Opinión
La dignidad de la familia de Déborah Fernández

Periodista
Casi dos años antes de la entrada en vigor de la Ley Integral contra la Violencia de Género, una joven viguesa de 22 años fue asesinada por alguien a quien nunca se ha podido, o se ha querido juzgar. La víctima era Déborah Fernandez, una estudiante de Diseño que salió a correr por la playa Samil la mañana del 30 de abril de 2002 y cuyo cuerpo sin vida apareció diez días después en un arcén del municipio de O Rosal, a 40 kilómetros de su vivienda, y rodeado de prueba falsas. 24 años después del crimen que marcó a una generación de adolescentes gallegas, el homicida de Déborah sigue suelto y su familia cansada de la Injusticia con mayúsculas y la mediocridad de los investigadores que recogieron, analizaron y custodiaron pruebas desde su desaparición. Y es que durante años no hubo una sola declaración en sede judicial y una de las principales esperanzas para la investigación, el móvil de Déborah -en manos de la Policía Nacional desde el momento de la aparición del cadáver- acabó extraviado para volver a ser encontrado en una comisaría de Madrid casi 20 años después del crimen. La tarjeta SIM había desaparecido del terminal y jamás se recuperó.
Y es que a pesar de la escena macabra y ficticia que se preparó alrededor del cuerpo (con introducción de semen postmorten) a Déborah no parece que la haya asaltado un agresor desconocido por el camino, más bien, los indicios apuntaron siempre a un único sospechoso: su exnovio Pablo, con el que habría quedado al volver este de Argentina. A tal punto el caso es rocambolesco, que a este hombre se le citó para comparecer por primera vez como investigado 20 años después del crimen, a pesar de haberse pasado dos décadas acumulando contradicciones y explicaciones inciertas sobre sus movimientos o sobre el olor a putrefacción que salía de su vehículo días después de la desaparición. Un cúmulo de chapuzas y negligencias que llevaron a la familia a pedir el archivo de la causa en 2023 después de denunciar en numerosas ocasiones maltrato judicial y policial.
Ahora, 24 años después de la muerte de Déborah, los abogados de la familia han pedido que la investigación pase a manos de la UCO de la Guardia Civil, el cuerpo que debería haberse encargado de este crimen desde el primer momento. La familia de Déborah insiste en que quieren darle una nueva oportunidad antes de que el archivo judicial definitivo llegue. Dice Rosa Fernández, hermana de Déborah, que durante años "no hubo investigación, no hubo dirección y no hubo voluntad" y muchas nos preguntamos, ya sin tapujos, si los agentes que se encargaron del caso de Déborah contribuyeron, directa o indirectamente, a la manipulación y desaparición de las pruebas. 24 años después puede que hubiese un solo homicida, pero hubo muchos cómplices para que el asesinato de Déborah Fernández siga sin resolver.
Un caso que se parece demasiado al de la también gallega Sonia Iglesias, también llevado a cabo por la Policía Nacional y también con un único investigado: su marido, del que se estaba separando los días previos a su desaparición. El cuerpo de Sonia nunca apareció y su asesinato continúa sin resolver 14 años después y con el princial sospechoso ya enterrado.
No sabemos si la aplicación de la Ley Integral habría cambiado la resolución del caso de Déborah Fernández, pero es probable que la aplicación de la perspectiva de género -ausente a todas luces en este caso- hubiese generado un relato muy diferente desde el primer momento. Resulta impensable que la hipótesis de la muerte súbita con la que se inició la investigación del crimen de Déborah se hubiese contemplado solo un par de años después.
Dice la hermana de Déborah, infatigable en su búsqueda de la verdad desde hace 24 años, que mientras se le recuerde todavía hay esperanza. Rosa Fernández sabe que muchas negligencias viven de olvidos y de silencios que nunca protegerán a las víctimas que fueron, ni tampoco a las que serán. Por su ejercicio de dignidad y de valentía, somos muchas las que no nos olvidamos de Déborah Fernández. Sabemos que su asesino sigue suelto.
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