Opinión
Heil Hermann
Por David Torres
Escritor
Hay que ver cómo se ha puesto Hermann Tertsch, total, porque le colaron unas imágenes de Franco jugando al voleibol con unos cuantos miles de aficionados. Hasta pidió explicaciones y todo, como si no le bastara con el hecho de que estaba en Telemadrid, la televisión que le prestó Esperanza Aguirre a Ignacio González. Qué más explicaciones quiere, no iban a ponerle detrás una película del fusilamiento de Companys. En la Sexta o incluso en Telecinco, se entendería el equívoco, pero en mitad del búnker del PP madrileño la anécdota adquiere rango de fenómeno poltergeist. De hecho, si lo pronuncias de carrerilla y dos copas de más encima de un taburete, poltergeist suena casi igual que Hermann Tertsch. El caso es que, con tantos trabajadores despedidos (casi todos bolcheviques, como explicó el propio Hermann con su particular gracejo tuitero), resulta bastante extraño que en Telemadrid todavía emitan algo aparte de la carta de ajuste. Lo más probable es que le encargaran la tarea de documentación a la señora de la limpieza, que entró en los archivos y agarró la primera cinta que encontró (si hubiera agarrado la última, habría salido Franco inaugurando un pantano).
La relación de Hermann con Telemadrid siempre fue un poco bélica, al estilo de la guerra de los Rose con Ana Samboal y también sin ella. Había noches en que primero se le trababa la lengua y luego se escoraba un poco para salirse del plano y hasta intentaba el cuerpo a tierra, como si en vez de con una cámara le enfocaran con una ametralladora. Algunas veces se quedaba en blanco, como si estuviera pensando en el contubernio judeo-masónico internacional, pero lo de la otra noche parecía más bien un deja vú, una ouija captando espíritus. Justo cuando Hermann estaba hablando de Aznar, apareció detrás el teleñeco del general Franco, una maniobra típicamente etarra porque ni Aznar usó jamás esa gorra de legionario ni Franco podía presumir de abdominales. Telemadrid no sólo sigue siendo un nido de rojos sino que ya funciona como una sucursal de Al Jazeera.
Sin embargo, lo mejor de todo fueron las excusas que le dieron a Hermann al finalizar la emisión. Le dijeron que iban a colocar de fondo unas imágenes de la Transición y la ilustraron con una parada fascista en la Plaza de Oriente. A Franco, de hecho, se le veía bastante joven, retozón incluso, una prueba de que la Transición empezó mucho antes de lo que comúnmente aceptan algunos historiadores, el 18 de julio de 1936 aproximadamente. Otros (de ésos que se sacaron el título de historiador por correspondencia) aventuran que la Transición, ese suave cambio de rasante, en realidad viene de más atrás, aunque no acaban de ponerse de acuerdo en si fue en la Guerra de la Independencia, en la batalla de las Navas de Tolosa o en las cuevas de Altamira. Lo lógico en Telemadrid hubiera sido ilustrar la amena charla de Hermann con un video de la toma de Granada por los Reyes Católicos pero o no había ninguno a mano o habrá que despedir también a la señora de la limpieza.
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