Borbolandia
La "fascinante" vida de Irene

Periodista y escritora
Quede dicho aquí con toda sinceridad que lamento el trago tan amargo por el que está pasando la exreina Sofía por la muerte de su hermana. Era su verdadera compañera de vida, su amiga, su apoyo… Lo digo con prudencia, pero creo sinceramente que no tuvo ni sintió a nadie más cerca que a su hermana Irene, y por eso sé que Sofía debe de estar devastada. Probablemente fue la única persona de su familia que sufrió con ella y en la misma medida las humillaciones y traiciones de su exmarido Juan Carlos. Porque sí, es su exmarido. Hace décadas que lo es, y para afirmarlo no necesitamos un papel que oficialice esa separación, porque como buenos católicos hipócritas que son tienen prohibido divorciarse.
Puede que Sofía no haya querido verlo, pero todos sus hijos y sus nietos han estado mucho más cerca del delincuente y causante de sus humillaciones que del lado de la humillada. Y quizás se haya consolado en los últimos once años viendo la cercanía de su hijo Felipe, aunque también sabrá que esa solidaridad era interesada, para alejarse de forma manifiesta (ahora sí) del traidor. El nuevo rey borbón, como han hecho todos en los últimos 150 años, tenía que romper públicamente con el defenestrado borbón anterior. De no haberse visto obligado a ello, habría mantenido la misma actitud que mantuvo hasta 2014: complicidad y respeto públicos al defraudador y adúltero Juan Carlos, el que tiene la pasta, y abracitos y besitos privados a Sofía, con un sentido "resignación, mamá".
Tampoco contó nunca la exreina con el aprecio de la ciudadana Ortiz y sus nietas Leonor y Sofía. Lo sabía ella, lo sospechábamos todos y lo confirmamos cuando las tres ciudadanas nos regalaron a través de la televisión los desaires que le hicieron a la ya exreina en aquella inolvidable misa del domingo de Pascua de 2018. Aquel documento fue impagable. La nena Leonor, aleccionada por su madre, apartando de un manotazo la mano de su abuela; Letizia, haciendo el mayor de los ridículos, interponiéndose entre Sofía y los fotógrafos para evitar la instantánea; Felipe, yéndose hacia su mujer con cara de "¡yo la mato!"; Juan Carlos, pensando "ya lo sabía yo…"; Sofía, estirando el cuello para salir en la foto y sin enterarse de las intenciones… Qué momento.
Que al día siguiente o al otro, no recuerdo, se convocara a los fotógrafos para que, casualmente, captaran a Sofía, a su odiosa nuera y a sus maleducadas nietas con sonrisas forzadas para llamarnos otra vez imbéciles y que viéramos que aquí no había pasado nada, no sorprendió. Son los usos de la monarquía. Ahora bien, los imbéciles son ellos si creen que nos engañaron.
La mayoría de los medios y redactores entrenados en la genuflexión se han volcado en un empalagoso baño de lejía y aclarado con centrifugado de la figura de Irene. Alguno y alguna pagaría hasta por llevarle el bolso a Letizia
Así que, sí, Sofía ha recibido la más dolorosa de las noticias con la muerte de la persona, no digo que más la quería, pero sí la que más la respetaba.
Espero que haya quedado suficientemente clara mi empatía con Sofía por la muerte de su hermana, porque lo que viene a continuación nada tiene que ver con ello. Compete más al empalagoso (y previsible) baño de lejía y aclarado con centrifugado de la figura de Irene que nos han regalado la mayoría de los medios y redactores entrenados en la genuflexión. Alguno y alguna pagaría hasta por llevarle el bolso a Letizia.
Pese a las raíces anglo-griego-hispanas de Felipe el sexto, nos han informado poco a los españoles de sus ascendentes helenos. La familia real griega, antes y después de emparentar con los borbones, arrastraba una pésima reputación. Al escaso cariño que los griegos tenían por la monarquía hubo que añadir que Pablo I, el padre de Sofía, Irene y Constantino, hubiera tenido una relación homosexual con un famoso gigoló estadounidense, un hecho conocido y difundido por Truman Capote en su libro Plegarias atendidas. Y que Federica de Grecia, suegra de Juan Carlos, abuela de Felipe, gustara aún menos a los griegos porque era mangoneadora, metomentodo, había ingresado voluntaria y con entusiasmo en las Juventudes Hitlerianas y era una derrochona. Grecia no estaba para derroches. De hecho, uno de los más escandalosos fue la boda de Sofía y Juan Carlos en Atenas, y aquel día de 1962 se puso un clavo más en el ataúd de la monarquía griega. Esa boda apañada e hipócrita fue una bofetada a la ciudadanía, un insulto al país. Ya tocará desmenuzarla.
