Opinión
Israel y el conflicto civil europeo

Investigador científico, Incipit-CSIC
-Actualizado a
Lo vemos cada día en todos los medios. Un conflicto que crece y crece en Europa: policías deteniendo a manifestantes que protestan contra el genocidio en Gaza, dimisiones en los gobiernos, acuerdos que se rompen, controversias en eventos públicos. En un clima de creciente polarización, lo que sucede en Palestina da alas a nuestros enfrentamientos políticos. El genocidio nos afecta y afecta a nuestras democracias.
Sucede a gran escala, en el gobierno de la Unión Europea, y sucede a pequeña escala, en instituciones locales y organizaciones especializadas. Un buen ejemplo de ello es lo que ha ocurrido recientemente en la European Association of Archaeologists (EAA), la mayor asociación de arqueólogos de Europa, con cerca de 4000 miembros.
Después de dos años de tibieza inexcusable, la EAA decidió establecer un boicot académico contra Israel, como han hecho otras asociaciones. Los arqueólogos de ese país podían seguir participando en el congreso anual de la asociación, pero ya no como representantes de universidades israelíes. El boicot es similar al que la EAA impuso a Rusia tras la invasión de Ucrania en 2022.
Poco después, sin embargo, el comité ejecutivo revirtió su decisión. No solo eso. Cuando el grupo Archaeologists against Apartheid (Arqueólogos contra el Apartheid) anunció que realizaría acciones de protesta en el congreso (que este año se celebró solo online), la asociación envió un email a todos los participantes amenazando con expulsar a quienes participasen en dichas acciones y arrogándose el derecho a poner fin a la sesión en que tuvieran lugar.
Esto generó una gran confusión y una oleada de emails de protesta, que obligó a la EAA a enviar un nuevo email diciendo que se había malinterpretado el primero y que defendía la libertad de expresión. El mal ya estaba hecho y la respuesta era insuficiente.
¿Por qué digo que lo que ha sucedido en la EAA es representativo de lo que sucede en Europa? Conozco lo suficiente a los miembros de mi profesión como para saber que la inmensa mayoría, con excepción quizá de los alemanes, está horrorizada por los crímenes de Israel en Gaza. Prueba del consenso es que la asociación se vio forzada a imponer un boicot y que al día siguiente de revertirlo tuvo que emitir un nuevo comunicado.
Lo que ha ocurrido en la EAA es que un grupo pro-israelí muy pequeño, pero muy influyente, ha logrado imponer su voluntad de forma autoritaria.
Lo que ha ocurrido en la EAA es lo que está sucediendo en muchos gobiernos y en la propia UE. No hay una guerra civil europea. No hay un conflicto simétrico e irresoluble. La gran mayoría estamos en el mismo bando, que es, de hecho, el bando de los supuestos valores europeos: el de los derechos humanos. En una encuesta realizada el pasado junio en seis países (Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, España y Dinamarca), solo entre el 13% y el 21% de los encuestados se mostraron favorables a Israel. El porcentaje de críticos iba del 63% al 70%. En pocos temas estamos tan de acuerdo los europeos como en nuestro rechazo al genocidio.
Los grupos pro-israelíes en Europa están cercenando la libertad de expresión, amparando crímenes de lesa humanidad, amplificando la voz de los perpetradores y minando nuestra democracia, al imponer a la mayoría la voluntad de una minoría. Este secuestro de la voluntad popular ocurre en el peor momento posible: cuando crece la desafección hacia las instituciones democráticas y la Unión Europea. Apoyar un genocidio es siempre moralmente execrable. En este caso, además, es un error político de consecuencias incalculables.
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