Opinión
Un guante por el culo de la guerra

Por Sato Díaz
Coordinador de Política.
Sexo y guerra, Eros y Tánatos, placer y sufrimiento, amor y muerte. Conceptos trágicamente conectados a lo largo de la historia del arte y del pensamiento. Como un péndulo, la humanidad siempre regresa a esta doble pulsión: construcción y destrucción. Guerra y paz. En Madrid, el domingo 5 de octubre por la tarde ya habían colocado parte del graderío que recorre el eje Prado-Castellana por donde pasará el desfile militar este domingo, Doce de Octubre. Pasadas las 23 horas, varias decenas de personas abandonaban el Museo del Prado y se daban de bruces con una resacosa ciudad. Dentro, un disruptivo ritual había tenido lugar.
Cuatro actos performativos se sucedieron en las entrañas del museo, una vez este se había vaciado de turistas, con motivo de la celebración del festival BoCA (Bienal de Arte Contemporáneo de Lisboa), que este año había escogido Madrid como ciudad hermanada, una "travesía ibérica". A veces, Portugal y España se dan la mano; muchas veces, la espalda. Dentro, dos artistas lusos (Tiago Rodrigues y Patricia Portela) y dos españoles (Rodrigo García y la recién galardonada con el Premio Nacional de Teatro, Angélica Liddell) utilizaron las salas de la pinacoteca como escenarios donde desarrollar sus performances y los cuadros como escenografía y como espectadores. Las artes vivas tienen esa voluntad de transgredir las disciplinas y mezclarlas, relacionarlas con el espacio y el tiempo de una manera no convencional: nunca más se verá esa acción artística en el mismo lugar, de la misma manera. Un elogio del presente.
Y así pasó que un grupo de niñas y niños vilipendiaban en una conversación (lectura dramatizada) lo bélico y su sinrazón. Hacían de ello confidente a Marte, el dios romano de la guerra retratado por Diego de Velázquez en una versión irónica de las figuras clásicas, humanizándolo, mostrando la decadencia de los mortales en contraste con la perfección de los dioses. Era la pieza de Rodrigo García, quien puso frente al público (un grupo de 100 personas para las que se abrió el Prado exclusivamente) a estas chavalas. Lo más grandilocuente dicho en boca de un niño acaba por convertirse en un juego. La guerra, un juego. Las niñas reparten a los asistentes una postal lenticular, de esas en las que cambia el dibujo al menearla, al modificar el ángulo desde el que se mira, de esas fotografías que parecen que se mueven. "5%... ¿estáis de coña?", se puede leer en un bocadillo dentro de la ilustración de la postal, haciendo referencia a la desmesurada cifra del PIB que la OTAN exige invertir en defensa. Marte rompe la postura y la quietud mantenidas durante cerca de cuatro siglos en la pintura de Velázquez y marcha, quien sabe si a la guerra, quien sabe si, por el contrario, huye de ella.
Este jueves Donald Trump estaba eufórico al arrancar el alto el fuego en el genocidio que Israel perpetúa contra el pueblo palestino que se ha llevado decenas de miles de vidas gazatíes por delante. El mandatario ultra aspiraba a ser el nuevo Premio Nobel de la Paz, finalmente fue premiada la opositora derechista venezolana María Corina. Lo del Nobel, para Trump, es algo personal contra Barack Obama, sobre quien el actual inquilino de la Casa Blanca muestra absoluta repugnancia. Si el primer presidente negro de los Estados Unidos logró el galardón, el magnate, culo que ve, culo que quiere. Trump, el pacifista, cargaba este mismo jueves de nuevo contra España por la negativa del Gobierno de Pedro Sánchez a aumentar el gasto militar hasta el 5% del PIB en la última cumbre de la OTAN. "Quizás deberían expulsar a España de la OTAN", amenazaba el presidente estadounidense.