Quizás porque la Antigua Grecia fue el lugar donde nació la idea de la democracia, los griegos son antimonárquicos. No les gustan los reyes
Sofía hacía dos años que se rendía a los pies de su excelencia el dictador Franco, cuando en 1964 su hermano Constantino llegó al trono de un país al que definir como caótico se queda corto. Hay un proverbio griego que dice: "Donde hay dos griegos existen tres partidos políticos". Winston Churchill luego adaptó este dicho a su manera y dijo: "Donde hay tres griegos juntos, habrá dos primeros ministros y un jefe de la oposición". Tienen fama de no ponerse de acuerdo.
Esto por lo que respecta a la política, porque en lo referente al asunto real, quizás porque la Antigua Grecia fue el lugar donde nació la idea de la democracia, los griegos son antimonárquicos. No les gustan los reyes. Si en algunos momentos los soportaron o votaron la reinstauración de la monarquía fue porque el caos era tal en el país que los pobres no sabían ni para dónde tirar ni con quién probar ni qué régimen elegir. Cuando no les invadían los turcos, les invadía Mussolini, y si no, Hitler… los reyes tan pronto entregaban el poder a dictadores como se hacían los demócratas, las crisis económicas eran consecutivas y las vidas y maneras de los reyes y reinas provocaban rechazo entre los griegos. Así que el recién estrenado rey de Grecia Constantino II, hermano de Sofía, cuñado de Juan Carlos, duró lo que duró en el trono... tres años y poco.
Lo echaron del país porque se saltó la Constitución y juró fidelidad a la junta militar que dio un golpe de Estado… aunque dijo que él no quería, que fue sin querer, que solo lo hizo por táctica para luego intentar un contragolpe… Había tal inestabilidad y tal caos político que es casi imposible resumir la situación de Grecia. Constantino huyó del país en 1967, camino de Roma y estresado perdido porque Grecia era una montaña rusa. Hasta que en 1973 hubo un plebiscito, les preguntaron a los griegos si querían la abolición de la monarquía, una mayoría aplastante dijo que rotundamente sí… y hasta hoy. A tomar viento fresco los reyes en Grecia.
La oficialidad dice que, cuando la dinastía franquista de los borbones pilló el trono en 1975, Juan Carlos invitó a su suegra Federica y a su cuñada Irene a que se vinieran a España y se instalaran en la Zarzuela a gastos pagados por Presupuestos Generales del Estado y con la entrega inmediata de pasaportes españoles. Ole.
Como soy poco dada a comulgar con la oficialidad sin hacerme preguntas, me da en la nariz (reconozco que sin pruebas) que esa invitación de Juan Carlos era más que interesada para mantener a Sofía entretenida y acompañada mientras él gamberreaba con las amantes. Sea como fuere, Irene no aceptó la invitación de momento porque estaba con mami en Madrás haciéndose hinduista, vegana y flipada. Federica, en cambio, no vio mal aprovechar la invitación para ir y venir.
Hasta allí, hasta Madrás, se fue Sofía con los niños en un arrebato cuando pilló prácticamente en la cama a Juan Carlos con una de sus novias. Con las mismas tuvo que volverse, claro. Primero, por la bronca que le dio su madre diciéndole que con los cuernos… ajo y agua. Para eso están las reinas. ¿Con quién creía haberse casado Sofía? ¡Coño… que era un borbón!
Resulta ofensivo que los medios blanqueadores y los y las periodistas borbónicos estén vendiéndonos como méritos todos y cada uno de los privilegios y ventajas de las que ha disfrutado la tía Pecu para hacer todo lo que hizo
Federica pasaba en Madrid, en la Zarzuela, largas y placenteras estancias en las que aprovechaba para hacerse algún retoquito estético. De uno de ellos no salió en 1981. A partir de los años ochenta fue cuando Irene, ahora sí, imbuida de una espiritualidad hindú que conjugó convenientemente con su idealista cristianismo ortodoxo, para así tener contentos a dios, Krisna, Kali y Shiva, aceptó la invitación de su cuñado Juan Carlos para empadronarse en el ala derecha de la Zarzuela.
No se trata de repetir aquí el laudatorio de las últimas 48 horas desde que se conoció la muerte de Irene, pero resulta ofensivo que los medios blanqueadores y los y las periodistas borbónicos estén vendiéndonos como méritos todos y cada uno de los privilegios y ventajas de las que ha disfrutado la tía Pecu para hacer todo lo que hizo. Ahora resulta que ser peculiar y vivir a gastos pagados se le llama tener una "vida fascinante", como lo calificó el diario independiente de la mañana. Lo reproduzco para quien se lo perdiera: "Tuvo una vida fascinante: nunca quiso casarse ni tener hijos, así que usó su tiempo para nutrir sus pasiones: fue aprendiz de arqueóloga y concertista casi profesional, alumna avanzada del hinduismo, filántropa, animalista, entusiasta del esoterismo y aficionada a la ufología (el estudio de los ovnis). No recibía una asignación económica oficial, no tenía posesiones, joyas, ni ropa de firmas de lujo".
