Opinión
Frente a las narrativas pesimistas, elijo otra mirada

Por Marga Ferré
Presidenta de Transform Europe
Se ha instalado un relato depresivo, como si solo lo malo fuera narrable, que inunda medios, redes, discursos políticos... como si quienes emiten esa narración tuviera el propósito de entristecernos.
Mientras escribo, Estados Unidos e Israel han lanzado un ataque contra Irán y cómo no entristecerse cuando la guerra atenaza. Aunque ratifico los males de nuestro tiempo, me propongo no analizarlos desde la tristeza; será porque esa forma deprimente no me suena a realidad: me suena a matriz disciplinaria.
Veo por todas partes una narrativa hiperbólica y tremendista: España se cae a chachos, el fascismo es imparable, vamos a una guerra, los inmigrantes nos lo van a quitar todo... Ahora, con el bombardeo a Irán, los titulares catastrofistas se multiplicarán: "Tercera Guerra Mundial", "El fin del orden mundial", “La ley del más fuerte”. Una narrativa empantanadora que lo que pretende es perpetuar la realidad, espero que nadie se equivoque; no buscan polarizar, sino paralizar. Ideas emitidas con seriedad solemne, pero con el mismo rigor científico que un augur escudriñando el vuelo de las aves.
Para ellos, todo está tan mal que no hay nada que hacer, solo echarle la culpa a los de abajo o al de al lado, no sea que a alguien se le ocurra mirar hacia arriba. O al enemigo odiable, hoy Irán, ayer Rusia o Venezuela, mañana ya veremos. Una doble narrativa que les viene muy bien a los cenizos. A la derecha, ni les cuento.
Quizá por eso me alegra tanto que avancen narrativas que desplazan esta mirada pesimista y paralizante, que van más allá de la crítica que se limita a levantar acta de los males que nos quejan. Empieza a abrirse hueco, de forma global, una crítica afirmativa que disputa futuros con los pies en la tierra, rompiendo en pedazos la orden disciplinadora de no imaginarlos.
La teoría crítica afirmativa no es una escuela sino una forma de enfrentar la realidad, no se limita a denunciar lo existente, sino que se centra en las posibilidades de cambio de lo que ya se está gestando. Pone el foco en "lo que podría ser" más que en "lo que es incorrecto", abriendo espacio a la imaginación y a la experimentación de otras soluciones posibles. Es una propuesta que viene desde el Sur Global y que nos refresca.
La interpreto como una reacción a los discursos dañinos de la extrema derecha, que se expanden como las ondas de una pedrada en el agua. Pedradas que dictan que solo nos queda odiar: ese “gigantesco timo psicológico”, como llamara Adorno a la propaganda de la derecha radical. ¿No se han dado cuenta de que Ayuso o Abascal solo usan metáforas, clichés y un victimismo insoportable? Vox nunca habla de economía y a Feijoo está por esperársele alguna propuesta seria, más allá del lloriqueo constante.
Un pesimismo como actitud que encuentro también en algunos ámbitos de la izquierda (pocos, pero existen) que anuncian que, como es inevitable un triunfo de la derecha y Vox en España, mejor nos dedicamos a otra cosa, que tampoco tengo muy claro qué es, más allá de las apelaciones a una futura resistencia. En cualquier caso, sirva este artículo para recordar que ningún futuro está escrito y que es siempre un tiempo en disputa.
En esa disputa, las emociones importan. Si la ira y el resentimiento son las emociones que la derecha manipula, la izquierda siempre ha sido más hábil a la hora de convertir estas emociones en acciones positivas y de empoderamiento colectivo. Una dinámica emocional muy usada por los movimientos sociales en los que la transformación de la vergüenza en orgullo e ira, o el uso del humor y el descaro, han sido cruciales para su éxito.
Los movimientos sociales y las izquierdas tienen una rica tradición en la fusión del arte con el activismo y, más amplia aun, en crear formas inventivas de protesta. No sé ustedes, pero yo he notado cómo, en Internet, la izquierda está reconquistando las redes sociales (no X, claro, eso es irrecuperable), pero sí otras. Al menos yo no paro de ver vídeos, memes e imágenes que amplifican los mensajes sobre conflictos, movilizaciones y hasta los debates teóricos más avanzados.
Y me alegra; no solo porque aprendo y me reconcilia con unas redes que casi daba por perdidas en el fango ultra, sino porque con el tiempo he sabido que el entusiasmo y el orgullo son las emociones que suelen conducir a una mayor activación política. Lo debe saber la derecha: con la propuesta de unidad de la izquierda y el interés que genera, a más de uno se le ha borrado la sonrisa.
Harta de agoreros y con el mundo más incierto que ayer, mantengo que el miedo es una elección, no una condición y con esto en mente yo también me pongo a escudriñar el vuelo de las aves desde mi balconcito urbano, a ver si así adivino el futuro. Pero lo que su vuelo me dice es que no lo saben, leo en sus giros que el futuro está abierto, que es impredecible y que, por tanto, existe la posibilidad de que podemos cambiarlo a mejor. ¿Fácil? No, pero perfectamente posible.
Al menos eso me dicen las aves.

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