Opinión
Manual de la criminalización, la hipérbole y el bulo

Por Miquel Ramos
Periodista
-Actualizado a
Madrid se convirtió el pasado fin de semana en el epicentro del mal. Toda la antiespaña y todos los enemigos de la civilización occidental aprovecharon el paso de La Vuelta ciclista para tomar la capital. Allí estaban ETA, Hamás y el ISIS, con todos los radicales de extrema izquierda de nuestro país. Una violencia atroz sumió la ciudad en el caos más absoluto, y dejó varios policías heridos (uno se rompió un dedo del pie y los otros tienen luxaciones, ves a saber por qué). Pero lo más grave de todo es que fue el presidente del Gobierno quien organizó todo. Él fue quien, a toque de corneta, sacó a la gente a las calles para joder una bonita tarde de domingo a los madrileños, como castigo por haber elegido a Isabel Díaz Ayuso y a José Luís Martínez Almeida al frente de sus instituciones. Solo faltaban los anarquistas italianos y griegos que cada X años vienen de gira por España para provocar disturbios.
Los relatos sobre las protestas contra el genocidio y el blanqueamiento de Israel que están difundiendo los medios y propagandistas derechistas no se han dejado ni un demonio en el banquillo. Todos los ingredientes habituales del manual de la criminalización, la hipérbole y el bulo se han concretado estos días en la foto que pretenden colarnos de una de las mayores y más exitosas convocatorias de los últimos años. No por la cantidad de gente que las secundó, sino por haber conseguido poner la denuncia del genocidio en el foco mediático internacional durante varios días, y el uso que hace el sionismo del deporte y la cultura para blanquearse, tal y como admitió el propietario del equipo Israel Premier Tech, íntimo amigo de Netanyahu. Tras ello, ahora es el turno de Eurovisión y del resto de competiciones y espectáculos en los que Israel se promociona mientras comete una limpieza étnica. España va en cabeza, gracias a una sociedad que no ha permanecido impasible ante la barbarie, y eso siempre es una mala noticia para quienes pretenden hacer de este país un peón más de la reacción ultraderechista que se cierne sobre el mundo. Aquí están perdiendo la batalla, y cada vez más, los papeles.
Toda la batería de mentiras que llevan días vomitando los negacionistas del genocidio son la muestra más evidente de su derrota. Su relato tan solo se mantiene a flote en su charca de adeptos, dispuestos a creerse todo lo que les digan o a mantener la trola por pura militancia. El objetivo no es solo criminalizar la solidaridad con Palestina, sino arrastrar al Gobierno a un nuevo escenario de ilegitimidad, de irresponsabilidad por saludar las protestas y dar algunos pasos en la acción contra Israel ante el genocidio, empujado por la presión popular. Si este gobierno ya nació perverso aliándose con comunistas, separatistas y terroristas (gobierno Frankenstein, lo llaman) para qué disimular a estas alturas. Que pasen todos los demonios ya, que Sánchez tiene paguitas y prebendas para todos.
El bulo que publicó El Mundo sobre los veteranos de la kale borroka y los yihadistas en Madrid no les duró ni veinticuatro horas. Era tan ridículo como la insultante comparación con el sitio de Sarajevo que hizo Ayuso tras las protestas. Se agarran a las imágenes de cuatro vallas por el suelo para hablar de violencia, mientras permanecen impasibles ante el incesante torrente de evidencias del exterminio y del sadismo que nos llegan desde Gaza. Tampoco cuela ya el cuento del antisemitismo, el mantra de que se protesta contra el genocidio y sus blanqueadores porque se odia a los judíos. Pero insisten, y no van a soltar ese hueso, incluso lo están usando para acusar de delito de odio y discriminación toda crítica y acción contra Israel.
En este terreno se mueve hoy la derecha a nivel global, construyendo una verdad alternativa, asfaltando un camino para que transiten los suyos al margen de los hechos objetivos. Una de las muestras más recientes, y que también ha salpicado a nuestro país, es el asesinato del propagandista ultraderechista Charlie Kirk. La derecha se apresuró a culpar a la izquierda, al activismo trans y al supuesto contubernio internacional liderado y financiado por Soros llamado “Antifa”. Y los suyos se lo creen. Y ahí siguen instalados, esquivando las evidencias que alejan la verdad de su versión.
La periodista Marta Peirano ofrecía estos días en El País un acertado análisis sobre los perfiles inclasificables que anidan en las redes sociales y sus alcantarillas, y poco a poco vamos conociendo más detalles sobre este suceso y sobre el tirador, que la derecha va a intentar encasillar como sea en la supuesta intolerancia violenta que anida en la izquierda. Nada más lejos del relato de la derecha, empeñada en estirar el chicle de la izquierda asesina por naturaleza. Kirk se ha convertido en su nuevo mártir, y hasta las juventudes del PP, que antes del crimen ni sabían quién era este tipo, montaron un altar el pasado domingo en Madrid para honrar su memoria. Todo lo que sirva para situar a la izquierda en los márgenes de la democracia y la libertad, aunque sea a base de mentiras fácilmente desmontables, va a ser usado hasta la saciedad. Porque la verdad les importa poco si con ella no se saca ningún rédito.
La derecha no está dejando pasar la ocasión para usar este asesinato como aval para justificar todavía más su persecución y criminalización de la izquierda y de cualquier disidencia. Los mismos fascistas que defendían su derecho a promover el odio amparados por la libertad de expresión, se dedican hoy a hacer listas de todos aquellos que no lloran la muerte de Kirk. Los mismos que aplaudieron al ultraderechista Kyle Rittenhouse cuando asesinó a dos manifestantes de Black Lives Matter, los que nos recuerdan que las cunetas son nuestro destino y que los muertos en las pateras se celebran, exigen hoy que todo el mundo llore a Kirk y considere que sus ideas racistas, machistas y LGTBIfóbicas son tan respetables como el antirracismo o la defensa de los derechos humanos.
Pero es que incluso las instituciones norteamericanas en manos de los republicanos mantienen a día de hoy el bulo de que el asesino era un izquierdista, radicalizado durante los pocos meses que pasó por la universidad. Ya tienen su carambola. El virus woke que la derecha señala en las universidades parece ser que funciona como una inyección de efecto inmediato. Que el terrorismo de extrema derecha haya sido durante años la principal amenaza para la seguridad del país es una fantasía, dicen. Por eso han borrado de sus webs el informe del Departamento de Justicia que lo advertía. Hay que cambiar la realidad, amoldarla a sus planes, a su mundo, para que todo encaje.
La derecha tiene claro que, para derribar los consensos y los gobiernos que todavía no les pertenecen, cualquier estrategia y cualquier herramienta es buena. Ni siquiera descartaron el golpe de Estado como opción, como vimos con el asalto al Capitolio (cuyos participantes han sido absueltos por Trump) o la algarada que promovió Bolsonaro al perder las elecciones contra Lula.
A pesar de la máquina del fango, del ruido y de la constante fantasía en la que está instalada la derecha, esta sabe que no está siendo fácil, que las resistencias son fuertes. Aunque van a seguir intentando construir una realidad alternativa, un mundo hecho a su medida, el mundo real no es tan asqueroso ni tan cobarde como ellos pretenden.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.