Opinión
Manuscritos Bárcenas
Por David Torres
Escritor
-Actualizado a
En lugar de esos inútiles habituales que intentan coquetear con la economía (Solbes, que solía guiñarle un ojo, o Guindos, que es más propenso al garrote), deberíamos haber puesto a Bárcenas al frente del ministerio y nos arregla el país en dos patadas. Pensemos seriamente qué no podría hacer Bárcenas con unos presupuestos generales calculando la enorme fortuna personal amasada nada más que con unos chanchullos que montó a ratos perdidos y unos cuantos cuadros comprados en el Rastro a un gitano. En un par de meses, España no sólo habría emergido de la crisis sino que la economía europea habría repuntado y tendríamos un paraíso fiscal en una luna de Júpiter.
Reconozcamos la verdad: este hombre, más que un tesorero, es un alquimista con gomina y lavanda, el rey Midas en versión 2.0, el mismísimo Zeus lloviendo dracmas sobre una torre de Génova. Aún no ha terminado de explicar bien su método para inflarse a ganar millones al monopoly cuando va un juez y, casi sin querer, le descubre otra cuenta en Suiza. A Bárcenas le brotan las cuentas en Suiza igual que a otros les salen almorranas en España. Una simple anomalía geográfica. Qué culpa tendrá él; la culpa es de los jueces, por mirar donde no deben.
Como es un tipo concienzudo y no quiere dar ni un paso en falso, ha tardado cinco días en darse cuenta de que ni la letra es suya ni los cuadernos son suyos ni nada de nada. Hay que comprender que, con todo el trabajo que debía tener trasmutando la mierda en oro, es normal que no se entretuviera mucho con la contabilidad. La caligrafía es un asunto resbaladizo y más aun cuando ha pasado tanto tiempo. Yo mismo encontré el otro día unos borradores míos de un lustro atrás y aún no estoy seguro de si son apuntes para una novela o una receta de chipirones. Incluso Mariano, registrador de la propiedad en una vida pasada, no reconocía su propia letra en una chuleta que había escrito diez minutos antes. Mariano era más de registrar con plantilla.
Parece que todo este turbio asunto sólo podrá esclarecerse con unos buenos cuadernos de caligrafía Rubio. Suele ocurrir que las discusiones filosóficas terminan desembocando en la semántica y aun en la gramática. Al final va a resultar que Bárcenas estuvo dos décadas tomando notas para una novela (negra, naturalmente), una intriga policíaca donde, para ir ganando tiempo, les ponía a los personajes los nombres de sus colegas del PP y unas cifras al lado que se corresponden con el número de página. El problema de la educación en España no es que la gente no aprenda idiomas sino que no sabe escribir a máquina. Luego dicen que el PP no hace nada por la cultura, cuando, junto con el Lazarillo y el Cid, el apasionante enigma al que se enfrentan los filológos en el próximo siglo es descubrir al anónimo autor del manuscrito Bárcenas.
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