Opinión
El cotilleo de Mercedes Formica que no le gustaría nada a Pilar Primo de Rivera

Por Andrea Momoitio
Periodista y escritora
Mercedes Formica es una figura peliguada. -Lo sé, lo sé, lo sé. El Ayuntamiento de Cádiz retiró un busto en homenaje a Formica, el Ayuntamiento de Málaga le puso una placa, Manuela Carmena inauguró una calle con su nombre en Madrid. Reivindicada todavía hoy como un icono por muchos militantes de la Falange, su trabajo supuso avances legislativos importantísimos para las mujeres españolas. La reforma, en 1958, tanto el Código Civil como la ley de enjuiciamiento civil, a la que la prensa bautizó como “La reformica”, fue una oportunidad para todas las mujeres que hasta entonces no podían divorciarse.
A partir de la modificación que impulsó Formica, la vivienda familiar dejaba de ser por defecto la vivienda del marido y los jueces podían decretar que fueran ellas quienes se quedasen en la vivienda familiar tras la separación. Formica era católica y apostaba, sin duda, por la idea de familia cristiana, pero había sufrido mucho con el divorcio de sus padres y peleó duro para evitar que otras se vieran en la misma situación que se habían visto ellas. Abogada y escritora, fue una figura clave en la historia jurídica y política del siglo XX en el Estado español.
Formica llegó a una Málaga en la que, en sus palabras, “el otoño parecía primavera”. La vida allí era “deliciosa”: “Todas las tardes, grupos de jóvenes se reunían en los jardínes de La Caleta a tomar el té, acompañados de muffins calientes, bizcochos de pastas –de “tres huevos”, de “dos huevos”, de “ningún huevo”–, galletas fritas al coñac, pan tostado y mantequilla”. El momento no era “brillante” para ninguna familia, pero “la costumbre de recibir no se perdía”. Cuenta que, desde la separación de sus padres, nunca habían sido tan felices como lo fueron en Málaga. Le gustaban sus “noches, colmadas de perfumes –árbol de la pimienta, dondiegos, jazmín–”; “las tapas, servidas a precios increíbles”; “las coquinas, chanquetes, boquerones”; el zuque y el ajo blanco con uvas. Enseguida entró en contacto con la burguesía de la zona. Gracias a la mediación de una tía abuela, conoció a Carmen Werner, que acabaría siendo una de las principales dirigentes de la Sección Femenina en la ciudad. Werner le presentó a sus amigas: Pepa Guille, Nena Hurtado, Blanca Bolín, Alicia Petersens, Victoria y Amalia Bolín. Menuda cuadrilla.
Mercedes Formica estaba ya entusiasmada con Jose Antonio Primo de Rivera, igual que Carmen Werner. No compartieron el mismo punto de vista sobre el papel que debían desempeñar socialmente las mujeres, pero se hicieron buenas amigas: “Carmen sostuvo siempre que se limitaba a la esfera de la familia, mientras yo mantuve que no solo en la familia, sino también en la esfera del derecho público podría realizarse, desempeñado cargos políticos y profesionales, de acuerdo con su vocación, preparación e inteligencia”.
En sus memorias Pequeña historia de ayer, la misma Formica insinúa que Werner pudo haber tenido un idilio con José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange: “El escritor irlandés Ian Gibson, que ha preguntado a tantas personas en su intento -logrado o malogrado- de hacerse con la figura de José Antonio, maltrata por cierta propaganda infernal, olvidó ponerse al habla con esta mujer, que tantas cosas hubiera podido contarle acerca del político y del hombre enamorado”.
- ¡Pillina! Nos deja con toda la curiosidad. Qué tía.
Pilar Primo de Rivera dijo también que su hermano sentía predilección por ella, que estaban muy compenetrados y que fue la destinataria de una de las últimas cartas que envió Jose Antonio desde prisión. Pero, sobre todo, lo que la eterna jefaza tenía claro es que no le gustaban NADA los cotilleos, así que esas declaraciones de Formica no le harían ninguna gracia. En uno de los congresos de la Sección Femenina, Pilar Primo de Rivera quiso detenerse especialmente en eso: “Otra cosa que tiene que estar ausente es el chisme y la murmuración, dos vicios de viejo estilo, que enturbian la calma que debe haber entre afiliadas y, sobre todo, que es una vergüenza entretenerse con estas mezquindades cuando las camaradas y los soldados están entregando la vida entera por cosas tan importantes como la fe religiosa, la unidad de la patria y la revolución”.
Formica participó activamente en la organización que dirigió Pilar Primo de Rivera durante un tiempo, llegando incluso a dirigir la revista Medina. Sin embargo, acabó dimitiendo. En un primer momento alegó motivos de salud, pero acabó confesando que su salida tuvo que ver con discrepancias ideológicas y con las restricciones impuestas por la censura: “Estaban prohibidas referencias a la vida de sociedad, modas y peinados. Tampoco debían emplearse expresiones extranjeras. Cortaban las fotos por dónde les parecía”. Siempre fue indulgente con su pasado y, al menos públicamente, nunca denunció las atrocidades cometidas por la dictadura.
La familia de Carmen Werner ha negado en varias ocasiones que tuviera ninguna relación con el eterno jefe de la Falange.
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