la indiferencia ante barbaridades e injusticias que deben preocuparnos a todos. Desde esta tribuna quiero expresar mi más sincero agradecimiento a su labor y a su valentía, y recordarles que queremos seguir trabajando por mejorar sus condiciones de vida.
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