Opinión
La excesiva legitimidad de los presidentes de Estados Unidos y de Argentina

Por Ramón Soriano
Catedrático emérito de Filosofía del Derecho y Política de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
-Actualizado a
Me despido de mis lectores/as hasta septiembre. He centrado mis artículos en el análisis de importantes acontecimientos políticos, en el que la crítica ha ido acompañada de propuestas concretas. Permítanme que trate ahora un tema de carácter teórico propio de mi especialidad jurídica, la filosofía del derecho y política. El complejo asunto de las legitimidades. No nos afecta a nosotros, porque nuestro régimen político es parlamentario; sí, en cambio, a muchos países de régimen político presidencialista, y entre ellos destaco a Argentina y a Estados Unidos, porque están actualmente en la cresta del debate político y de la opinión pública.
El escenario
Contemplamos, día a día, cómo los presidentes de Argentina y Estados Unidos dictan órdenes ejecutivas, trastocando el ordenamiento jurídico interno y las relaciones internacionales, al tiempo que vetan las leyes del Parlamento. Algunos miembros de la oposición política en ambos países claman por la destitución del presidente, pero ésta es inviable debido a la exigencia constitucional de una alta mayoría parlamentaria. Siempre encontrará el presidente el apoyo de su partido y no pocos estómagos agradecidos de la cámara.
En los regímenes presidencialistas se suele producir un contraste entre dos legitimidades: la del presidente de la nación votado directamente por la ciudadanía y la de los miembros de los órganos de representación política votados también directamente por la ciudadanía. En el contraste de ambas legitimidades en no pocas constituciones sale perdiendo la voluntad ciudadana debido a motivos de procedimientos y a una razón global.
Los motivos de procedimiento
Los motivos de procedimientos son:
a) El presidente ostenta un derecho de veto contra las leyes de los representantes.
b) La invalidez y devolución del veto es casi inviable, porque se exige alta mayoría cualificada de los representantes.
c) Igualmente está sometida a una misma alta mayoría cualificada de los representantes la posibilidad de la destitución del presidente de la nación.
Siguiendo con el contraste de ambas legitimidades en los motivos de procedimientos y teniendo como muestra las constituciones de Argentina y de Estados Unidos nos encontramos:
-El presidente de la república puede vetar las leyes del Parlamento en ambas constituciones: de Argentina y Estados Unidos.
-El veto presidencial solo puede ser invalidado en Argentina por una mayoría de dos tercios de dos cámaras parlamentaria: la aprobadora de la ley y la cámara de revisión. En Estados Unidos por la mayoría de dos tercios de la Cámara de Representantes y del Senado.
-Igualmente es una mayoría cualificada alta la exigida para destituir al presidente argentino: dos tercios de la Cámara de Representantes, que inicia el juicio político, y dos tercios del Senado. En Estados Unidos procede cuando el impeachment obtiene la mayoría absoluta de la Cámara de Representantes y dos tercios del Senado.
Estas cifras comportan que mientras los presidentes pueden vetar las leyes de los representantes del pueblo, por el contrario es bastante inviable que el Parlamento pueda oponerse a ellas, porque la exigencia de dos tercios de los votos es una cifra tan alta que es muy difícil de alcanzar. Hay una falta de equilibrio entre veto presidencial y oposición parlamentaria al mismo, entre la legitimidad presidencial y la legitimidad parlamentaria.
En España el presidente del Gobierno puede ser destituido por una mayoría absoluta (mitad más uno de los componentes de la cámara) del Congreso de los Diputados
La razón global
La razón global afecta al concepto y eficacia de la legitimidad. Si la legitimidad se mide en el número de votos, es decir, decisiones de la voluntad popular, tenemos que el acceso del candidato a la presidencia de la nación puede tener lugar con un número de votos a favor del candidato sensiblemente inferior al obtenido globalmente por los partidos políticos del Parlamento. En la elección de los representantes tiene lugar una recepción de las distintas ideologías del país, ya que los representantes pertenecen a diversos partidos políticos, y un número de votos cosechados globalmente mayor que la cifra de votos obtenidos por el presidente de la nación en las elecciones presidenciales. Los partidos políticos con representación parlamentaria tienen que superar una barrera electoral, frecuentemente de 3 al 5% de votos de los electores, lo que significa que la representación será más extendida y abarcadora de las ideologías en la medida en que la barrera sea menor. Pero en todo caso, la representación de la voluntad ciudadana es más plural en la las elecciones de los representantes que en la elección del presidente de la república.
