Opinión
Dios contra Trump
Por David Torres
Escritor
Donald Trump lleva bastante bien el tremendo varapalo recibido en las elecciones de medio mandato, para ser Donald Trump, quiero decir. Hasta se lo ha tomado con deportividad, con cierto espíritu conciliador, aunque en ningún caso considera que esta derrota histórica vaya con él. Está convencido de que, en caso de haberse presentado con su nombre a todas las candidaturas habría arrasado en las urnas, porque la derrota es una posibilidad que no entra en su pelambre (ni la posibilidad ni el hecho, ya sea en unos comicios o en el estrecho de Ormuz). De momento, la legislación americana no permite la clonación presidencial, y eso que Trump había conseguido apartar a los candidatos más moderados y sensatos del partido para imponer a un pelotón de lameculos, magnates y paracaidistas clavaditos a él.
La hostia ha sido unánime y apoteósica: quizá, remedando a su líder, los republicanos deberían haber aprovechado la fiesta de Halloween y presentarse todos y todas con una gorra roja de MAGA y una careta de Donald Trump. Elon Musk donó cerca de 500 millones de dólares para hacer truco o trato, pero lo mismo los podía haber invertido en uno de sus cohetes de feria valencianos. Casi la mitad de ese dinero fue a parar a la campaña de Ken Paxton en Texas, un antiguo fiscal general envuelto en polémicas por fraude y escándalos conyugales que logró la hazaña de que los republicanos perdieran el Estado de la Estrella Solitaria por primera vez en 38 años. No se veía una paliza igual en Texas desde la batalla de El Álamo.
Aun más sonado ha sido el descalabro del multimillonario Vivek Ramaswamy en Ohio, quien demostró una forma particularmente cara (80 millones de dólares, 41,3 millones de su propio bolsillo) que el dinero no da la felicidad. Al buen hombre no se le ocurrió otra cosa que reclutar a la madre de su rival, Amy Acton, para que pusiera a parir a su hija en un video electoral. Ramaswamy pensaba que era una idea estupenda exponer a la luz pública el pasado de la candidata demócrata utilizando a una madre maltratadora que a menudo la dejaba durmiendo en la calle y que permitió toda clase de abusos contra ella por parte de su nueva pareja, Cledith Arthur, un tipo cuya propia hija le había denunciado por violación. Los republicanos gastaron unos cuatro millones en difundir el video a través de una campaña televisiva, una estrategia que les salió regular.
Pese a las quejas dentro y fuera del propio partido, tanto Trump como J. D. Vance insistieron decididamente en la difusión del video, ya que la política, como dijo el vicepresidente, “es un oficio muy duro”. “Ojalá hubiera tenido yo un anuncio como ese contra alguien” se lamentaba Trump, que aconsejaba a Ramaswamy que diera gracias a Dios por haber grabado a la anciana despotricando contra su propia hija. Como los caminos del Señor son inescrutables, el video desató una oleada de indignación en Ohio además de una campaña de donaciones a favor de Amy Acton, quien arrasó finalmente en las urnas. Como sucede habitualmente en la política estadounidense, la religión ha sido un agente decisivo en estas elecciones, con James Talarico, Sarah Trone Garriot, Adam Hamilton y Lindsay James movilizando el voto cristiano a base de citas bíblicas y evangélicas. Por algo llevan el nombre de Dios impreso en los billetes.
Sin embargo, que por una vez Dios se haya puesto de parte de los demócratas es algo que ha tomado por sorpresa a los republicanos y especialmente a Trump, que piensa que el Gran Jefe guía sus pasos y está a su lado para hacer grande a Estados Unidos desde que sobrevivió de puro milagro a una tentativa de asesinato en julio de 2024. Ha dicho varias veces que él no tiene que arrepentirse ni pedir perdón porque no comete errores, demostrando una confianza en sí mismo de la que por desgracia carecen sus imitadores. Quien se ha equivocado es el votante, no él. El propio Narciso es una mierda de narcisista al lado de Trump, quien sería muy capaz de repetir aquella frase genial de Woody Allen cuando, en el papel de un director ególatra, decía que en la mitología griega no se identificaba con Narciso, sino más bien con Zeus. Si Trump supiera algo de mitología griega, que tampoco le hace ninguna falta.
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