Opinión
Cuarenta años después de aquel 12 de marzo

Fue activista y portavoz de la Comisión Anti-Otan y de la Coordinadora Estatal de Organizaciones Pacifistas
"Continuar en la OTAN nos hace cómplices de la política belicista y agresiva de Reagan en todo el planeta. En la OTAN mandan la Casa Blanca y el Pentágono; Bruselas sólo es la fachada, y EE.UU. la utiliza para mantener dividida y dominada a Europa."
Hace cuatro décadas, antes de la celebración del referéndum para la permanencia de España en la OTAN (¡ojo la papeleta electoral no hablaba ya de la salida prometida por el PSOE!) José Luís Pérez Herrero -desgraciadamente fallecido- y yo mismo afirmábamos de forma contundente el anterior párrafo en el principal diario del momento. En un escrito titulado "Las mentiras del sí" desgranábamos las razones contrarias a la pertenencia en la Alianza Atlántica y la permanencia de las bases norteamericanas en suelo español aceptadas por Franco en 1956. Lo arriba escrito puede describir perfectamente la situación actual si cambiamos la palabra Reagan por la de Trump. Desgraciadamente teníamos razón: hay muchas ocasiones en las que a uno le vendría mejor equivocarse.
La Organización del Tratado del Atlántico Norte concebida por los EE.UU. en 1949 como ariete contra la URSS, y que tuvo como consecuencia años más tarde la creación del Pacto de Varsovia, jugó un papel en varios aspectos. Quienes no estábamos a favor de los bloques y sí a favor de la neutralidad y la disolución de los mismos, desde el primer momento caracterizamos la OTAN como una herramienta imprescindible al servicio del hegemón imperialista, EE.UU. Por un lado, sirvió para unificar y disciplinar políticamente a los principales países capitalistas (incluidos los europeos) según los dictados norteamericanos y en concreto a los del complejo militar industrial en palabras de Eisenhower. Con ello también se aseguró un importante mercado armamentístico y la dependencia de los socios, incluida la del arma nuclear, de las tecnologías americanas. Y, finalmente, jugó, al construir el espantajo del enemigo comunista, un rol de primer orden en la involución, regresión y desarticulación política de los sindicatos y principales partidos socialistas.
Años más tarde la afirmación de la frase inicial de este artículo "cómplices de la política belicista y agresiva en todo el planeta" adquiere todo su sentido pues -algo que no todos veían- la operación no iba a circunscribirse al ámbito europeo y del norte de América, sino a los cuatro puntos cardinales del globo. Muerta la URSS y el Pacto de Varsovia, la OTAN no desaparece sino que se reafirma. Buena prueba de ello son, por ejemplo, las intervenciones en lugares como Afganistán o su incesante ampliación incorporando países del antiguo glacis soviético hasta llegar a las fronteras de Rusia. O ampliando, a conveniencia del programa estratégico de los EE.UU., los peligros potenciales para la humanidad. Como es el caso en ese momento bajo administración demócrata, la Cumbre de Madrid de 2022 ya señala como ámbito de actuación el Mar de China y como enemigo a la propia China. O sea, a un rival imperialista en ascenso que amenaza la hegemonía de un imperialismo en lento pero inexorable proceso de decadencia. La OTAN había mutado de nuevo para seguir existiendo.
El trumpismo es la expresión más acabada, grosera, brutal y autoritaria del intento por parte de la Casa Blanca de revertir ese proceso. Y precisamente en este momento estamos viendo con claridad que Trump y el equipo oligárquico que le acompaña no dudan en llamar a filas a la OTAN, intentar desmembrar a la UE, exigir que los países compren más armas, usar las bases en suelo ajeno para suministrar y armar al genocida Netanyahu y un largo etcétera, cuando no amenazar con anexiones en Groenlandia o de paso cambiar por la fuerza gobiernos y declarar zona de "interés nacional" a aquellos países que tienen los recursos minerales y fósiles que el capitalismo norteamericano necesita. Y ojo que Trump no invoque de forma torticera el artículo 5 de la Alianza y exija a sus Estados miembros que le defiendan de Irán.
Quienes nos opusimos a Felipe González con el ¡OTAN NO! ¡BASES FUERA! ¡REFERENDUM YA!, no contábamos con la influencia social y los cuantiosos recursos materiales y mediáticos del PSOE, pero aún así el movimiento pacifista supo conectar con un sentimiento de fondo antibelicista y antinorteamericano de nuestra sociedad presente en amplios sectores, se organizó desde abajo y fue coordinándose a escala local, autonómica y estatal. Empleó todo tipo de formas de lucha: desde pequeños actos a grandes manifestaciones, desde pintadas ingeniosas a huelgas de hambre. Fue uno de esos pocos momentos en los que la sociedad, o al menos una importante parte de la misma, se siente protagonista de su historia. Teníamos razón, en el referéndum el NO ganó en las actuales comunidades vasca, navarra, canaria y catalana, pero lo perdimos -pese a obtener casi 7 millones de votos frente a 9 millones a favor del atlantismo- en el conjunto del Estado español tras la amenaza torticera de involución y las mentiras proferidas por González.
Hoy debemos hacer balance de cada postura. Pero hoy como ayer podemos sacar de la pasividad a la ciudadanía absorta en comentar lo que hacen los de arriba tras ver y escuchar las noticias o las tertulias. El movimiento feminista lo demostró el pasado 8 de marzo. Hoy podemos volver a sacar las viejas banderas del NO A LA GUERRA.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.