Opinión
El desahucio de las mujeres

Periodista
-Actualizado a
Tenemos una crisis de vivienda. Y el presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, habla de desahucios. Pero no solo de los que dejan a una familia en la calle. Habla del desahucio del “vientre materno provocado mediante el aborto”, con “consecuencias irreversibles”. No nos ven como personas, sino como un vientre, un horno, una misión que cumplir. Resulta curioso convertir a las mujeres en propietarias sin escrúpulos cuando deciden sobre su posible gestación, pero son simples inquilinas de su vida cuando otros quieren decidir por ellas.
Pero bueno, hablemos. Si tanto preocupa la natalidad y la infancia, podrían empezar por los bebés, niñas y niños hacinados en habitaciones alquiladas de nueve metros cuadrados, porque no hay otra alternativa. Sin espacio para jugar, moverse o aprender a caminar. Por adolescentes que no tienen un lugar donde estudiar en silencio. Por una infancia que, cuando es desahuciada, pierde su red de amistad, sus conocidos, o incluso el médico que controla su enfermedad. Por las hijas de Olga, que han perdido a su madre, que se suicidó tras ser desahuciada. Por maltratadas que no pueden marcharse con sus hijos o hijas, porque para abandonar a un agresor hace falta dinero, vivienda y una red. Si le preocupara esto, Argüello, casualmente arzobispo de Valladolid, podría denunciar que PP y Vox de Valladolid hayan eliminado de las ayudas del alquiler social el concepto de víctimas de violencia de género*, con hijos e hijas maltratadas. O estaría bien saber qué opina de Ortega Smith despidiendo a una trabajadora de Vox tras un permiso de maternidad.
Puestos a hablar de maternidades, podrían preocuparse de la expulsión de la población de los centros de las ciudades a kilómetros de distancia. Y esa distancia se paga en tiempo. Hora y media de transporte para ir y venir del trabajo. Y entonces el niño sale del colegio. ¿Quién lo recoge? Una vecina. ¿Quién le ayuda con los deberes? Nadie, porque aún estás esperando al Cercanías que te lleve a casa. La vivienda determina el tiempo para cuidar, descansar, acompañar a hijos o mayores o hasta para conservar nuestro empleo. Porque muchas mujeres al final terminan dejándolo al ver que les falta tiempo. También un estudio desvela que casi el 70% de las mujeres viven en pareja frente al 51% de ellos. Es decir, para muchas la pareja representa una vía a la emancipación en 2026 todavía, que para los hombres es menos necesaria. ¿De qué sirve hablar de maternidad y conciliación si no se facilita? ¿De qué sirve proclamar que los niños son lo primero si callamos ante sus problemas y viven con cartas de desahucios? Estas son también cuestiones sobre la vida. Y, sin embargo, la conversación vuelve una y otra vez al cuerpo de las mujeres. Porque siempre somos el comodín de toda conversación cuando no se quiere hablar del fondo.
Con todo, una noticia que no debemos perder de vista. Jorge Buxadé, de Vox, ha dicho: “Si sumamos 210 escaños con el PP, habrá que poner encima de la mesa una reforma de la Constitución”. Así que miremos el conjunto. Porque las leyes solo se aprueban con mayorías. Y los derechos casualmente se protegen más con la suma de mayorías progresistas que conservadoras. A pesar de todos los errores. Y aquí es donde hay que recordar que, cuando toque, hay que llenar las urnas de votos. Escuchar estos días que el fascismo y este gobierno de coalición son lo mismo es poner parte de alfombra roja a quienes ya hacen cuentas para cambiar las reglas. Tenemos a los de Vox salivando ya para retirar el derecho al aborto, y muchos otros, como cualquier medida social de vivienda.
El aborto no es un desahucio, la vivienda no es un negocio y los derechos no se conservan solos. Tengamos las cosas claras, porque ellos las tienen. Porque enfrente algunos ya están contando escaños para desahuciar de derechos a las mujeres y arrasar con todo lo que puedan.
*Actualización del texto
A última hora de la tarde de ayer, cuando ya estaba publicado el texto de Ana Bernal-Triviño, se conoció la noticia de que Valladolid corregirá su plan de vivienda para valorar la violencia de género como criterio tras el rechazo social a la modificación.

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