Opinión
Elogio de la infidelidad
Por Anibal Malvar
Periodista
Amanece. El sudor unta de sábanas tu cuerpo delicioso. Apagas el cigarro en el cenicero de alguien cuyo nombre no recuerdas. Pero ándate con ojo. No sabes si has dormido con un desconocido o un extraño. El matiz puede costarte la vida. No es lo mismo un desconocido que un extraño.
Como ustedes ya habrán supuesto, estoy hablando de Izquierda Unida y de Extremadura.
En los tiempos inaugurales de nuestra democracia, cuando te cruzabas a un comunista te saludaba diciendo: “El Partido Socialista son cien años de honradez y cuarenta de vacaciones”. Aparte de ingeniosa, la sentencia tenía su parte de verdad yacente, verdad cuyo despertar, con un beso del pueblo en los labios, esperaba el PCE más temprano que tarde. Pero el pueblo nunca se comporta como los príncipes de las fábulas, y prefirió la pana progre de Felipe, el aullido multicolor de la movida, la Expo, la Olimpiada, la OTAN y a Ramoncín.
El pensador y guionista Daniel Tubau acaba de publicar un “Elogio de la infidelidad” (Ed. Evohé) que puede consolar mucho a la poca Izquierda Unida que nos queda: “Quizá la razón más poderosa para ser fiel sea el miedo”. Desde su fundación en 1986, la aventurera IU ha paseado a veces del brazo de un desconocido (la famosa pinza con el PP) y otras del brazo de un extraño (un PSOE enajenado de su antañona firmeza ideológica). Nunca ha sabido si tenerle más miedo al desconocido o al extraño. Y ya se ha dicho aquí que el matiz puede costarte la vida. Al final, en la cama, ya no quedan amantes. Solo alguien agonizando.
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