Opinión
De cómo a Elena Garro intentaron robarle la mano derecha
Por Carla Berrocal
Arthur Schnitzler, médico y escritor austríaco, escribió "Relato Soñado" en 1926, una novela sobre la crisis de un matrimonio, que empieza con la mujer confesándole a su marido su primer encuentro sexual. Interrumpidos por la sirvienta, Fridolin, el marido –médico como el autor– debe salir esa misma noche a atender a un paciente. Durante el paseo, recorrerá la ciudad viviendo una serie de desencuentros con distintos personajes. Su paciente acaba muriendo y, mientras su mujer tiene sueños extraños, al médico se le presentan sus propios deseos en un baile de máscaras.
En 1999, Stanley Kubrick llevó la adaptación de esta novela al cine y la transformó en "Eyes Wide Shut". Para ello, contrató a la pareja más icónica de entonces: Nicole Kidman y Tom Cruise —quienes no atravesaban el mejor momento de su matrimonio— y rodó un largometraje accidentado, el último de su vida y que no vería estrenarse en cines. Kubrick falleció el 17 de marzo de 1999. La película se proyectó al público apenas unos meses después, en julio de ese mismo año.
Mucho se escribió sobre el rodaje, sobre todo en lo que se refiere a la sociedad secreta: desde que Kubrick advirtió del caso Epstein, a que su muerte en realidad un asesinato encubierto por revelar secretos de las élites. Y aunque parece porno para conspiranoicos, las fiestas excesivas de multimillonarios en las que las mujeres acaban muertas, tiene más de real que de ficción.
Cuando cayó en mis manos la novela de Elena Garro, "Inés", sentí que ambas obras podrían dialogar perfectamente. En las dos está presente un tipo de terror elegante, que perturba y no enseña demasiado, el ambiente de los excesos en las fiestas de la clase alta y la impunidad de sus violencias. Pero lo que más miedo da del libro de Garro es que es una historia basada en hechos reales.
La novela cuenta la historia de Inés, una joven española que comienza a trabajar de sirvienta en la casa de un excéntrico intelectual de París. En su mansión, noche tras noche, unos rezos monótonos suben a través del hueco de la escalera y llegan a la habitación de la sirvienta, que desea irse de allí lo antes posible. "Inés" es el relato de la violencia que crece hasta engullir a su protagonista, secuestrada y torturada de formas inimaginables. Una crítica mordaz a las clases altas disfrazada de cuento de terror que muestra la fragilidad de las mujeres en situación de precariedad.
Patricia Rosas Lopategui, biógrafa de Garro y una de las responsables de la recuperación de su obra, rescata una entrevista en el prólogo de la edición española donde cuenta la principal inspiración del libro, una joven que servía en una mansión: "(...) se veía una chica española normal. La volví a ver en la casa de sus patrones, con los pelos cortados, como disparatados, y la cara extraviada; estaba como loca.
Ellos me dijeron que andaba mal de la cabeza pero que era buena. Seguí viendo a esa gente rica, (...) yo preguntaba siempre por ella y me decían "Tú no preguntes". De pronto desapareció.
Creo que el portero me dio la dirección del primo de Inés, quien trabajaba también en París. Tampoco quiso hablar, ya no supe más de ella, imaginé que la habían drogado y torturado".
Garro escribió la historia en 1982, unos veinte años después de los hechos. El pánico a las consecuencias fue determinante para no hacerlo antes: "Me daba miedo lo que pudiera hacer ese grupito de snobs si se enteraba de que había escrito esto". En 1995, obligada por la necesidad económica, la autora accedió a que se publicara en la editorial española Grijalbo. Y treinta años después, en 2025, la editorial Espinas la ha recuperado en su catálogo con prólogo de Patricia Rosas Lopategui.
En otro extracto de la entrevista, Garro dice que con "Inés" quería escribir "algo malvado". Y lo consiguió. En sus propias palabras es "una refutación al Marqués de Sade". Perversa, oscura y tenebrosa, la historia se queda anidada en el pecho de quien lo lee, no se olvida nunca. Quizás porque es la historia de miles de mujeres silenciadas y desaparecidas cuyos restos siguen todavía entre algún arbusto, cuneta o pedazo de tierra.
Como le sucedió a la protagonista de su novela, Elena Garro vivió también rodeada de violencia. Octavio Paz la maltrató a ella y a su hija, incluso después de su separación. Por si esto fuera poco, también sufrió el ninguneo de un sector de la intelectualidad mexicana que a base de bulos consiguió desacreditarla, dañando su imagen pública. Como consecuencia, Garro se exilió de su país a finales de los 60 y abandonó su carrera de escritora durante diez años, hasta que en 1981 volvió a las letras dispuesta a denunciar todo lo que padeció.
Hace apenas unos días, el siete de julio, la escultura de Elena Garro del centro histórico de Puebla, el municipio que la vio nacer, amaneció vandalizada. Le habían intentado arrancar la mano izquierda. No era la primera vez que lo hacían, en las fotos se ve que también le falta la derecha. Es el único monumento de toda la ciudad que ha recibido ataques de este tipo en varias ocasiones. A Elena Garro los hombres no la dejan tranquila ni después de muerta. Lo que esos delincuentes no saben es que, como ella misma dijo: "(...) los malvados ganan siempre, pero todavía podemos hablar de gente buena".
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