Opinión
¿El futuro de la energía son las nucleares, más gas y menos autoconsumo?

Hace unos días, mientras estábamos a 36º C en Madrid, tuve ocasión de conocer en una intervención ante universitarios al ex secretario de la Energía del PP Alberto Nadal, quien ocupó el cargo entre 2012 y 2016, durante el gobierno de M. Rajoy. Bajo su responsabilidad se aprobó el llamado "impuesto al sol", que acabó penalizando el autoconsumo de energías renovables, una decisión que nos ha llevado a todo el país a tener una deuda mil millonaria por la que nos embargan bienes en todo el mundo.
Durante su intervención, con objeto de las jornadas “El futuro de la energía” en la Universidad Juan Carlos I, Nadal dejó claro que sigue siendo un firme defensor de ese "peaje" -eso si, rechaza el calificativo popular de impuesto-, la barrera que hundió en 2015 el autoconsumo fotovoltaico en España al obligar a pagar por cada panel puesto en una casa o negocio, con un proceso burocrático que espantó a la industria. Por una decisión de su departamento, las ayudas prometidas a las renovables se convirtieron en costes, y encima con carácter retroactivo. Cabe recordar que en España el Tribunal Supremo impidió que los 60.000 afectados nacionales, casi todos pequeños inversores, recibieran ninguna compensación. No así las grandes corporaciones y los fondos de inversión, que acudieron a la jurisdicción internacional y lograron condenas al Estado español en 51 demandas que han generado una deuda de 2.300 millones. Pese a que el siguiente gobierno revertió la situación, esa deuda hoy amenaza a bienes como sedes del Instituto Cervantes o las cuentas españolas para el Mundial de fútbol en Estados Unidos.
Pues bien, con esos antecedentes, el actual responsable de Economía y Desarrollo Sostenible del PP continúa defendiendo que cada usuario con autoconsumo -sistema por el que apuestan los expertos en descarbonización- vuelva a pagar ese ‘peaje’ para destinarlo al mantenimiento de la red general de electricidad, aunque ese usuario esté desconectado de ella casi todo el tiempo; es decir, debe pagar por tenerla como respaldo. Para Nadal es lo justo para que no haya agravios comparativos, "con una familia de Móstoles con tres hijos que no puede poner placas solares en su edificio y usa el horno y la plancha". La explicación: las redes de distribución actuales no están preparadas para un sistema descentralizado y es más fácil centralizar toda la producción en grandes instalaciones "en la España vacía o despoblada", calificativo que repitió varias veces. Ahí las únicas productoras son grandes empresas, casi todas multinacionales o fondos de inversión que poco conocen el territorio. O se buscan las ‘mañas’ (como Forestalia) para que les aprueben sus informes de impacto ambiental. Además, obvió que la energía de autoconsumo sobrante iba a la red general gratis y que era más eficiente que trasladarla cientos de kilómetros. ¿La intención, si vuelven a gobernar, es hacer lo mismo que hace una década?
No fue lo único llamativo en su conferencia. Nadal insistió en que su partido no es negacionista climático, pero dejó claro que “los compromisos climáticos basados en mentiras generan rechazo social”, y las mentiras son, en su opinión, marcarse objetivos de descarbonización que no se pueden cumplir o poner metas de vehículos eléctricos de cara al futuro. Defiende que lo mejor es dejar que la tecnología avance a su ritmo, sin fechas ni metas. Entre esas tecnologías, que dice que no se están apoyando, mencionó mejoras en los motores de combustión actuales (es decir, seguir soltando más CO2 a la atmósfera); biocombustibles, aunque sean a costa de los bosques tropicales del planeta; captura de CO2 de esa atmósfera o el hidrógeno verde, sistemas que de momento sí son una ilusión. Y, por supuesto, la energía nuclear, aunque no mencionó que una central nueva tardaría en construirse entre 15 y 20 años y que los residuos andan repartidos por piscinas porque nadie quiere un almacén subterráneo y radiactivo cerca de su casa. Eso no impide su convencimiento de que "España sea la pila de Europa", es decir, que nuestro campo ponga nuestra biodiversidad al servicio de un consumo al que, por supuesto, no se quiere poner freno. Su opción, por tanto: energía renovable en grandes extensiones, que las corporaciones almacenen, nucleares y para periodos punta la hidroeléctrica, que ese mismo cambio climático condena con cada vez más años de sequía.
En una cosa si tuvo razón y es en que la UE sola, y menos España, no va a solucionar el cambio climático global mientras EEUU, Rusia o China siguen tirando de gas, petróleo y carbón. Como ex director del Banco Interamericano de Desarrollo, nos recordó que los países en desarrollo se niegan a reducir emisiones de CO2 y recordó que la UE solo supone el 6% de ellas, pero se le olvidó comentar que esos países no tienen culpa del cambio climático y que ese 6% es un dato incompleto: los europeos tenemos un consumo per cápita de dióxido de carbono 14 veces mayor que un africano y más del doble que un latinoamericano. De ahí que sorprenda su defensa de los viajes en avión, como un derecho adquirido irrenunciable para la vida, pero solo en el hemisferio norte, mientras en el sur se vulnera su derecho a estar vivos. O su apoyo a la construcción de los centros de datos gigantescos, que dice que deben absorber la energía renovable que nos sobra. Pero entonces, si sobra ¿para qué construir más instalaciones?
Preguntado por el transporte, como sector fundamental a descarbonizar junto a la industria, Nadal mencionó que el coche privado “da libertad” y que, aunque hay que potenciar el transporte público, recomienda un método que existe en Londres o Washington: se paga más en hora punta porque la demanda es mayor, aunque sea la habitual para los trabajadores de rentas más bajas. Resultado: se les penaliza frente a otros viajeros con horarios minoritarios o a quienes pueden evitar ese coste, como los turistas. Un sistema que los sindicatos británicos consideran injusto, dado que no es el empleado quien decide cuándo trabajar, sino la empresa.
En definitiva, el senador popular dejó claro por dónde irán los tiros en el futuro si ganan las siguientes elecciones (si no pactan con la extrema derecha, que además quiere potenciar centrales térmicas de gas porque lo del cambio climático no tiene que ver con los humanos y su actividad, puro negacionismo). Que España se convierta en un territorio donde habitar sea un reto entre fuegos, inundaciones y olas de calor, con más miles de muertos por estos fenómenos extremos, con peleas entre unos y otros por el agua dulce o sin fauna silvestre, salvo en cotos de caza, parece que no tiene importancia.

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