Opinión
Milei no identificado
Por David Torres
Escritor
Dicen que Javier Milei hizo una visita relámpago el miércoles a Madrid, pero es difícil asegurar que fuese el auténtico Javier Milei. Es posible que se tratara de un falso Milei, una especialidad de las falsificaciones argentinas, igual que el Aleph de Borges en realidad era un falso Aleph. El hombre iba demasiado enloquecido, demasiado pasado de vueltas, como esos actores que sobreactúan tanto que acaban cargando con el personaje a cuestas, se lo llevan a casa y se acuestan con él. No había que fijarse mucho para darse cuenta de que el vendaje de medio metro que le abultaba en el cuello en realidad ocultaba la cremallera del disfraz, del mismo modo que parecía haberse peinado a portazos, que las patillas de Lobezno lucían un poco caídas y que la careta no le ajustaba bien del todo.
Por lo demás, resultaba una imitación casi perfecta, una clonación de sí mismo tan fidedigna que engañó a todo el mundo, excepto a su íntimo amigo y admirador, Santiago Abascal, que se marchó a 500 kilómetros de distancia dirección norte por lo que pudiera pasar. Con Argentina en plena caída libre, 33 empresas cerrando cada día y la corrupción política campando a sus anchas, quizá no era muy buena idea dejarse ver junto al artífice de tanta prosperidad. Lo mismo al votante de ultraderecha español le da por sumar dos y dos. Aun así, el Milei de los chinos marchó hasta Disenso, la sede de Vox, y subió hasta el despacho mismo del gran líder para preguntarle vía telefónica si es que ya no lo quería. A Abascal no le quedó otro remedio que contestarle que sí, que lo quería, pero lejos. Fíjate qué mala suerte, Javier, me pillas trabajando, me hubiera encantado verte, será en otra ocasión.
Feijóo también prefirió poner tierra de por medio, esta vez hacia el sur, para evitar que la proximidad con el dirigente argentino perjudicara su habitual perfil sensato y moderado. Fue en Sevilla donde Feijóo advirtió que “si un okupa entra en tu casa con un papel de haber pedido una pizza, ya nadie le puede sacar hasta dentro de varios años”. Evidentemente se refería a Pedro Sánchez, el dictador que okupó la Moncloa en 2018 junto a toda su familia y a quien todavía no han podido desalojar ni con ayuda de la policía, ni de los jueces, ni de Ana Rosa Quintana, ni del rezo del rosario, ni de Dani Desokupa. Tras esa audaz mezcolanza de vivienda y pizzas -cóctel que los argentinos dominan a la perfección-, lo más probable es que al falso Milei se le quitaran las ganas de darle un abrazo. Quizá el Feijóo de Sevilla también sea un falso Feijóo.
Ayuso, en cambio, no tuvo ningún problema en retratarse con Milei, a quien regaló una edición histórica del Quijote impresa en 1819. La verdad, conociendo la cultura que se gastan los dos, tampoco sería raro que le regalase el Quijote de Avellaneda. La diferencia principal entre ambos Quijotes es que uno es un loco y el otro más bien un imbécil, una duda que trae de cabeza a la crítica literaria mundial, así como a los seguidores y detractores de Milei y de Ayuso. En sus respectivas andanzas hacia la gloria -uno rumbo a la caballería andante y otro a Casa Rosada-, el Quijote portaba una lanza y Milei una motosierra, como Leatherface en La matanza de Texas. Pero la Pampa tiene resonancias épicas con la Mancha mientras que Argentina ofrece muchas más posibilidades de decapitación que Texas.
En su tradicional desencuentro con la prensa madrileña, el presidente (o su doble) ametralló a los periodistas presentes con una ráfaga salival de epítetos (“estúpidos, incompetentes, zurdos, empobrecedores”) que, incluido el de “zurdos”, parecían sacados de un espejo. Cuando Julia Molina, de la cadena SER, le preguntó si su visita podía resultar incómoda a los dirigentes de PP y Vox, el Milei de Avellaneda respondió con otro reflejo: “Eso me parece una visión propia de gente corta intelectualmente y miserables políticos, quizás vale para tu caso”. Lástima que los fondos públicos del Estado argentino (ese mismo que Milei está destrozando a golpes de motosierra) no dieran más que para una breve visita de día y pico en la dictadura sanchista, porque un viaje de un mes por toda nuestra geografía, soltando gilipolleces y espumarajos por la boca a todo trapo, le vendría de lujo a España. A Argentina ni te cuento, pibe.
Comentarios de nuestros socias/os
Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.