Qué grande la tía Pecu, que como no trabajaba ni tenía que pagar piso ni luz, ni agua, ni gas, ni alimentos, ni jardinero, ni el mantenimiento de la piscina, ni desplazamientos, ni vacaciones, ni nada que le impidiera tener una fascinante vida, pudo dejarnos una biografía tan nutrida, y hasta crear una ONG que mandaba vacas a la India y de la que desconozco de dónde vendrían sus fondos, pero que nadie me discuta que su posición en la Casa del Rey facilitó mucho conseguirlos.
La tía Pecu no solo tuvo pasaporte español desde que aceptó la generosa oferta de su cuñado, también tuvo el fascinante privilegio de conseguir la nacionalidad española sin pasar examen ni tener que identificar los ríos de España
Eso sí, Irene de Grecia, más que consciente de su privilegiada situación y sabedora de que para mantenerla debía comportarse (sin forzar, porque creo que de verdad ese era su espíritu), mantuvo siempre una exquisita discreción. Ni siquiera en las fotos de las escaleras de la Zarzuela, que reunía a tropecientos borbones y agregados, ni en los posados de Marivent se dejaba ver. Era un: "Vivo de ellos, vivo con ellos, pero no soy uno de ellos". Vivir de ellos entiéndase como "nosotros". Puede que la tía Pecu no se sintiera cómoda con el título de Alteza Real que mantuvo en este país que no era el suyo, pero tampoco quiso hacerle un feo a su cuñado cuando se lo endosó.
La tía Pecu no solo tuvo pasaporte español desde que aceptó la generosa oferta de su cuñado, también tuvo el fascinante privilegio de conseguir la nacionalidad española sin pasar examen ni tener que identificar los ríos de España. Me permito repetir, porque viene a cuento, lo que ya comenté en una columna anterior: Irene era española de pleno derecho desde que en 2018 un Real Decreto a propuesta del ministro de Justicia Rafael Catalá (PP) le concedió "la nacionalidad española por carta de naturaleza a Su Alteza Real doña Irene de Grecia de Hannover en atención a las circunstancias excepcionales que concurren". Esas circunstancias eran ser cuñada del exrey defraudador, hermana de la exreina cómplice y tía del actual jefe del Estado, porque la nacionalidad por carta de naturaleza se consigue, sobre todo, por enchufe, porque no está sujeta a normas administrativas. Es una concesión graciable, que en el caso de la tía Pecu tuvo, más que gracia, guasa.
Otra de las características que la rendida prensa ha destacado con ocasión de la muerte de Irene fue el infortunio de haber tenido que nacer en Ciudad del Cabo porque sus padres salieron huyendo de Grecia por culpa del nazismo. Por supuesto, obviando el minúsculo detalle de la pertenencia de la propia madre de Irene a las Juventudes Hitlerianas. A poco que Federica hubiera negociado con Hitler, lo mismo hasta habrían apañado una estancia agradable durante la invasión de Grecia por las potencias del Eje.
Algo bueno tuvo, sin embargo, que la pequeña de la familia naciera en Sudáfrica, porque cuando la familia real griega pudo regresar a Atenas, la niña Irene quedó fascinada con la fascinadora Acrópolis, y ahí nació su fascinación por la arqueología que, entre otras cosas, han convertido su vida en fascinante.
Insistiré una vez más en lo dicho. Lamento que Sofía haya perdido a su hermana y pilar anímico fundamental. Me da sentimiento, de verdad, pero no lástima.
El 15 de enero de 2026, el mismo día que murió Su Alteza Real Irene de Grecia en el palacio de la Zarzuela, rodeada de todos los cuidados privados médicos que requería, murió también mi amigo Fernando Reinlein en el hospital público de La Princesa
Yo también estoy tocada en estos días por la muerte de un jefe, un amigo y un comprometido demócrata: el teniente coronel Fernando Reinlein, uno de aquellos jóvenes capitanes rebeldes que, a rebufo de la Revolución de los Claveles en Portugal, creyeron posible dar un paso para traer la democracia a España y fundaron la UMD (Unión Militar Democrática). Se jugaron el cuello por nosotros, perdieron, sufrieron presidio, estuvieron a un paso de la pena de muerte, fueron degradados, perdieron sueldos y carrera, sus familias quedaron desasistidas y señaladas… y este país nunca se lo ha agradecido como merecieron.
El 15 de enero de 2026, el mismo día que murió Su Alteza Real Irene de Grecia en el palacio de la Zarzuela, rodeada de todos los cuidados privados médicos que requería desde hacía ya muchos meses, murió también mi amigo Fernando Reinlein en el hospital público de La Princesa. Puede que aún suenen en su móvil las llamadas entrantes con la música del Himno de Riego. Él sí tuvo una vida fascinante. Y muy jodida.
Tienes toda mi gratitud, Fernando. Tú y José Fortes y Arturo Gurriarán y Enric López… Todos. Los que ya han muerto y los pocos que aún viven son memoria democrática, son historia decente de este país, pero sobre todo son un grato recuerdo de libertad. Hombres fascinantes.

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