Opinión
El mundo no es así: vosotros habéis hecho que sea así

Mi hija nació en agosto del 23. He pensado mucho si comenzar el artículo así, porque está comprobado que los hombres dejan de leer cuando ven que los textos tratan "cosas de mujeres", como si los hijos no llevasen también parte de su ADN. La escritora Siri Hustvedt dijo en 2020 que los hombres no leían libros escritos por mujeres "porque someterse a su autoridad les resulta castrante". Quizás haya que recordarles que, mientras eso no ocurra (la castración), los niños siguen viniendo a este mundo con ayuda de ellos. Poca, pero imprescindible.
Al final he decidido empezar así porque el título es el que es. Supongo que no estarán ustedes aquí para (sobre)informarse de los aranceles. Porque mi hija nació en agosto del 23, y lo digo como cantaba mi abuela su fecha de nacimiento, antes de la guerra. Agosto del 23. Y cien años después, si mi hija hubiese nacido en Gaza, estaría peor que mi abuela. Los aranceles le dan igual a la madre a la que se le ha muerto su bebé de frío entre los escombros, al padre que entierra a su niña envuelta en un trapo sucio, o a Mahmoud Ajjour, un niño palestino de nueve años sin brazos. Sin los dos brazos. Su retrato, hecho por Samar Abu Elouf, gazatí como él, ganó este jueves el World Press Photo. La fotografía apareció sin avisar en mi redes, como el proyectil israelí que lo alcanzó. Él corría para ponerse a salvo, yo hacía scroll, aburrida. En mi casa, caliente, con la barriga llena. Casi la vacío.
Porque mi hija nació tan solo dos meses antes de que la masacre comenzara. Pasé una parte de mi postparto escuchando y viendo morir a los hijos de los demás. Padres llorar por sus bebés, madres cargando cadáveres pequeñitos. Me pasé semanas comparando el peso de mi hija con los bultos envueltos en esas sábanas. Ese tiene tamaño de uno de dos años, ese de una de seis meses. Todos esos bebés muertos eran mi bebé. Hasta que no pude más y cerré los ojos y los oídos. Empecé a evitar todo ese contenido.
Cuando la foto de Mahmoud Ajjour apareció ante mí, los segundos se volvieron viscosos. Menos mal que su madre fue más rápida: mientras su hijo, tirado en el suelo con un brazo arrancado y el otro destrozado, le pedía que lo dejase allí y salvase a su hermana, ella se quedó a su lado hasta que encontró un vehículo y consiguió llevarle al hospital.
No he encontrado su nombre, el nombre de la madre. Supongo que porque desde que parimos somos solo eso, "madres".
Por eso me produce tanta ambivalencia hablar de mi maternidad. Lo han conseguido. Han conseguido que algo que debería ser mucho más importante que matar sea algo de lo que sentirnos incómodas. "Ya está esta hablando de sus hijos de nuevo". Los expertos en la guerra han ganado la batalla.
O no. Porque voy a volver a repetir que mi hija ha nacido en agosto del 23 las veces que haga falta. El problema es que tengo que conjugar eso con no exponerla, por eso ante la fotografía de Mahmoud Ajjour no supe reaccionar, no supe si compartirla o no. A la Antía de su postparto le habría afectado muchísimo verla, y eso que no es difícil llegar a este tipo de contenido si atendemos a los números y a que el de Gaza es el primer genocidio retransmitido en directo: no hay cifras concretas, pero en enero se estimaba que habían tenido lugar entre 3.000 y 4.000 amputaciones de extremidades de menores desde octubre de 2023, muchas sin anestesia ni analgésicos. Según dijo la ONU en diciembre de 2024, la franja tiene el mayor número de niños amputados per cápita del mundo.
Para lo que ha quedado la ONU, ¿verdad? Para contar niños mutilados, en vez de para evitarlos. Cuando mi hija crezca y me pregunte para qué sirve la política, ¿qué le responderé? Cuando me pregunte por qué no hicimos nada (en Gaza y en otras tantas masacres y guerras), ¿qué le diré?
Me pregunto qué se dicen estos señores de la guerra para justificarse. Son unos viles asesinos, genocidas, criminales e infanticidas, y aún así consiguen mirarse al espejo a diario. A mí me da vergüenza no hacer nada más. Me da vergüenza haber tenido que evitar este tipo de contenidos para poder vivir sin llorar a diario. Supongo que por eso empecé a decirme a mí misma que todo era debido a mi maternidad, a mi postparto, a que ahora tengo una hija. A que estoy sensible. Qué paradójico: la culpa no es de la muerte (¡el mundo es así!), sino de la vida.
Pero en realidad la guerra, y todas las palabras relacionadas, no son más que subterfugios léxicos que los hombres siempre han usado a lo largo de la historia para teñir de honorabilidad su indecencia. El mundo es así, el mundo no funciona como las madres quieren que funcione, el mundo no son piruletas y serpentinas de colores. Porque si tú quieres que no se mutilen, torturen, violen y masacren bebés, niños y niñas, es porque ahora tienes una hija. Es porque no entiendes cómo funciona la realidad; cómo lo vas a saber, tú, madre, sensiblera.
Pero el mundo no es así: vosotros habéis hecho que sea así. Vosotros habéis hecho que asesinar bebés sea más importante que criarlos. Vosotros habéis hecho que matar sea más importante que traer vida porque justamente esa es la única cosa que no sois capaces de hacer.
Así que no: mi maternidad no me ha vuelto una cándida ilusa. Sé que la humanidad ha guerreado toda su historia, como también sé que siempre se han escrito y loado las guerras, convirtiéndolas en canon universal, poniendo en el centro a las madres solo cuando lloraban a sus hijos muertos (los padres estarían todos castrados, supongo). Y también sé que "el mundo es así" es la escusa de los cobardes, porque querer cambiar lo que está mal nunca ha sido la opción cobarde. No hacer nada, por acción u omisión, sí.
Mi hija nació en agosto del 23, pero no hace falta tener un bebé para entender determinadas cosas.
No hace falta ser madre, solo tener un poquito de humanidad.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.