Opinión
Frente a los García Albiol de turno, más Pisarello

Por Sato Díaz
Coordinador de Política.
La separación entre Barcelona y Badalona es casi imperceptible. El río Besòs actúa de frontera natural con los diferentes municipios que por el norte prolongan el área metropolitana. Barcelona, Sant Adrià de Besòs, Santa Coloma de Gramanet, Badalona... El diseño gráfico de los elementos de cada ciudad (contenedores, placas de la nomenclatura del callejero, señales informativas...) ayuda a situarse en esta gran conurbación que es el Área Metropolitana de Barcelona donde se amontonan los edificios y las calles sin fronteras visibles entre los distintos municipios. Donde los sabores y las músicas de todos los lugares del mundo se suceden.
Barcelona y Badalona siempre han sido sujetos independientes, pese a su proximidad. En el siglo I a.C. la colonia romana Barcino daría origen a la actual ciudad de Barcelona. En el mismo siglo se fundaba Baetulo, ciudad romana donde hoy está Badalona. Con la gran expansión de la capital en los siglos XIX y XX, Barcelona se anexionó diferentes localidades aledañas que hoy son barrios o distritos: Gràcia, Sants, Sant Andreu, Sant Martí... Pero nunca incorporó Badalona a la metrópoli. Barcelona es hoy la primera ciudad de Catalunya por población con más de 1.700.000 habitantes. Badalona (230.000) es la cuarta, por detrás de L'Hospitalet de Llobregat (290.000) y Terrassa (233.000), ambas también localidades metropolitanas.
La casualidad ha hecho que en muy pocos días se hable en los medios de comunicación de todo el Estado sobre Barcelona y Badalona por la misma cuestión, la migración, pero desde polos opuestos. El pasado sábado 20 de diciembre Gerardo Pisarello daba un paso adelante para ser el candidato de Barcelona En Comú a la alcaldía de la capital en las próximas municipales de 2027. El argentino daba el pistoletazo de salida a su nuevo proyecto político apelando a sus orígenes: "Quiero ser el primer alcalde de Barcelona de origen migrante".
Unos días antes, los Mossos d'Escuadra desalojaban el antiguo instituto B9 de Badalona, tras una orden judicial solicitada por el Ayuntamiento de la localidad presidido por Xavier García Albiol (PP). Más de 400 personas, en su mayoría migrantes subsaharianos, vivían en este edificio, las cuales quedaron en la calle en pleno mes de diciembre, con unas condiciones climáticas duras y adversas.
La situación generó la reacción de diferentes relatores de la ONU. "Desalojar a una persona en pleno invierno y dejarla sin hogar constituye una grave violación del derecho a una vivienda adecuada" y también puede constituir un "trato cruel, inhumano o degradante", señalaron en un comunicado el relator para la vivienda, Balakrishnan Rajagopal, y su homólogo para los migrantes, Gehad Madi, quienes reclamaron a los representantes públicos cesar la retórica que criminaliza a las personas migrantes: "Los migrantes se enfrentan a múltiples dificultades a la hora de acceder a una vivienda adecuada y las autoridades públicas deben esforzarse por combatir la discriminación, no por alimentarla". El arzobispo de Tarragona criticó también duramente el desalojo y la Fiscalía se ha movilizado por si se hubieran vulnerado los derechos de las personas migrantes.
La migración es el chivo expiatorio del mundo. La ultraderecha conquista el sentido común a través de mentiras que enfrentan a colectivos sociales vulnerables entre sí. El relato que se impone señala al migrante como causa de todos los males. De igual manera que lo hace con las personas LGTBIQ+ o con la pobreza (aporofobia). Situar al enemigo público lejos del poder que aspira a ostentar y de las élites que conforman es la estrategia que tan buenos resultados les está dando. García Albiol es un especialista en esto, en sus apariciones públicas relaciona migración con delincuencia, algo que lleva años haciendo desde aquel famoso eslogan 'Limpiando Badalona' de hace diez años. Así, conduce el malestar social hacia el odio al extranjero y migrante pobre. Estos días, en Badalona, se ha visto cómo vecinos se han movilizado para que una parroquia no diera cobijo a esta gente que se ha quedado en la calle. En verano, ya vimos escenas similares en el municipio murciano de Torrepacheco. Por suerte y justicia, las manifestaciones solidarias con las personas migrantes han sido más concurridas.
Las izquierdas llevan años debatiendo sobre cuál debe ser su postura ante el fenómeno migratorio y las derechas han ganado esta partida imponiendo su relato. Por eso, que Pisarello escogiera para su candidatura la idea fuerza de ser el "primer alcalde migrante" de Barcelona es una apelación al momento histórico que vivimos. El de Barcelona En Comú trasciende así el debate de lo municipal y lo lleva hasta lo global. La campaña versará, en cierta medida, sobre si un migrante puede coger el bastón de mando de una ciudad que ya con Ada Colau permitió que una mujer, y además LGTBIQ+, fuera la primera alcaldesa alcaldesa.
En la capital catalana, según datos de este verano del propio Consistorio, el 26,4% de la población es de nacionalidad extranjera. ¿Permitirá la sociedad barcelonesa a este colectivo asumir las riendas de la ciudad? ¿Otorgar el poder que se ejerce desde el ala oriental de la Plaça de Sant Jaume? El momento actual es el momento de las personas migrantes. Mientras el pensamiento reaccionario se fundamenta, precisamente, en confrontar contra la migración, el antirracismo se convierte en un arma valiosa contra el consenso ultra. Y qué mejor manera que poner al frente a una persona migrante para combatir el racismo.
Cuando Zohran Mamdani logró la alcaldía de Nueva York el pasado mes de noviembre, no solo supuso la llegada al poder político de la ciudad de los rascacielos de un joven de 34 años nacido en Kampala (Uganda), de raíces musulmanas y pensamiento socialista. Su victoria fue leída en todo el mundo como una derrota de Donald Trump nada más y nada menos que en su ciudad natal. Hoy, mientras García Albiol necesita de la humillación del migrante pobre y negro para fortalecer su poderío, un latino aspira a ser alcalde de Barcelona. El debate de la campaña de Pisarello ya es un debate que apela a todos, aunque no vivamos en Barcelona: ¿Pueden las personas migrantes asumir el poder? Frente a García Albiol, póngame un Pisarello.
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