Opinión
No es la IA: es el machismo detrás de Grok

Periodista
-Actualizado a
Vayamos al fondo de las imágenes sexualizadas en la inteligencia artificial Grok. Una semana después sabemos que el asunto fue peor. No solo se pidió manipular fotos de mujeres en ropa interior, también se pidieron de niñas, niños o bebés. Una semana después varios países, y la Unión Europea, denunciaron la red social de Elon Musk, pero sus responsables no se alteran. Ni siquiera ellos han emitido un comunicado de asunción de responsabilidades, con su nombre y apellidos. No, se han escudado en que sea la propia inteligencia artificial la que publique unas disculpas.
Pero aquí, dos detalles que no podemos pasar por alto. Uno, el efecto de estas fotos. ¿Qué quieren provocar sobre nosotras? Quieren controlar nuestra presencia en las redes sociales y expulsarnos de ese espacio. Total, quienes corremos el riesgo de que hagan eso con nuestra imagen somos nosotras. Y no todas las mujeres van a iniciar procesos legales, pues también conlleva un coste y un desgaste luchar contra un gigante tecnológico. Y dos, cuestión que se comenta bastante menos. Hablemos de los responsables porque aquí son unos hombres, y no se llaman Grok. Primero, sus creadores, que diseñan herramientas donde el código ético ni está ni se le espera. Y segundo, los usuarios de la red social. Y, qué casualidad, la inmensa mayoría han sido hombres. Lo mismo que hace unos meses en los grupos de chats, que subían fotos privadas de sus parejas sin su conocimiento.
Que la inteligencia artificial modificara y sexualizara las imágenes de mujeres de la red no es porque el algoritmo se volviera loco. No es un fallo técnico. Es porque ha recibido una orden escrita. Y esa orden es humana. Y esa orden ha sido de hombres. Pedir el cierre de una inteligencia artificial es la solución corta, porque habrá otra que la sustituya. En cuanto se abra otra herramienta, volverá a repetirse el patrón.
El mal no es que exista una inteligencia artificial, es el uso. De la misma manera que un cuchillo se puede usar para matar o para cortar el pan del hambriento. Eso no quita que sea exigible que estas herramientas sean diseñadas de forma segura y ética, controlando la imagen y el consentimiento. Pero insisto, si se cierra Grok, abrirán otra que se llama Grik, por ejemplo, y volverá a pasar porque no se actúa sobre el problema: el patrón machista. Por eso unos hombres sí pidieron eso a la IA y otros no (aunque otros callaron). No creo que hayan visto a usuarias mujeres en masa pidiendo a Grok que desnude a hombres. Eso es educación. Si se actuara desde hace años sobre ello, no habría ni que esperar a lo que diga la Unión Europea. Para empezar, pueden tomar medidas los contactos que aparezcan en cada perfil de estos individuos, que lo han hecho en abierto, no en privado. Contactos que se supone que los siguen, o bien por admiración o bien por amistad. Estas personas deben enfrentarse a ellos en esa red. Un chatbot no puede rendir cuentas, pero los responsables de sostener a estos tipos que dan la orden de vulnerar la intimidad de una mujer, sí.
En el fondo Grok desvela muchos asuntos a tratar, más allá de la inteligencia artificial: la deshumanización de la mujer, la normalización de consumir imágenes sexuales sin consentimiento, el anonimato de la red, la búsqueda de poder o la adicción a estímulos inmediatos. La inteligencia artificial no inventa comportamientos, los refleja.
La pregunta crítica no es solo cómo impedir que una IA genere desnudos, sino cómo abordar la raíz de por qué alguien desea crearlos. Grok (la IA más usada en España) ha resultado no ser solo un chatbot. Grok se ha convertido en un espejo del machismo patrio.
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