Opinión
El desprecio de Trump en la ONU por el cambio climático ¿nos aboca al desastre?

Por Pedro Barragán
Economista y asesor de la Fundación Cátedra China
-Actualizado a
Desde hace años, Donald Trump ha adoptado una línea dura contra las políticas climáticas, tachando sus fundamentos científicos de exageraciones o engaños. Pero su intervención ante la Asamblea General de la ONU el 23 de septiembre de 2025 ha marcado un hito, no ha sido simplemente una crítica, sino un ataque frontal al consenso climático internacional. Su discurso revela con claridad cómo su desprecio por el cambio climático puede favorecer escenarios de desastre global.
Trump ha subido al podio de la Asamblea General con un tono combativo, señalando que muchas de las afirmaciones del organismo y otros estados frente al cambio climático son erróneas o incluso fraudulentas. "Es la mayor estafa jamás perpetrada contra el mundo, en mi opinión", ha declarado Trump ante la Asamblea General. "Todas estas predicciones de las Naciones Unidas y de muchos otros, a menudo por malas razones, resultaron erróneas". Y ha agregado: "Fueron hechos por gente estúpida que costó la fortuna de sus países y no les dio a esos mismos países ninguna posibilidad de éxito".
Uno de los pasajes más sonados ha sido al advertir a los países europeos que “Si no se apartan de esta gran estafa de energía verde y cambio climático, su país fracasará”. También ha criticado las políticas de reducción de emisiones en Europa, argumentando que perjudican su crecimiento económico.
Tras asumir Trump el cargo en enero, Estados Unidos presentó por segunda vez su retirada del Acuerdo de París, firmado por 195 países y que trata de evitar que las temperaturas globales aumenten más allá de 1,5º C. Y su administración está llevando a cabo una fuerte expansión de los combustibles fósiles que se centra en la producción y exportación de petróleo, gas y carbón, mientras deja de lado la energía renovable, que se ha vuelto competitiva en términos de costos.
En su intervención, Trump ha repetido el guion de siempre, ha defendido los combustibles fósiles, ha criticado las “mentiras” del cambio climático y se ha presentado como el salvador de Occidente frente a las “élites globalistas” y la “obsesión verde”. En su arrogancia habitual, ha dicho, sin matices, que solo Estados Unidos puede “salvar al mundo del infierno”. También ha aprovechado para atacar a la ONU —denunciando fallas técnicas en la sede como símbolo de su decadencia— y para arremeter contra la migración.
El mensaje de Trump agrava la crisis climática
Lo que ha hecho Trump en la ONU no es solo retórica política y tiene graves implicaciones de riesgo para el planeta y para el futuro inmediato de la humanidad.
En primer lugar, ha deslegitimado a la ciencia climática. Al describir el cambio climático como un “engaño” o “estafa”, hunde la credibilidad de décadas de investigaciones y de datos rigurosos. Esto debilita la voluntad política y social para tomar las medidas urgentes basadas en la evidencia.
En segundo lugar, ha desincentivado la acción global. Estados Unidos ha sido parte de los acuerdos internacionales sobre emisiones, financiación climática y cooperación tecnológica. Al retirarse y sabotear estos mecanismos, otros países pueden seguir su ejemplo o recular. La acción colectiva se debilita y lo que está pasando con las dudas de Europa es un ejemplo de ello.
En tercer lugar, implica retrasos en inversiones limpias y transición energética. Su discurso ha remarcado que las energías “tradicionales” (petróleo, gas, carbón) deben seguir dominando. Eso implica menos estímulo público para renovables, investigación verde o políticas que internalicen el costo ambiental de los fósiles.
En cuarto lugar, incrementa el riesgo de que lleguemos a “puntos de no retorno”. El cambio climático no avisa antes de cruzar ciertos umbrales —pérdida permanente de biodiversidad, disrupciones climáticas que no puedan revertirse, efectos en cascada—. Cada retraso suma probabilidades de que entremos en trayectorias irreversibles.
Y por último, supone una fragmentación institucional y se centra en la confrontación geopolítica. Su crítica y confrontación con la ONU debilita la confianza en las instituciones multilaterales. En un mundo que se enfrenta a esta crisis climática, la cooperación institucional es crucial.
¿Nos aboca al desastre?
No es solo una conclusión automática, es también una advertencia muy grave. El discurso de Trump empuja en una dirección política y simbólica que genera el riesgo de abocarnos al desastre, ante el poco tiempo que nos queda para actuar. Si otros gobiernos adoptan su postura o se desentienden del problema, las probabilidades de desastre aumentan: inundaciones, sequías extremas, migraciones climáticas masivas, colapsos ecológicos locales.
La ciencia indica que cada fracción de grado cuenta; que el calentamiento debe mantenerse por debajo de los 1,5–2 °C si queremos evitar los peores escenarios. Ceder espacio al negacionismo, la desinversión y la política cortoplacista es exactamente lo que juega a favor del desastre.
Pero todavía no es inevitable. La resistencia política, la presión social, las alternativas tecnológicas y la posición del grueso de países del mundo van a seguir impulsando la acción climática. El reto es tremendo, pero no imposible.
China: liderazgo renovable que incomoda
Mientras Trump despotrica contra las turbinas eólicas, China las produce, las exporta y las instala a velocidades récord. En los últimos años, China se ha convertido en el líder absoluto de las energías limpias: fabrica más del 80 % de los paneles solares del mundo, domina la cadena de suministro de baterías para autos eléctricos y construye megaproyectos solares y eólicos tanto en Asia como en África. En 2024, China ha representado más de la mitad de las nuevas instalaciones eólicas offshore a nivel mundial, porcentaje que ha superado el 70 % de las instalaciones mundiales en el primer semestre de 2025
En 2024, China ha multiplicado la inversión global en energía limpia de EE. UU., y ha conseguido utilizar esa ventaja tecnológica para fortalecer su propia economía, liderando las energías renovables en el mundo. China ha concentrado en 2024 el 64% de toda la capacidad de nuevas energías renovables añadida a nivel mundial. En otras palabras y dentro de la política supremacista de Estados Unidos, la energía renovable ya no es solo una cuestión ambiental, sino una herramienta de poder blando y de posicionamiento geopolítico.
Desde esta perspectiva, el discurso climático de Trump cobra un nuevo sentido: atacar la transición energética puede ser también una forma de frenar la narrativa del liderazgo chino. Si logra desacreditarla —como “una estafa” o “un suicidio económico”—, puede arrastrar a otros países fuera del camino verde y así ralentizar el avance de China en su liderazgo climático.

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