Opinión
¿Llegará a Europa el ICE, la 'Gestapo' de Trump?

Por Pablo Castaño
Periodista y profesor de Ciencia Política en la UAB
-Actualizado a
"Primero vinieron a por los comunistas, y guardé silencio porque no era comunista.
Luego vinieron a por los sindicalistas, y no hablé porque no era sindicalista.
Luego vinieron a por los judíos, y no dije nada porque no era judío.
Luego vinieron a por mí, y para entonces ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre".
El famoso poema de Martin Niemöller, metáfora universal del ascenso del fascismo, parece inspirar al Immigration and Customs Enforcement (ICE), la policía antinmigración de Estados Unidos, que rompió una nueva barrera con el asesinato de una activista blanca el pasado 7 de enero. Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca hace un año, este cuerpo policial se ha visto reforzado con 12.000 nuevos agentes (el doble que antes), 75.000 millones de dólares y, sobre todo, manga ancha para su tarea de acosar y aterrorizar a los trabajadores migrantes residentes en el país y sus familias. El asesinato en Minneapolis de Renee Good ha provocado una oleada de protestas en todo el país contra el ICE, que comienza a ser conocido como la 'Gestapo' de Trump.
Redadas en fiestas de cumpleaños y colegios, arrestos por parte de agentes encapuchados sin identificar, agresiones a manifestantes y periodistas, desaparición de personas durante meses, niños traumatizados que se niegan a ir a clase por miedo a ser detenidos… Son algunas de los horrores que el ICE ha convertido en cotidianos en las ciudades estadounidense, sumados a las deportaciones ilegales, incluso a las cárceles inhumanas de Nayib Bukele en El Salvador. La buena noticia es que esta represión racista se ha encontrado con una resistencia popular cada vez más fuerte.
En los últimos días, miles de personas se han manifestado en diversas ciudades contra la 'Gestapo' de Trump y la protesta ha llegado a los Globos de Oro, de la mano de actores como Mark Ruffalo. Un gesto mediático que viene precedido de meses de auto-organización vecinal: en lugares como Los Ángeles, se han creado "redes de respuesta rápida", mediante las que miles de activistas previenen a las comunidades migrantes de la presencia de agentes y apoyan a quienes son arrestados. Trump ha utilizado la solidaridad vecinal como excusa para desplegar la Guardia Nacional en varias ciudades, con una amalgama de justificaciones que mezcla activismo, migración y delincuencia (¿les suena?).
Como en el poema de Niemöller, el terror desplegado por el ICE se centró al principio en los trabajadores migrantes en situación irregular pero pronto se extendió a los que sí tienen papeles – como la comunidad de origen somalí, a la que Trump llamó "basura". Ahora, los agentes de la 'Gestapo' estilo MAGA – muchos de ellos militantes racistas envalentonados por los escasos límites legales a su actuación – ya acosan a personas racializadas en general. El asesinato de una estadounidense blanca con la bendición del gobierno, que ofreció una versión falsa de los hechos en lugar de sancionar al agente que le disparó, rompe una nueva barrera simbólica.
El grado de terror desplegado por el ICE es nuevo, pero la persecución racista de la población no es un invento de Trump. El ICE fue creado en 2003, en pleno giro represivo del Estado tras el 11-S, y la deportación masiva ha sido una política de Estado practicada por igual por republicanos y demócratas. Recordemos que Joe Biden deportó en 2024 a más de 270.000 personas, una cifra que superó el récord del primer gobierno Trump. En su desastrosa campaña presidencial de 2024, Kamala Harris prometió cerrar la puerta a la regularización de 11 millones de migrantes sin papeles, restringir el asilo y acelerar las expulsiones. Qué decir de la violencia policial racista, sistemática en Estados Unidos y denunciada por el movimiento social surgido a raíz del asesinato de George Floyd en 2020.
Trump se ha beneficiado de la infraestructura de persecución y detención de trabajadores de origen migrante creada por gobiernos anteriores, que ahora el republicano quiere convertir en un auténtico "complejo industrial de deportación". El apoyo de una parte considerable de la población a la campaña de terror racista del ICE – en las redes sociales abundan los ataques contra la activista asesinada en Minneapolis – no se entiende sin la normalización del discurso antinmigración por parte de los anteriores gobernantes, especialmente los demócratas. Si hasta el partido progresista señalaba la inmigración como el gran problema del país, ¿no tendrá razón Trump al poner todos los medios para atajarlo?
En España, como en el resto de países europeos, contamos con los dos elementos que han permitido el despliegue de la 'Gestapo' trumpista: la normalización de los discursos racistas (protagonizada por Vox, el PP, Junts y medios de comunicación conservadores) y una infraestructura policial-penal dedicada a la represión de la población migrante, que un futuro gobierno reaccionario podría reforzar fácilmente (centros de internamiento de extranjeros, redadas racistas cotidianas camufladas bajo la lucha contra la reincidencia, normas penales distintas para ciudadanos extranjeros…).
La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos señala como prioridad el apoyo a los "partidos patrióticos" europeos, un eufemismo referido a la extrema derecha. Si estas formaciones llegan al poder, ¿por qué no desplegarían un aparato de persecución racista como el de Trump? Aún estamos a tiempo de evitarlo, combatiendo los discursos y las políticas estatales que, aquí y ahora, están poniendo las bases para un escenario distópico como el de Estados Unidos.
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