Opinión
Cuando la lluvia no sacia la sed. La hora de la transición hídrica justa

Por Julia Martínez Fernández
Fundación Nueva Cultura del Agua
Estamos disfrutando de un periodo de bonanza de lluvias que nos ha permitido rellenar nuestras despensas del agua, en las que hay que contar no solo embalses y acuíferos sino también el agua del suelo. Es todo un respiro para la vida silvestre, los cultivos de secano y por supuesto para el abastecimiento humano y las actividades económicas.
Pero no nos engañemos. Venimos de sequías graves y mantenidas en el tiempo que agudizaron una escasez cada vez más permanente. Las demandas son tan elevadas que los embalses son incapaces de reservar agua en años húmedos para utilizarla en años secos. En cuanto a los acuíferos, las abundantes lluvias son un alivio temporal, pero buena parte están sobreexplotados (27% de las masas subterráneas, según los planes hidrológicos) y esos acuíferos cada vez más vacíos no se rellenan con un periodo de lluvias.
Tarde o temprano volveremos a la falta de agua en el abastecimiento humano —especialmente en poblaciones pequeñas y núcleos rurales— y a los problemas para los pequeños agricultores, que no pueden deslocalizar su producción ni mover sus inversiones como las grandes empresas agroindustriales, en manos cada vez más de multinacionales y fondos de inversión. Es también un problema para la naturaleza, porque estamos perdiendo manantiales, reduciendo el caudal de los ríos y perdiendo humedales tan emblemáticos como Doñana o Daimiel.
¿Por qué tenemos crecientes problemas de falta de agua? Una de las razones es el cambio climático, que está reduciendo las aportaciones, no solo porque llueve menos sino porque llueve de forma más concentrada (lluvias torrenciales) y por tanto menos aprovechable y, sobre todo, porque las temperaturas siguen aumentando y esto significa perder más agua hacia la atmósfera por evaporación y evapotranspiración. Pero el cambio climático no es la única razón ni la más importante de la escasez. Hay otra razón, de la que se habla menos: el aumento del uso y consumo del agua. Una jarra de agua se vacía porque no la rellenamos lo suficiente o porque bebemos demasiada agua. En realidad pasan las dos cosas, pero los datos apuntan a que tenemos unas demandas que están ya por encima del agua disponible incluso sin sequía.
¿Y quién está metiendo su pajita en la jarra de agua? Tenemos en primer lugar el abastecimiento humano y pequeños usos industriales conectados, que suponen el 15% del agua utilizada, los usos industriales no conectados a la red urbana suponen otro 5%. Pero son los regadíos, que utilizan el 80% del agua disponible en España, la pajita más grande, con diferencia. Si hablamos de consumo neto (considerando los retornos), los regadíos representan en torno al 90% del total.
Pero además de ser la demanda dominante, la del regadío es también la que más ha crecido. El agua en abastecimiento humano ha disminuido pese al aumento de la población gracias a la reducción de las pérdidas y a la concienciación ciudadana. Queda mucho por mejorar, pero el abastecimiento humano ha hecho los deberes. Por el contrario, los regadíos caminan en dirección opuesta, con un incremento de los perímetros regados —por vías legales y también ilegales—, además cada vez más intensificados. Así que, en esa reducción de caudales, sobreexplotación de acuíferos, pérdida de humedales y mayores problemas de abastecimiento humano, tiene mucho que ver la expansión e intensificación de los regadíos a espaldas del cambio climático, de los crecientes problemas de escasez (que viven también los propios agricultores) y de sus impactos en los ecosistemas.
Frente a esta realidad hemos de evitar la tentación de falsas soluciones. Pensar en más embalses y trasvases es una falsa solución porque España es uno los países con más infraestructuras hidráulicas del mundo. No faltan embalses: lo que falta es agua con que llenarlos al ritmo con que los vaciamos. También es una falsa solución la modernización de regadíos por su efecto rebote: el cultivo se intensifica y, tras la modernización, en lugar de ahorrar agua aumenta el consumo, como se ha demostrado nacional e internacionalmente. De hecho, el 80% de los regadíos tienen ya riego por goteo pero esto no ha reducido el agua que consumen. La desalación marina y la reutilización de aguas residuales tienen luces y sombras, pueden ser medidas complementarias pero de efecto limitado y principalmente para zonas costeras. ¿Qué otras opciones nos quedan? Gastar menos agua. Y para ello hay que dirigir la mirada a la pajita más grande: los regadíos.
Urge una transición hídrica justa para adaptarnos al cambio climático, garantizar el abastecimiento humano, recuperar ríos, acuíferos y humedales y dar seguridad a nuestros agricultores. Para ello hay que reducir las demandas, especialmente la de los regadíos. Y como el aumento de la eficiencia no es la respuesta (ya hemos hablado del efecto rebote y otras limitaciones), hay que reducir las dotaciones y las superficies de regadío. Sin embargo, esta reducción no puede ser igual para todos. Necesitamos un reparto social del agua que la reasigne desde el interés público, con criterios de equidad social (protegiendo a pequeños agricultores y a la agricultura familiar y social) y de sostenibilidad ambiental (protegiendo pequeños regadíos y a los de mayor valor ambiental). No es casualidad que el reciente XIII Congreso Ibérico de Gestión y Planificación del Agua, coorganizado recientemente en Salamanca por la Fundación Nueva Cultura del Agua, la Universidad de Salamanca y el IMDEA-Agua, haya tenido por lema “Desde la escasez hacia la reasignación social y ambiental del agua”.
El cambio climático y la reducción de aportaciones seguirá agravándose, nos guste o no. Los cambios serán inevitables. Ya se están produciendo y no todos son deseables. Lo que tenemos que decidir es si queremos que sea el mercado quien decida quién tendrá agua y quién no o, por el contrario, si vamos a gobernar esa adaptación desde criterios de interés público a través de una transición hídrica justa y un reparto social del agua.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.