Opinión
Escuelas de esposas obedientes

Periodista
Escuelas para esposas donde enseñan a las mujeres a callar, pedir permiso y obedecer al marido. Hombres pagando para que sus novias o esposas los obedezcan. Después del fenómeno tradwives, llega el negocio de estas escuelas que ofrecen cursos (Wife Schools). ¿Y qué enseñan ahí? A cómo preguntar al marido si puedes salir con amigas el sábado. A pedirle dinero para comprar algo. A practicar "el arte de callarse". O a entender que un esposo "espera un sí" cuando quiere sexo y no se le puede negar. También enseñan a registrar los ciclos menstruales. No por salud ni planificación familiar. Es para que ellas entiendan la "complejidad de sus emociones", según las hormonas, y puedan ser más comprensivas con sus maridos.
Eso sí, en el temario de esas escuelas jamás hablan de conciliación. Jamás hablan de corresponsabilidad. Jamás hablan de quién recoge a los hijos. De quién reduce jornada. De quién renuncia a ascensos. Ni del coste personal de los cuidados, ni de la violencia machista. Solo enseñan a las mujeres a aguantar. Les dicen que se alejaron de "su energía femenina".
Los cursos cubren una demanda creciente. Un estudio reveló que el 31% de los hombres de la Generación Z cree que una esposa debe obedecer siempre a su marido. Un 33% considera que ellos deben tener la última palabra en las decisiones. Según otra investigación, estos hombres reconocieron sentirse atraídos por la sumisión de estas mujeres y porque así tienen el control.
El curso lo suelen dar otras mujeres. Qué curioso que ninguna enseñe a los hombres a poner lavadoras, asumir cuidados, cocinar o pedir reducciones de jornada. Qué curioso que estos cursos digan con claridad que son para ser buenas "esposas" o que hubiera otro de ser "buenos esposos". Luego te dicen que el feminismo adoctrina, cuando enfrente tenemos este panorama. No se trata de una competición entre "ama de casa vs. mujer trabajadora". Se trata de por qué seguimos viviendo en un sistema donde a las mujeres se les exige hacerlo todo y no repartir.
En España, más del 90% de las excedencias para cuidar hijos las piden mujeres. Son ellas quienes continúan reduciendo jornadas, renunciando a ascensos o cargando con el trabajo invisible que sostiene hogares enteros. Pero estas escuelas jamás cuestionan esa desigualdad porque no quieren cambiarla. Quieren que las mujeres se adapten a ella. Callar más. Exigir menos. Sonreír más. Molestar menos.
Las escuelas para esposas no están enseñando amor ni relaciones sanas. Enseñan jerarquía. Con filtros bonitos. Con música suave. Con versículos bíblicos, a veces, pues las promocionan entidades evangélicas norteamericanas. Pero jerarquía. Esto huele a aquella Sección Femenina franquista o aquellos manuales de buena esposa que hubo en varias dictaduras. Solo que, ahora, con envoltorio de marketing. Y ojo, es en Estados Unidos, ese país que algunos admiran.
Habrá quien diga que quiere ser ama de casa. Y nadie se lo impedirá, porque justo el feminismo ofrece elegir sin imposiciones. Pero cuidado con venderlo como libertad. Ya me dirán dónde está la libertad cuando tienen que enseñarte a comportarte, a callar y a pedir dinero. Las nuevas escuelas para esposas no están recuperando valores. Están reciclando una idea muy vieja: que una buena mujer es la que obedece. Y eso no era amor antes. Tampoco lo es ahora.
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