Opinión
Le llaman “Dominique Pelicot de España”

Periodista
-Actualizado a
Le llaman el Dominique Pelicot de España. Piden para él 107 años de cárcel. Si el caso del agresor francés fue de terror, drogando, violando y ofreciendo a su mujer a otros hombres, este otro diría que aún peor. Que ya es decir. Peor porque la víctima tenía 12 años, violada y ofrecida en redes sociales. Peor porque era una menor tutelada. Peor porque falló todo el sistema. Y peor porque hay más menores.
¿Cómo llega este tipo hasta ella? Saben que estos impresentables, para localizar a sus presas, husmean entre la vulnerabilidad. Y qué más vulnerable puede ser que una niña tutelada. Ella no estaba en el centro por un delito, sino porque estaba sola, con una madre enferma, sin apoyo familiar y había sufrido acoso escolar y familiar. Aquí llega este tipo, fontanero, de 40 años. Recordemos, ella solo tiene 12. Le contactó en una aplicación de citas. La menor, reconocida en un informe por su “baja autoestima”, era la víctima perfecta. Con palabras bonitas pero falsas, poco le costaría ganarse el afecto de una niña sola, con miedo al rechazo, y en busca de cariño.
Era facilísimo engañarla. Y citarla. Y fotografiarla desnuda. Y violarla. Y falsear su identidad en redes para ofrecerla a otros hombres como reclamo sexual. Y aquí, una vez más, como en el caso Pelicot, hombres “normales” la violaron mientras era grabada, convirtiendo en realidad los vídeos porno que les inspiran. Luego el tipo disfrutaba y se excitaba con las grabaciones. El pacto patriarcal masculino a pleno rendimiento. De los 30 que se sumaron solo han podido detener a 16 de ellos. Dicen los Mossos que el piso era un centro de “producción de porno infantil”, con más de 12.000 archivos. Hubo más que esta menor. Calculan unas 25 víctimas menores, niñas y niños. Registradas, hay al menos 20 violaciones de ella, pero la policía localizó también en el móvil del acusado 1300 vídeos y 10.000 fotos de contenido pederasta.
Fiscalía advierte de las consecuencias psicológicas sobre la ahora joven. Y me pregunto, más allá de la condena del agresor, si alguien responderá por la dejación de funciones en la tutela. No es el primer caso, ni el segundo ni el último, donde estos centros son el lugar perfecto para que los depredadores localicen a sus víctimas, aprovechando la extrema vulnerabilidad. El fallo de las administraciones y del Estado es de terror.
Al margen de este caso tan horrible y demoledor por sus circunstancias no deja de ser espeluznante que todos los días, todos, absolutamente todos, haya noticias de violencia sexual. Y que, prácticamente, nada ocurre ni esté en el debate social ni mediático. Hace unos días, me preguntaba lo que gusta a determinados medios de comunicación hacer debates sobre los agresores a los que venden como víctimas, sobre todo si están en duda sus acusaciones, pero qué poco hablan cuando las víctimas reivindican sus derechos.
Por ejemplo, ¿recuerdan la última absolución de Dani Alves? Tuvimos que aguantar a tertulianos, abogadas, expertas de crimen y demás decirnos que no respetamos el Estado de Derecho, que dejemos las pataletas y otras bazofias mirándonos por encima del hombro como idiotas. En cambio, ¿cuántas tertulias han escuchado, al mismo grado, dedicadas después de que el Fiscal haya recurrido este asunto? ¿Por qué ahora no van estas abogadas o tertulianos por platós diciendo que el propio Fiscal no respeta el Estado de Derecho ?
¿Qué dicen ahora cuando leen que con la absolución se ha "condenado moralmente" a la víctima por cuestionar su fiabilidad, y que se ha hecho una interpretación "completamente cruel y arbitraria" de una prueba biológica clave, con una hipótesis, la de la felación, que va contra todo principio científico?

Quizás, a pesar de las diferencias, hay una base común más allá de ser casos ante la justicia. Y es que la violencia sexual existe porque entre quienes pasan del tema, los que esconden la cabeza bajo tierra, los que no saben detectarla y los que interpretan los que les parece… hay toda una panda de agresores aplaudiendo viendo barra libre de unas víctimas que no tienen protección y, a veces, ni siquiera justicia.
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