Opinión
La insoportable levedad ecologista de Europa

Activista ecologista, fundador y coordinador federal de Alianza Verde
-Actualizado a
Cuenta la leyenda que el día que un lobo atacó a su pony favorito, Ursula Von der Leyen juró odio eterno al cánido. Desde entonces, trabajó para rebajar la protección europea de la que gozaba hasta arrojar la conservación de la especie a los mínimos actuales. Esta historia puede servir de metáfora que explica lo que está ocurriendo en la Unión Europea con el conjunto de la legislación de protección ambiental. Desde hace dos años ya no es sólo la protección del lobo, sino que una parte sustancial de las directivas ambientales están siendo rebajadas. La última cesión: la marcha atrás en la eliminación de los vehículos de combustión.
Recién terminada la Cumbre del Clima (COP30) podemos decir que la UE ha perdido el liderazgo global del que gozaba en materia de políticas de protección del clima. Si pensamos que los años 2023/2025 constituyen ya el período más cálido desde que hay registros, el abandono de la UE no puede ser mas inoportuno y grave. Sobre todo teniendo en cuenta que, mientras ningún país o grupo de países ha tomado el relevo en ese liderazgo, por el otro lado el negacionismo que lidera Trump continúa con su paseo militar.
Con ello, la COP30 se ha convertido en una nueva oportunidad perdida, cuando la ventana de oportunidad para hacer frente al cambio climático se va cerrando ante la impotencia de ver cómo las políticas van exactamente en dirección contraria.
Pero, ¿qué está pasando en Europa?
La Unión Europea alcanza su momento cumbre en el compromiso climático con la adopción del Pacto Verde en diciembre de 2019, con el objetivo de convertir a la UE en climáticamente neutra en el año 2050. Se aprueban para ello 13 Directivas que ponen en marcha medidas en diferentes sectores para avanzar de manera efectiva hacia esa neutralidad climática. De hecho ya en 2023 se consigue una rebaja de las emisiones europeas de casi un 40% con respecto a las emisiones de 1990. Pero ahora todo este esfuerzo se está viniendo abajo.
Las causas apuntan en primer lugar a un cambio en la prioridad europea. La agenda climática ha quedado aparcada, para dar maxima prioridad a una política armamentística y de rearme a la que se dedican masivamente los recursos. La mayoría de los países europeos están de acuerdo en aumentar el presupuesto de defensa hasta llegar al 5% que exige la OTAN. De hecho, en 2025 se estima que el gasto total en defensa alcanzará los 381.000 millones de euros, superando el 2,1% del PIB europeo. Desde 2020 el aumento del gasto europeo en defensa es del 68,87%. Y la tendencia es seguir aumentando hasta llegar a ese 5% que exige la OTAN.
En este contexto no hay espacio para ninguna otra política, y mucho menos para continuar con el compromiso de seguir adelante con el Pacto Verde.
El negacionismo ultraderechista sirve de contexto y justificación para cargarse las políticas ambientales. Mucho más cuando el Partido Popular europeo ha cambiado su agenda, asumiendo el ideario ultra en materia anti verde. A día de hoy el Parlamento Europeo se ocupa más de desmontar directivas ecológicas, que de seguir adelante con la agenda verde. Pero que nadie se lleve a engaño, esta reversión de las directivas ambienales no será en beneficio de los agricultores (tan utilizados por la extrema derecha en sus justificaciones). Al contrario, uno de los mayores recortes en la UE será precisamente el de los fondos destinados a la PAC. El rearme requiere de mucho dinero, y tiene que salir de algún lado.
En definitiva el discurso negacionista y las políticas de rearme son dos caras de una misma moneda: unos justifican el desmontaje de las políticas verdes, y otros aprovechan para destinar los fondos al armamento. Y así es como se compromete el futuro en un momento de crisis ecológica extrema.
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