Opinión
Nadal de dobles con Milei

Por David Torres
Escritor
-Actualizado a
La gente está criticando a Rafa Nadal por su último encuentro con el presidente argentino, Javier Milei, olvidando que se trata de una jugada perfectamente coherente con su trayectoria ideológica. En 2018, durante su enésima campaña en Roland Garros, a un periodista despistado se le ocurrió preguntarle por la moción de censura contra Rajoy y Nadal respondió que le gustaría volver a votar, porque “hay demasiados pactos y al final nuestro voto no nos deja cómodos”. Al igual que muchos otros deportistas de élite, Nadal se limita a opinar desde el fondo de la pista: nunca sube a la red para hablar del paro, de los desahucios, del desguace de la sanidad pública, de los evasores fiscales o de la especulación inmobiliaria, a lo mejor porque estaría lanzando pelotas contra su propio tejado y contra el tejado de su familia.
No mucha gente sabe que, por aquellos años, Nadal cobraba un millón de euros por sus declaraciones exclusivas a TVE al finalizar los partidos. Por supuesto, era un dinero que iba aparte del pastizal que nos costaba la retransmisión de sus hazañas deportivas, así que, entre balbuceos y titubeos, las opiniones de cuñado con las que aderezaba sus raquetazos nos salían por un pico. Más español, imposible. Menos mal que no hablaba igual que jugaba al tenis, porque entonces le habrían dado un sillón en la Academia de la Lengua y para pagarlo habríamos tenido que vender el país a cachos. Como se ve, el patriotismo de Nadal empieza por sí mismo, por la boca concretamente, y luego dejaba sitio a Nike, Telefónica, Mapfre, Nestlé, el Banco Sabadell y Tommy Hilfiger para que le patrocinaran el vestuario, de la cinta del pelo a las zapatillas.
Cuando en enero de 2024 aceptó convertirse en embajador de la Federación de Tenis de Arabia Saudí, no pensó ni por un instante en los disidentes torturados, los homosexuales asesinados, las condiciones de esclavitud en que malviven los trabajadores de una infame tiranía petrolera. Por no hablar de las mujeres, un colectivo al que Nadal ve con la misma perspectiva de un jeque árabe, montado en un camello desde la Edad Media. Dice que Arabia Saudí ha progresado mucho y no le falta razón, puesto que las ejecuciones públicas prácticamente se han duplicado durante la última década. Lo raro es que allí no jueguen al tenis con alfanjes. Nadal también dice que es feminista porque tiene madre, una frase con la que está todo dicho.
Yo desconfío mucho del deporte en general y del tenis en particular, primero porque estoy gordo y segundo porque el tenis lo inventaron los franceses. Pierre de Coubertin era un aristócrata racista, imperialista y machista que actualizó los Juegos Olímpicos con el fin de preparar a los jóvenes para la guerra: una excelente réplica a la solemne estupidez de que no hay que mezclar el deporte y la política. Competir en lugar de cooperar es precisamente la madre de todos los errores, el palo de zanahoria que ha llevado el mundo a la mierda. Pero tampoco creo que el deporte vuelva tonta a la gente que lo practica: no hay más que echar un vistazo a los libros de Miguel Pardeza, a las proclamas políticas de Eric Cantona o a las recomendaciones literarias de Héctor Bellerín, tres futbolistas que con su mera existencia desmienten las gilipolleces de tanto antivacunas onomatopéyico y tanto neonazi en pantalones cortos. Si Nadal hace pareja con Milei es porque ya venía así de fábrica.
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