Opinión
Dar voz a los tontos

Por David Torres
Escritor
Hubo un tiempo, allá a mediados del pasado siglo, en que se pensaba que la televisión podía ser un excelente instrumento educativo, una ventana abierta al mundo y una academia para todos los públicos. Sin embargo, los Grandes Poderes se olieron el peligro de inmediato y transformaron el excelente instrumento educativo en una zambomba, llevaron la academia al circo y abrieron la ventana a un retrete inmundo. De niño asistí a la traca final de aquella utopía catódica, un colofón magistral donde encendías la tele y podías ver el Calígula de Camus encarnado por José María Rodero, una entrevista a Marguerite Duras o a Sonny Rollins tallando el viento desde un saxo.
Ya he hablado, a raíz de la muerte de José Luis Balbín, de cuánto aprendimos los españoles que tuvimos la suerte de crecer, madurar o envejecer al calor de programas como La clave; los Conciertos para jóvenes con Leonard Bernstein y la Filarmónica de Nueva York; El hombre y la tierra, de Félix Rodríguez de la Fuente; A fondo, con Joaquín Soler Serrano; Cosmos, de Carl Sagan; o Jazz entre amigos, de Juan Claudio Cifuentes. Hoy en día es inimaginable asomarte a alguna de las cadenas públicas o privadas (cadenas es un nombre que le va muy bien, por los grilletes y por el váter) y asistir al análisis de un poema sinfónico de Strauss, a una lectura de poemas de Gloria Fuertes o a un debate argumentado y razonado sobre la posibilidad de vida inteligente en otros planetas. Aprendíamos a la vez que disfrutábamos, no como ahora, que basta hacer un recorrido por la parrilla (de Ferreras a Motos y de Iker Jiménez a Ana Rosa Quintana) para perder de golpe veinte puntos de cociente intelectual y preguntarse si habrá vida inteligente en la Tierra.
Quien bautizó a la tele, allá a finales de los cincuenta, como idiot box o “caja tonta” no podía llegar a imaginarse lo idiota y lo tonto que iba a volverse el aparato. Gracias a este interminable descenso hacia el abismo, Nacho Abad llegó el otro día a la fosa de las Marianas de la estupidez, una fosa séptica en la que organizó un debate a traición entre un dermatólogo y un entrenador de fútbol. Tal vez Javi Poves podía haber enseñado algo al doctor Alexandre Docampo si la discusión hubiese versado sobre el catenaccio, el fuera de juego o la presión en el medio campo, pero sus opiniones sobre la incidencia del sol en el cáncer de piel son una mierda pinchada en un palo. Eso sí, resulta hipnótico contemplar la convicción con que Poves defiende que África y Asia no existen mientras rechaza las afirmaciones de Docampo (“¡Es mentira, es mentira, es mentira!”), porque frente a los cálculos errados de Kepler, Galileo y la NASA están las observaciones de Javi Poves en el lavabo de su casa. Un tipo que hizo un vídeo ahuyentando a unos futbolistas musulmanes con una pata de jamón ibérico.
Para comprender el grado de imbecilidad que supone la confrontación dialéctica sobre los riesgos de tomar el sol entre un médico titulado y un tonto al sol, basta imaginarse qué sucedería si un día -Dios no lo quiera- a Nacho Abad le brota un lunar sospechoso en la calva. Seguramente, iría la consulta de un dermatólogo en lugar de ir a preguntar a un tuercebotas que cree que el mundo es una palangana. Vale que los tontos tengan voz, pero tampoco hace ninguna falta que tengan un megáfono. Así es como se acaba por darle el título de genio a Donald Trump, como hizo Iker Jiménez, o de Alumna Ilustre de la Complutense a Ayuso, que no se enteró que en Ecuador hablan español hasta que se bajó del avión en el aeropuerto de Quito. Bastante peligro tiene ya que estos ejemplares dirijan la Comunidad de Madrid o la Quinta Flota como para proporcionarles encima patente de corso académica. Tontos recalcitrantes ha habido siempre, pero al menos antes su ignorancia les daba vergüenza o la sacaban a relucir únicamente en la plaza del pueblo, al lado del pilón; ahora Nacho Abad y otros bustos parlantes del periodismo les ceden una cátedra en horario de máxima audiencia para que expongan su analfabetismo a voces. La Tierra no, pero el encefalograma ya no puede ser más plano.
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