Opinión
La izquierda y los pedestales

Por Pablo Batalla
Periodista
El autor y la obra, la obra y el autor. Con mayúscula, casi: la Obra, el Autor. Debatimos con ardor si hay que separarlos, pero pensamos siempre en la vertiente sombría del asunto: en el incómodo disfrute de la obra excelsa de individuos execrables, colaboracionistas de los nazis, maltratadores de mujeres, cosas de ese tipo. Nunca le buscamos las cosquillas a una vertiente más amable, pero también pertinente, de este dilema. Cuando el individuo que ha parido una obra excelsa no es execrable, sino buena gente, y aunque lo sea, ¿hay que santificarlo?
Lo pienso leyendo unas memorias que no quiero citar, porque soy de la filosofía de que los libros —cuando su autor o autora es buena gente— hay que publicitarlos solo cuando son buenos. De este me cae bien el autor, pero no me gusta el libro, atravesado por un constante namedropping, como llaman en inglés al «dejar caer nombres»: conocí a Fulano de Tal, conocí a Mengano de Cual, he aquí una ristra de infraanécdotas sin interés y cuyo único valor es estar protagonizadas por Fulano de Tal y Mengano de Cual y también mostrar que yo estaba allí, dentro del cerco de luz de su aureola, siquiera por un segundo. Para contar que Rafael Alberti también comía huevos fritos, que Gabriel García Márquez daba paseos con su mujer o que Mario Vargas Llosa dijo una vez equis cosa, pronunció equis frase campanudamente entrecomillada, pero que dice cualquier hijo de vecino porque es prácticamente un refrán de uso corriente, ¿merece la pena talar árboles?
El autor de este libro es un señalado personaje de la izquierda. Pero pienso, al leerle, que existen las ideas, las emociones y los comportamientos de izquierdas, y uno puede serlo —de izquierdas— solo en uno o dos de esos tres campos. Puede ocurrir que uno tenga comportamientos incongruentes con sus ideas; eso ya lo sabíamos. Todos conocemos a algún anarquista autoritario, a algún comunista avaro, a algún aliado feminista protagonista de algún relato de terror en el buzón de la Fallarás. Pero hay ese otro ámbito en el que no nos paramos a pensar: las emociones. También ellas pueden ser rojas o azules. Y las de este autor me parecen un poco azules. Cada vez que relata que conoció a Este o Aquel, se regodea de una forma que me resulta cansina en los nervios que sintió, en su fascinación, en su incredulidad, en la zozobra ante el ídolo, el héroe, el mito.
Una persona completamente de izquierdas, triple positivo en la izquierdosidad (que igual no la hay: a todos nos cojea alguna pata del trípode), no puede ser mitómana. Si la derecha es, ante todo, la celebración de las jerarquías, esto de que a uno le tiemblen las canillas por ver a quien sea en carne mortal, es su traducción emocional. Da igual que el tembleque lo provoque el Rey o lo cause Durruti: es la misma pretensión antiigualitaria, antifraterna, de que existan seres humanos especiales, horneados con otra pasta. El aparato sensorial del izquierdista ideal debe percibir, primero que nada, al ser humano corriente y moliente debajo de la aureola de santo; alguien cuyos méritos elogiar y de cuya conversación disfrutar, si es interesante, porque tampoco se trata de ser gratuitamente iconoclastas. Pero sin pedestales; sin una cortesía o una inflexión de voz distintas de las que use para tratar a cualquier hijo de vecino. Creer en el heroísmo —que puede darse en cualquier persona—, pero no en héroes y heroínas; y creer en las buenas historias individuales y contarlas bien sin que importe quién las protagonizara, no invertir el orden de los factores y que primero sea el Hombre (o la Mujer) y luego el rascarle la pota de las anécdotas, y contarlas sí o sí aunque no brote petróleo en ese yermo.
Lo que tienen las emociones, claro, es que a diferencia de los comportamientos —que se pueden y se deben forzar—, o las tienes o no las tienes. Pero se puede tomar conciencia de ellas. Y no dejar de tenerlas, pero no escribir un libro empapado de ellas.

Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.