Opinión
El meconio aragonés

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
-Actualizado a
Los tropiezos en política también ocurren dos veces. Pero cualquiera diría que el Partido Popular, insigne miembro de la poderosa corporación bipartidista estatal PSOE-PP, carece de asesores o sucedáneos que le digan que "Esta vez, no"; que después del tsunami de ultraderecha sobre la candidata del PP en Extremadura, la presidenta María Guardiola -que pretendía la mayoría absoluta el pasado 21 de diciembre para gobernar sin Vox-, es mejor evitar el adelanto de elecciones en Aragón por lo mismo.
Pero el presidente nacional del partido, Alberto Núñez Feijóo, y el propio Azcón decidieron apostar por el corto plazo y dejar a Pedro Sánchez en cueros con su ley de Presupuestos Generales del Estado en barbecho y sin adelantar comicios; con sus imposibles mayorías en el Congreso negociando con los independentistas catalanes (la bestia negra de toda derecha aragonesa, lambanismo del PSOE incluido), y su candidata exportavoz del Ejecutivo, Pilar Alegría, que se ha inmolado por la marca nacional PSOE dejando el Consejo de Ministros a trompicones, un despropósito estratégico que funciona muy pocas veces.
Ustedes pensarán que qué sentido tiene adelantar unas elecciones para legislar y gobernar sin la ultraderecha cuando los fascistas están en alza en el mundo entero, incluido el reino español y muy español, y hasta te pueden hacer perder poder mientras ellos ganan posiciones con su brutalidad antiterritorial legendaria, en coherencia con ese pretendido asesinato de la diversidad general, la que sea; recordemos, de hecho, que Vox busca la eliminación del Estado autonómico para sustituirlo por "Una [España], grande y libre" de toda la vida franquista. ¿Qué se les pierde entonces a los de Santiago Abascal en las elecciones autonómicas, donde ni gestionan ni cuentan una verdad sobre la situación de la gente? Lo mismo que en el Congreso: emplear las herramientas democráticas para dinamitar las instituciones desde dentro e imponer su régimen autoritario, como está haciendo Donald Trump sin ningún tipo de complejo, que "para eso me votaron", argumenta. Y es la única verdad que dice.
Hay dirigentes del PP en los momentos que escribo -con más del 90% del voto escrutado- lamentándose de que el líder del PP aragonés haya adelantado las elecciones en plena ola de ascenso ultraderechista y después del resultado en Extremadura, donde la imprescindible coalición de Gobierno PP-Vox se resiste mes y medio después de las elecciones porque la ultraderecha no negocia, sino que impone sabiéndose imprescindible para el PP.
Mi impresión es que en Génova, sede nacional del PP-Feijóo, los líderes autonómicos importan poco, con excepción de la intocable Ayuso y su trumpismo tan oportunista como siniestro. Creo que toda la organización de los adelantos electorales en Extremadura y Aragón ha ido más encaminada a una campaña estatal para un Feijóo muy debilitado en su liderazgo que volcada en los intereses de los ciudadanos/as de las respectivas comunidades, incluso con el rechazo de Azcón, que no acababa de comulgar con el adelanto electoral finalmente impuesto. La cuestión en Extremadura y Aragón es normalizar unas administraciones que cuentan con la ultraderecha en su maquinaria de gestión antes de llegar a las elecciones generales, como en la Comunitat Valenciana, probablemente el único territorio donde el adelanto electoral era obligatorio por decencia tras la tragedia de la Dana.
Que nos jugamos la democracia en España y en la Unión Europea lo saben hasta las piedras, pero esa batalla es secundaria para el PP, que solo piensa en el poder estatal centrando su estrategia en atacar a Pedro Sánchez y regalando votos a la ultraderecha, a todas horas y en todas partes. Adelantar unas elecciones para perder escaños es un sinsentido incomprensible, sobre todo, si quien te come terreno es el adversario más directo, el que duerme en tu cama, al que insultaste y te insultó sin pudor durante la campaña y al que le contrataste al muñeco diabólico para el fin de campaña. ¿El resultado? Vox dobla, el PP pierde dos escaños y el PSOE se estrella pero no empeora, sino que iguala sus peores resultados en Aragón -si esto consuela a alguien en Ferraz-. Pero Azcón era el moderado junto a Feijóo.
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