Opinión
Cuéntame cómo pasó (lo de Panamá)
Por David Torres
Escritor
-Actualizado a
-¡Merche, Merche! ¡Me cago en la leche, Merche!
-¿Qué pasa, Antonio? Hay que ver la cara que traes, que pareces un ceomo.
-¡Y qué cara voy a traer, Merche! ¡Que nos han bloqueao, joder! ¡Nos han bloqueao!
-¿Qué dices? ¿Es que has vuelto a jugar al fútbol? Mira que el médico te dijo que no volvieras a jugar ni en broma.
-Pero, ¿de qué hablas, Merche? ¡Qué fútbol ni qué ocho cuartos!
-Cuando te rompiste el tobillo por tres sitios, ¿no te acuerdas? El médico te dijo que a la pelota ni acercarse.
-¡Ay, me cago en la mar, Merche! ¡Qué tendrá que ver la pelota ahora! ¡Si es que no me escuchas, no me haces ningún caso!
-¿Pero no decías que te han bloqueao? ¿Será la pelota, no?
-¡Nos, Merche, nos han bloqueao! ¡Y no ha sido una pelota, hija mía! ¡Han sido nuestras cuentas!
-¿Las del banco?
-Claro que las del banco, Merche. No van a ser las de la compra.
-¡¡¡Qué horror, Antonio!!! ¿¿Pero qué me estás contando??
-La guerra civil, Merche. Te estoy contando la guerra civil, a ver si te enteras de una puñetera vez. ¡Que el juez Ismael Moreno nos ha bloqueao las cuentas a todos los clientes del despacho Nummaria!
-¡Jesús, María y José!
-Esos también estaban.
-¿Pero cómo ha podido ocurrir?
-Pues como ocurren estas cosas, Merche. Un día abres una cuenta en un islote de la Polinesia, luego abres una cuenta en un banco suizo, y llega Hacienda y te cruje. ¡Me cago en la leche!
-Pero cómo se te ocurre, Antonio, si tú no sabes hacer ni la o con un canuto. Mira que me lo decía mi madre.
-¡Mamá, mamá, he aprobado las tres que me quedaban!
-Cariño, ahora no, que tu padre y yo tenemos un problema.
-¿De matemáticas?
-Sí. De matemáticas, no te jode. Anda, anda, anda a bajar la basura.
-¿A estas horas?
-Sí. Y déjala bien lejos.
-Antonio, no está bien hablarle así al niño, que él no tiene la culpa de nada.
-¿Y yo sí? ¿Yo tengo la culpa, no?
-Hombre, si te parece, la tengo yo.
-Fue don Pablo, Merche. Me acuerdo como si fuera hoy. Me lió, me dijo: "Tú pon ahí la firma, Antoñito, que no pasa nada". Y yo firmé como un gilipollas, Merche. Sin mirar siquiera.
-Pero, ¿no leíste la letra pequeña?
-Ni la pequeña ni la grande, Merche. Que el papel ese estaba en chino y ahí no había cristiano que se enterase de nada.
-¡Ay, qué horror! ¡En chino!
-Sí. En chino o en ruso. Mira qué me daba mala espina el papelito. Pero don Pablo parecía tan seguro. "Si esto lo hace todo el mundo, Antoñito".
-¿Y qué vamos a hacer ahora?
-Yo qué sé, Merche, yo qué sé. Contárselo al juez, me imagino.
-¿Y tú crees que el juez se lo va a creer?
-Si conoce a don Pablo, seguro que se lo cree. Y don Pablo conoce a todo el mundo.
-Eso es lo malo. Que lo conozca.
-Mira, Merche, en peores líos nos hemos metido.
-No sé, Antonio, no sé.
-Vamos a cenar, anda. Verás cómo al final salimos de ésta.
-Como siempre. ¿Qué te apetece? Quedan macarrones de ayer.
-Pues venga, macarrones.
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