Opinión
El mito roto de la OTAN

Por Marga Ferré
Presidenta de Transform Europe
Guerra y paz de Tolstói empezó con una escena que muchos de ustedes recordarán: en el salón de Anna Pavlovna la aristocracia rusa habla de "guerra" con fascinación, como quien habla de algo inevitable. Hoy, en la Cumbre la OTAN y en los pasillos de la burbuja de Bruselas, el tono es el mismo: la guerra ha vuelto a convertirse en algo que se acepta, se justifica y, finalmente, se administra.
Me imagino la Cumbre de la OTAN como el salón de Anna Pavlovna, llena de hombres que se creen importantes, intencionadamente ciegos: imbuidos en los mitos del pasado glorioso para no ver una realidad que les desafía. El reto, la pregunta correcta (que todo el mundo sabe) es otra y eso es lo que no quieren ver: cómo reformar el sistema de seguridad global en tiempos en los que el viejo orden se desmorona.
La OTAN es un anacronismo del siglo XX que no sirve para nada. Ni en Iraq, Afganistán, Ucrania, Irán… no hace más que acumular desastres, fracasos, fiascos y dolor. Incluso en términos militares no tiene sentido y muchísimo menos en un siglo XXI que, mal que les pese, ya es un mundo multipolar que no necesita que un matón del ICE nos haga de policía del mundo. Por eso apelan a categorías del pasado, de otro siglo que, al no existir, sustentan un mito irreal.
Por eso hay que volver a definir palabras. Si el viejo orden se resquebraja, pero no cambiamos el vocabulario, vemos cómo en Europa, para sostener la guerra y la militarización, las élites burguesas apelan al imaginario del siglo XX y hasta del XIX con una ceguera asombrosa. Lo hacen para dibujar enemigos con el trazo grueso de la Guerra Fría, para encajar categorías del siglo XX a una realidad radicalmente distinta. Y al no encajar, claro, el mito se quiebra.
El Eurobarómetro del Parlamento Europeo (2026) lo dice con claridad: el 52% de los europeos considera la paz como la prioridad fundamental que la Unión Europea debe defender. La mayoría quiere paz y, sin embargo, en el mismo período, la Comisión Europea ha aprobado 800.000 millones de euros destinados al armamento. Ochocientos mil millones. Solo se puede entender esa disfunción si comprendemos que no es una anomalía: es el síntoma de una crisis de representación. En mis conferencias suelo preguntar a la audiencia: ¿Alguien cree que Trump bombardea Caracas, sitia a Cuba o bombardea Irán en nombre de la democracia o de la paz? Nadie lo cree y eso es, precisamente, lo que lo hace aún más terrible.
Ahondando en las grietas del mito de la guerra y de la OTAN encontramos, maravillosamente, una brecha generacional que en Europa es espectacular. Los sociólogos empiezan a llamarla la "Generación Gaza": son los y las jóvenes que durante el genocidio en Gaza salieron masivamente a las calles europeas cuando casi ningún gobierno alzó la voz con contra la masacre. La disfunción generacional es de época.
Más quiebras: a pesar de que persiste en las élites (y en los medios a ellas sumisos) una retórica belicista que a duras penas disfraza la melancolía de los imperios perdidos, el caso de la relación UE-China es una fractura brutal. Usé este caso para ejemplificar cómo las instituciones europeas se encaminan hacia una delirante mentalidad bélica.
En el documento Plan Rearmar Europa se afirma que "Rusia, apoyada por sus aliados, entre ellos Bielorrusia, China, Corea del Norte e Irán, es la amenaza directa e indirecta más importante para la UE y su seguridad" (PE, 2025); luego está "China, impulsada por la ambición de convertirse en una superpotencia mundial". Les repito que es un documento oficial. Pero ¿qué mirada del mundo es esa en la que todo lo que no esté bajo el dominio de los plutócratas estadounidenses es una amenaza? Pero, nuevamente, la realidad nos habla de otra historia. Una encuesta de Public First constató este año que la mayoría de los europeos percibe a China como un socio más fiable que Estados Unidos. Y no me extraña, oyendo los insultos grotescos de Donald Trump.
La existencia de la OTAN carece de sentido. Fuera de las cumbres de la OTAN y su vasallaje bochornoso a Trump, hay un mundo que ya está trabajando por definir nuevos modelos de seguridad y paz que tienen que ver con la defensa de la razón, entendida como nuestra capacidad de ir más allá del statu quo, como el poder de crear un orden internacional diferente. Estos nuevos modelos para el siglo XXI implican cambiar el paradigma de la competencia por el de la colaboración, el de la guerra por el de la paz, el del caos por el de la gobernanza global, más derechos, y un desarrollo justo y sostenible.
Si Tolstoi comenzaba Guerra y Paz con los burgueses en un salón hablando de la guerra como algo deseable, eligió para terminar su obra maestra la escena de un niño que, tras años de guerra, sueña con un futuro en el que hará algo diferente.
Ese algo diferente empieza a ser un lugar común: entender que la agresividad de Trump es una reacción ante el declive hegemónico de los Estados Unidos y que, al rechazarlo, empieza a existir un mundo que se imagina sin imperios. Fuera de la Europa fortaleza, pero incluso dentro de ella, hay un mundo que se plantea, como realidad factible, de tipo multipolar, cooperativo y pacífico.
Y es perfectamente posible, por eso yerguen a la OTAN como el último refugio de los que solo saben imponerse través de la brutalidad.
¿Avanzamos o volvemos a las cavernas?


Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.