Opinión
Madrid se gana puerta a puerta

Por Manuela Bergerot
Portavoz de Más Madrid en la Asamblea
Sábado por la mañana, Vallecas, más de 200 personas voluntarias que van a dedicar toda la mañana a tocar puertas, 4.000 en total. El objetivo no es pedir el voto, ni siquiera convencer a la gente de nada, sino algo más básico, algo que va primero: escuchar. Escuchar para identificar los problemas cotidianos de los vecinos y vecinas que no abren los telediarios, pero sí marcan el día a día de la mayoría de madrileños desde que se levantan hasta que se acuestan.
La falta de limpieza en las calles, el ruido a deshora, la sensación de inseguridad provocada por el abandono institucional y el colapso de los servicios sociales. Las esperas, a veces de semanas, para ver al médico en el centro de salud. Y de meses para ver a un especialista cuando te duele la espalda o te tienen que operar de varices.
El calor de la línea 1 de metro llena hasta los topes a la hora de ir a trabajar, los precios del alquiler, la preocupación por el coste de la vida y la angustia por no llegar a fin de mes. Votes a quien votes, hayas nacido donde hayas nacido, los problemas de la gran mayoría de madrileños y madrileñas son los mismos. Nos parecemos en lo que nos pasa, y nuestra hipótesis política es que si somos capaces de centrar la conversación pública en esas experiencias comunes hay partido en Madrid para 2027. Que, frente a la polarización de las redes, hay una mayoría que se construye en los rellanos.
Parece que la conversación mediática nos hurta hablar de “lo que nos preocupa de verdad” a los madrileños: de la vivienda, de la cita que no llega o de por qué donde antes tenía vecinos ahora tengo Airbnbs ¿Dónde están todas estas noticias? ¿Hay alguien hablando de ello? Cuando llamas a una puerta y alguien te abre, lo ves claro. La conversación de la calle no es la conversación de los medios ni la urgencia de los likes, sino lo que a cada uno le preocupa en su día a día.
El puerta a puerta sirve para romper esa dinámica. En una forma de vida cada vez más aislada, más individual, hacer comunidad es compartir un rato de conversación. Esto que parece pequeño tiene una dimensión profundamente política: significa volver a encontrarnos, volver a hablar con quienes no conocemos y volver a pensar que los problemas que vivimos individualmente también los sufren otros y, por lo tanto, tienen respuestas colectivas.
Hay una inmensa mayoría de madrileños que sabe que no es normal dedicar medio sueldo a pagar un alquiler, que quiere una sanidad que funcione, que quiere formar una familia o simplemente quiere quedarse a vivir en el barrio donde creció. Personas que seguramente no están de acuerdo en todo, que votan distinto o que incluso han dejado de votar, pero que comparten los mismos problemas y aspiraciones.
Existe una mayoría social a favor de regular los precios del alquiler, a favor de los comedores escolares gratuitos y a favor de poner el dinero público necesario para que los centros de salud vuelvan a funcionar como deben. El resto es volver a conectar a las personas con la política, hacer de esa mayoría social que ya existe una mayoría política.
Eso no se va a hacer solo desde los platós de televisión ni acumulando likes o seguidores. Eso se consigue construyendo vínculos, organizándonos y estando presentes en la vida cotidiana.
Se consigue hablando de lo que nos preocupa de verdad, puerta a puerta, rellano a rellano. Este sábado fueron 4.000 puertas sólo en Vallecas, pero ya llevamos más de 15.000, en decenas de barrios y municipios de Madrid. Sin hacer ruido. Haciendo política contra el ruido. Levantando la alternativa en cada municipio y en cada barrio, con la convicción inquebrantable de que, contra los que nos dicen que esta historia ya tiene final, Madrid tiene arreglo. Porque somos más.




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