Sigamos con los ejemplos cercanos de Argentina y Estados Unidos. En Argentina el presidente Milei obtuvo 14.476.462 votos en las elecciones de 19 de noviembre de 2023. Mientras que en las elecciones de 22 de octubre de 2023 la Cámara de Diputados, donde están representados los partidos políticos, los votos alcanzaron una cifra casi doble a la de los votos conseguidos por Milei. Hubo un total de 27.612.739 votos emitidos (positivos: 24.546.861; en blanco: 2.845.161; nulos: 220.717). La representación es además plural en el Parlamento, formado por diputados pertenecientes a los partidos políticos: Unión por la Patria, La Libertad Avanza, Juntos por el Cambio, Hacemos por Nuestro País, Frente de la Izquierda y de los Trabajadores, Partidos Provinciales.
En el caso de Estados Unidos se produce semejante relación entre votantes al presidente de la nación y a la Cámara de Representantes. En las elecciones a la Cámara de 2024 se emitieron 149.543.421 votos. Donald Trump obtuvo 77.302.580 votos en las elecciones presidenciales de 5 de noviembre de 2024. Huelga referir los votos de los partidos políticos, porque en Estados Unidos hay dos partidos gigantes -el republicano y el demócrata- que se disputan las elecciones y una pluralidad de partidos que ni siquiera alcanzan el 1% en votos. Se produce, pues, la consecuencia de que el montante de los votos del presidente es cercana a la que obtiene cada uno de los dos grandes partidos. Vean las siguientes cifras referidas a 2024: Partido republicano: 74.390.864 votos. Partido demócrata: 70.571.330 votos. Donald Trump: 77.302.580 votos.
Propuesta
Primera: el respeto a un equilibrio razonable entre ambas legitimidades, presidencial y parlamentaria, de modo que no exista predominio y atropello de una contra otra, como actualmente sucede en Argentina y Estados Unidos. El mecanismo para conseguir este equilibrio es el abandono de las mayorías altamente cualificadas y su sustitución por la mayoría absoluta. Como consecuencia el veto del presidente a las leyes debe ser contrarrestado e invalidado por la mayoría absoluta del Parlamento (no por dos tercios de ambas cámaras parlamentarias).
Segunda: la destitución del presidente de la nación mediante el procedimiento de la revocación del mandato. La revocación de mandato es un proceso electoral a instancia de un determinado sector del censo electoral, que tiene por objeto la destitución de cargos electos -representantes y autoridades de gobierno- antes de la finalización del mandato en un referéndum revocatorio. Es reconocida en varios Estados de Europa y en la mayoría de los Estados de América Latina.
Si el presidente es elegido por la ciudadanía directamente, también ésta directamente debe revocarle del cargo. Legitimidad popular en el nombramiento junto con legitimidad popular en la destitución. No es razonable que en un régimen presidencialista, en el que el presidente es elegido popularmente, sin embargo sea el Parlamento el único que pueda revocarle del cargo. No casa bien una legitimidad con otra. O los ciudadanos en ambos actos, de elección y revocación, o el Parlamento en ambos actos, de elección y revocación. En este marco es ejemplar el procedimiento de los sistemas parlamentarios, como España, donde el presidente es elegido por los parlamentarios y destituido por ellos mediante una moción de censura. En Argentina, Estados Unidos, y otros países de sistema político presidencialista, el presidente es elegido por la ciudadanía y destituido por altas mayorías del Parlamento (no revocable por el voto ciudadano). Sería más razonable desde el punto de vista de la legitimidad el voto popular tanto para la elección como para la destitución.
En definitiva, la legitimidad del presidente de la nación atropella a la de los representantes, es decir, a la de la ciudadanía. Los ciudadanos pueden nombrar al presidente de la nación, pero no revocarle. Y sus responsables políticos prácticamente tampoco. ¡Larga vida al presidente!
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