Opinión
Miedo y estupidez en el siglo XXI

Por Marga Ferré
Presidenta de Transform Europe
A ver si de una santa vez dejamos atrás los marcos mentales del siglo XX. Yo sé que lo hacemos porque el capitalismo no plantea futuros y hay que agarrarse a algo en tiempos en los que la incertidumbre se vende como la única certeza, pero es que es un marco equivocado.
Uso la brillantez de Eric Hobsbawm para argumentarlo. Él, uno de los historiadores de la modernidad más influyentes, denominó el siglo XX como "El Siglo Corto", acotándolo desde 1914, (la Primera Guerra Mundial) hasta su fin en 1991, con la caída de la Unión Soviética. Entre esas dos fechas, se desarrollan los marcos y los consensos del poderoso siglo XX, su concepto de modernidad, guerra fría, fordismo y al final, el neoliberalismo y el fin de la historia. Pero es que hace ya mucho de eso.
¿Cuál es la promesa del capitalismo hoy? En el siglo XX era mejorar socialmente, el neoliberalismo prometió libertad individual a través de la competitividad. ¿Hoy la promesa cuál es? Seguridad en un mundo de miedo, sin futuro, solo supervivencia en un mundo lleno de guerras y amenazas. Y a mí, esa apelación como inevitable me parece bastante estúpida, la verdad.
No es que me ponga cínica, es que recuerdo el "pensamiento estúpido" (la pensée bête) en Deleuze, que lo usa para diagnosticar una forma de pensar: no es ser ignorante, sino "es un pensamiento que repite, que funciona, sin crear conceptos". En estos tiempos de guerras, lo encuentro a mares. El pesimista de Byung-Chul Han también lo recoge; tacha las narrativas contemporáneas de "estupidez activa": no falta de inteligencia, sino negarse a lo complejo, preferir lo simple, lo inmediato, lo "likable".
A ver si les suena: "Ya no hay orden internacional"; "es la ley del más fuerte y no hay nada que hacer"; "el fascismo va a ganar"; "hay que disolver la ONU porque no sirve para nada"; "si nos vamos de la OTAN quién nos va a proteger"; "la izquierda tiene la culpa de que crezca la extrema derecha"; "la izquierda falla porque no se preocupa de la clase trabajadora y la extrema derecha sí lo hace" … uff… que pereza de pensamiento estúpido.
Pues yo sí soy capaz de imaginar un mundo sin imperios, sin su violencia estructural, sin genocidios y sin niñas muriendo bajo las bombas. De hecho, no hacerlo me parece no solo acomodaticio, sino cómplice con los bárbaros.
Sé (como los bárbaros que quieren impedirlo) que el siglo XXI ya es el siglo de las mujeres y de Asia, es el siglo en el que tenemos que frenar el cambio climático y definir una nueva forma de modernidad y que todo esto ya está en camino. Si no nos ensordeciera el ruido de las bombas, lo veríamos con más claridad. El siglo XXI ha empezado a ser (y fuera de Occidente es nítido) el siglo de las nuevas formas de trabajo, del papel de la tecnología, de en una nueva definición de progreso y del Sur Global.
Pero, claro, los marcos de pensamiento en Occidente están restringidos por un imaginario propio del siglo XX y la tesis ilusoria del "fin de la historia" de Fukuyama. Vivimos tiempos en los que la capacidad de proponer soluciones racionales se sustituye por la hipérbole constante, el ruido, los bramidos y los golpes de pecho como si fuéramos gorilas. Occidente no está en decadencia, está brutalizado.
Es algo que aprendí saliendo de Europa y especialmente en China: el mundo es más grande de lo que nuestros narcisistas ojos occidentales quieren ver. Ampliar la mirada y cambiar las palabras son acciones inseparables y necesarias porque en tiempos de narrativas apocalípticas, la primera tarea política es, paradójicamente, lingüística: no se puede combatir aquello que no se nombra con precisión. Frente a la fragmentación del pensamiento debemos unir la línea de puntos que va desde la política del rearme europeo hasta la necesidad de más petróleo para la industria de guerra.
Es una "nueva guerra fría", nos dicen, "un mundo sin reglas dividido en bloques", como si tuviéramos que agarrarnos a lo aprendido en el siglo XX o no pudiéramos entender el mundo sin esos marcos. Y sí se puede, de hecho, se hace, fuera de la Europa Fortaleza e incluso dentro de ella, pero fuera de sus palacios. Tanto que hoy, paradójicamente, romper su distopía es más fácil que nunca. Porque no son tan fuertes.
Contamos con la inteligencia y con la capacidad para proponer cosas mejores, empezando por nuestro modelo de desarrollo. Podemos plantear ya, con el conocimiento disponible, una industrialización al modo del siglo XXI - tecnología y ecología más derechos y servicios. Ahí está buena parte de la solución, claro que para ello hay que acabar con la austeridad que mató el desarrollo en Europa. Me niego a no tener una conversación sobre cómo invertir en nuestro futuro y en cuestiones fundamentales como: educación, sanidad, empleo, innovación, ecología; sobre cómo imponer las decisiones políticas por encima de los mercados y desglobalizar las cadenas de suministro, de forma colaborativa y con reglas. Se puede hacer.
Es la conversación pendiente que la barbarie de la guerra no nos deja tener. Igual por eso la hacen. Abrir más el "horizonte de expectativas", que diría Koselleck, para trabajar por un siglo XXI que cambie el paradigma de la competencia por la colaboración, el de la guerra por la paz, el caos por gobernanza global, más derechos y un desarrollo justo y sostenible. Y es perfectamente posible.
Así que es bueno que nos repitamos cosas básicas, para no olvidarlas: las guerras son evitables, los migrantes no son un problema, lo político puede estar por encima de los mercados, bombardear niñas es un mal absoluto, cercar una isla por hambre es barbarie y les vamos a plantar cara. Con los pies en el siglo XXI y la mirada ancha del Sur Global, ya lo estamos haciendo. Y no tengo ninguna duda de que les vamos a ganar, ¿saben por qué?
Porque en lo peor del siglo XX, las hordas nazis arrasaron Europa durante unos años, pero si algo aprendimos de la victoria frente al fascismo (y le robo las palabras a Hannah Arendt) es que cuando se les plantó cara, "su "dureza" se derritió como mantequilla puesta al fuego". Y les vencimos.
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