El público ahora sigue a un perro llamado Goya por el laberinto de cuadros. Sofia Dias y Vítor Roriz ponen voz a los pensamientos del can, durante su paseo por el museo, en esta pieza de Tiago Rodrigues. El perro reflexiona sobre las diferencias entre humanos y perros. Los asistentes se sientan en el suelo del Prado para observar desde abajo el cuadro Perro semihundido de Francisco de Goya. ¿Hacia dónde mira el animal? Todo depende de la perspectiva con la que se afronte cada situación. ¿Hacia dónde mira el público? ¿Es igual el cuadro contemplado desde el suelo que si se hiciera lo propio desde el techo? ¿Cómo ven los humanos a los perros? ¿Y los perros a los humanos?
El tercer hito performativo de la noche se desarrolla en torno a la famosa obra Los Fusilamientos del 3 de mayo, también de Goya. Unos esperan a ser fusilados y se tapan la cara; otros apuntan con las armas; otros miran de frente a su verdugo segundos antes de morir... Una luz inserta en el cuadro ilumina, principalmente, a los que ya han muerto, a las víctimas. Los victimarios son un pelotón de fusilamiento, una masa uniforme con los rostros ocultos. En la performance de la dramaturga lusa, Patricia Portela, a modo de conferencia teatralizada, dos mujeres analizan el cuadro y lanzan reflexiones al aire. ¿Los que hoy asesinan serán asesinados en el futuro? ¿Se detiene el tiempo antes de morir? Reflexiones pertinentes en este momento en el que el mundo va mutando en un campo de batalla. Los desastres de la guerra, así tituló el prestigioso artista zaragozano a una serie de grabados en los que muestra las trágicas consecuencias de esta inhumana costumbre.
El 29 de junio de 2022 se celebraba en Madrid una cumbre de la OTAN. La cena de gala tuvo lugar, precisamente, en el Museo del Prado. En el Claustro, se reunieron los mandatarios. En la Sala de las Musas, sus acompañantes. El pasado 5 de octubre, las ocho esculturas talladas en mármol del siglo II d.C., que representan las musas de las artes y las ciencias, rodeaban a un ataúd de madera en forma de cruz. Las varias decenas de espectadores elegidos para esta singular noche teatral en el Museo del Prado se acomodaron en la sala. Llegaba el broche final, el espectáculo preparado por Angélica Liddell.
El ataúd con forma de cruz latina, en el centro del espacio escénico. Un boletín informativo radiofónico narraba las distintas y extravagantes muertes ficticias de la propia Liddell. Todas estas muertes estaban relacionadas con contextos sexuales para nada convencionales: orgías, parafilias... Liddell aparecerá por fin y con un guante blanco acariciará el marco dorado de uno de los cuadros del salón, guante blanco que se acabará metiendo por el culo pocos minutos después a escasos metros de los espectadores. Después se encerrará en el ataúd. Vendrá un actor desnudo, Yuri Ananiev, a rescatarle. Finalmente otro actor, Sindo Puche, acabará encerrado en el ataúd con forma de cruz y su pene se asomará por un agujero. Con el miembro jugueteará un rato la premio nacional. Las musas guardan silencio ante esta exaltación de Eros y de Tánatos. La foto de las acompañantes de los mandatarios de la cumbre de la OTAN se desplegará al final de la performance. Mismo espacio, diferentes usos, distintos momentos.
Noche cerrada al terminar el espectáculo. El interior del Museo queda en silencio, las miradas de los personajes de los cuadros se pierden en la oscuridad. Un arrebato de provocación, un alarde de libertad artística ha tenido lugar en el interior de esta institución cultural dependiente del Ministerio de Cultura. Madrid se prepara para otro Doce de Octubre, nada que celebrar. Por la puerta del Museo desfilarán, tan solo una semana después, más de 3.800 militares, 229 caballos, seis perros, una cabra, 123 vehículos militares, 39 motos y, por el cielo, sobrevolarán la capital 45 aviones y 25 helicópteros.
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