Opinión
Una cultura del esfuerzo para Garamendi y la patronal española

Por Guillermo Zapata
Escritor y guionista
El pasado jueves, el presidente de la patronal española (CEOE) Antonio Garamendi hizo dos declaraciones sobre el derecho al tiempo. La primera luce así en torno al rechazo de las derechas a la reducción de la jornada laboral: “Hay veces que vota una cosa el Parlamento, hay veces que vota otra, pero cuando no sale bien, pues parece que alguien se enrabieta y tiene que hacer cosas; y no va a ser solo una, va a plantear muchas, yo creo que de carácter, pues vamos a decirlo, populista”.
Estas “cosas populistas” se refieren a las medidas que el Ministerio de Trabajo va a poner en marcha para avanzar tras el no de parlamento. La primera de esas “cosas populistas” es el control horario. ¿Y qué es el control horario? Pues es un reglamento para que el tiempo que pasamos trabajando se controle digitalmente y se reflejen las horas extras perfectamente extractadas en nuestras nóminas. Con el control digital la inspección de trabajo tendrá acceso en tiempo real a las horas que están haciendo los trabajadores. Esta medida, que no necesita de la aprobación parlamentaria (lo siento, Garamendi), formaba parte del paquete de medidas que componían el Proyecto de Ley de Reducción de la Jornada Laboral y Garamendi estaba muy tranquilo pensando que con el no parlamentario… problema resuelto. Pero la cosa se le ha torcido un poco.
Pero, ¿cuál es el problema aquí? ¿Está diciendo el presidente de la patronal que no es buena idea que se controlen las horas extras de forma más eficiente? ¿Está diciendo quizás que a día de hoy hay millones de horas extras que no se están pagando a los trabajadores y que tener un registro adaptado al siglo XXI es un problema porque dificulta esta práctica?
Es curioso que hable de que alguien “se enrabieta” cuando la sensación que da es que el único enrabietado es él. Cómo dijo esta semana el cómico Joaquín Reyes hablando de José María Aznar: “Es alguien que cree que hablando despacio va a parecer que lo que dice es razonable y lo que dice son barbaridades”. Garamendi siempre es educado, siempre es amable y siempre es cortés. Y todas las veces que es educado, amable y cortés está haciendo lo posible porque los trabajadores sean lo más explotados posible y sus derechos sean los menos posibles.
La segunda frase con la que nos regaló los oídos fue la siguiente: “¿Tú crees que Carlitos Alcaraz trabaja 37 horas y media a la semana? No. Es la cultura del esfuerzo, de sufrir, de saber qué pierdes, qué ganas"
La cultura del esfuerzo, ese hit rompepistas que gusta a todas las edades, con el añadido spicy de un nuevo complemento. A la cultura del esfuerzo se le une la cultura “de sufrir”.
Siempre que Garamendi hace este tipo de declaraciones aparecen los típicos aguafiestas ajenos a la cultura del esfuerzo a recordarle que cobra 30 salarios mínimos al mes. O que se ha subido el salario un 11% en tres años hasta los… ejem… 391.000 euros. Si una medida populista le recortara el sueldo a la mitad, cobraría 195.500 euros, el pobre.
La cuestión aquí es que la patronal española quiere una cultura del esfuerzo para todo el mundo menos para sí misma.
Yo creo que debemos empezar a hablar de una cultura del esfuerzo para la patronal española. Porque además, en cuanto giras la cabeza y les propones a ellos lo que ellos te proponen a ti, de pronto suena como mucho más cruel y desagradable. Un ejemplo: “La patronal española tiene que tener una cultura del esfuerzo, de sufrir, de saber qué pierdes, qué ganas”.
¿Alguien se imagina lo que pasaría si un representante sindical o político le dijera a la patronal española que se acostumbrara a sufrir? ¿Que eso es lo genial, lo que forja a auténticos empresarios?
No. El esfuerzo y el sufrir sólo parecen tener una dirección aquí, de arriba a abajo. Bueno, pues que se acostumbren al regateo.
El esfuerzo de la patronal tiene un nombre: redistribución. La cultura del esfuerzo de la patronal es esa en la que recortan sus descomunales márgenes de beneficio empresarial, que están disparados en España. La cultura del esfuerzo de la patronal es que tienen que invertir más para mejorar sus empresas y modernizarlas en vez de vivir a costa de la cultura del sufrimiento de sus empleados y empleadas. La cultura del esfuerzo de la patronal es pagar impuestos como es debido. La cultura del esfuerzo de la patronal es que los trabajadores y trabajadoras puedan dedicar menos horas a la cultura del esfuerzo y el sufrimiento y más a la cultura del afecto y el esparcimiento.
La cultura del esfuerzo de la patronal que reduce la jornada laboral se conquista a movilizaciones, huelgas y gobiernos que arrancan derechos. Porque por lo que sea, su cultura del esfuerzo les gusta igual de poco que a nosotros su cultura del sufrimiento.
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