Opinión
En legítima defensa

Por Lorena Morales
Diputada en la Asamblea de Madrid
Recuerdo a Concha, mi vecina de San Cristóbal. Tenía tres hijos, limpiaba casas y su marido la maltrataba. Cuando le oía llegar, se encerraba en el baño con sus hijos. Mis padres le pedían que le dejara. Pero Concha siempre respondía que no tenía adónde ir.
Que ninguna mujer tuviera que volver a vivir algo así fue el resultado de años de lucha, de muchas mujeres que se dejaron la piel para conseguir derechos y de gobiernos socialistas que transformaron aquellas reivindicaciones en leyes. Leyes que dieron protección y recursos a mujeres que antes no los tenían.
Mi abuela me hablaba de una vecina que tenía cinco hijos y no podía más. Se quedó embarazada de nuevo y, sin posibilidad de abortar de forma segura, saltaba una y otra vez desde el fogón de su casa para provocarse un aborto. Aquella mujer tampoco tenía otra salida.
Pero esos derechos que hoy tenemos no están garantizados para siempre. PP y Vox caminan de la mano y los cuestionan. Quieren derogar las leyes contra la violencia de género y el aborto. Abascal lleva en sus listas a un condenado por violencia machista y a otro que llamó "bruja" a una parlamentaria. Y el PP está encantado de que sean sus socios. Feijóo, que eliminará el Ministerio de Igualdad, se declara, sin embargo, feminista porque se ha criado entre mujeres. Pues no. No se es feminista por tener madre. Se es feminista cuando se defienden sus derechos.
Con 44 mujeres asesinadas en lo que llevamos de año y las denuncias disparadas en Madrid, ¿no había otro ministerio para eliminar? Sus recortes ponen en riesgo la vida de las mujeres.
Las conquistas que han cambiado la vida de las mujeres no son solo las leyes que nos protegen. También son los servicios públicos que nos permiten vivir con más autonomía y dignidad: la sanidad, las pensiones o el salario mínimo. Detrás de cada uno hay historias de mujeres que han podido construir un futuro mejor.
Esa autonomía también significa poder llegar a la vejez con una pensión digna. No es un regalo. Es lo que se han ganado después de toda una vida de trabajo, dentro y fuera de casa. ¿Ya hemos olvidado cuando Rajoy apenas les subía la pensión unas monedas? ¿Cuántas mujeres tenían que elegir entre comer o comprar sus medicinas?
A mí, otro de esos avances me cambió la vida: la educación pública. Crecí en un barrio obrero. Mis padres no podían comprarme oportunidades. Me las dio la escuela pública. Esa que está en huelga porque Ayuso la asfixia. Gracias a la pública pude estudiar y llegar a ser diputada. Quiero que todos los niños y niñas cumplan sus sueños, sin importar su código postal.
Eso es lo que está en juego. Que las jóvenes tengan los mismos derechos que nosotras.
Por nuestras madres, que lucharon para que tuviéramos más libertades. Y por nuestras hijas.
Ni un paso atrás. Salgamos en nuestra legítima defensa.

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