Opinión
¿Para qué necesita una peluquera estudiar Historia?

Por Manuela Valadés Feito
Profesora de Educación de Adultos.
-Actualizado a
"Profe, ¿y entonces ya no tengo que estudiar Geografía e Historia, ni Naturales, ni Inglés?"
Con la implantación en las Comunidades Autónomas del Real Decreto 659/2003 de ordenación del Sistema de Formación Profesional resulta que los alumnos de los Centros de Educación de Personas Adultas de nuestro país, cuando se presenten a las pruebas de acceso a los ciclos de grado medio y superior, ya no van a necesitar tener algo de cultura general para interpretar los textos que leen ni tener opiniones fundadas en el conocimiento científico. Los profesores vamos a tener que trabajar sobre tres competencias de las que luego se les va a examinar y hay que tener en cuenta que en los ciclos formativos, ya desde tiempos de la Logse, se eliminaron todos los conocimientos no específicos de las disciplinales profesionales, salvo la formación y orientación laboral. Esto implica que para los estudiantes que no han conseguido el graduado en ESO y que quieren acceder a través de las pruebas para mayores de 17 años, la única posibilidad formativa en las disciplinas académicas básicas es la preparación del acceso, esa que desarrollamos en los Centros de Educación de Personas Adultas. Y ahora ya solo se tienen que formar en tres competencias: matemática, comunicativa en lengua castellana y digital. Nada de teoría de la evolución, nada de rudimentos mínimos del cuerpo humano, ni de la naturaleza, ni de los ecosistemas y, por supuesto, nada de geografía física, ni política, ni del estudio de la población humana. Tampoco nada de arte, ni línea del tiempo para saber dónde estamos y de dónde venimos, ni nada de literatura ni inglés. Viva la ignorancia. Parece ser que los nuevos estudiantes de formación profesional deben ser meros obreros que hagan bien su trabajo, sepan firmar el contrato y no sepan nada del mundo en el que viven. Claro, así será más fácil engañarlos.
Este despropósito es uno más de los que nos está endosando el gobierno más progresista de la historia con su reforma educativa y que nos cuentan con todo detalle en su libro Escuela y libertad (Akal) Carlos Fernández Liria y Javier Mestre. Merece la pena leerlo para entender el disparo a la línea de flotación de la educación pública que supone el currículo basado en competencias, que está dejando en los huesos el contenido ilustrado que garantizó durante años el acceso de las clases populares a la educación. La devaluación de los títulos y de la formación de la ciudadanía están garantizadas. Los estudiantes que aprueben el acceso a los ciclos formativos ya no tendrán por qué saber qué es una célula, pero sí tendrán horas de clase dedicadas a discernir si un cuadro de diálogo en una pantalla es a) un pantallazo, b) una interfaz de usuario, c) una ventana emergente o d) un desplegable. Sí, porque una de las tres competencias básicas que tendrán que estudiar será la digital y tendrán que resolver preguntas de este estilo para acreditarla. Todo ello envuelto en una cháchara de pedagogos que no han pisado un aula de primaria o secundaria en su vida. Cháchara que conecta muy bien con el rollo ese del espíritu resiliente, la empatía y la capacidad de adaptación que se les pide a las y los chavales para prepararse adecuadamente para un mundo laboral donde tendrán que dejarse la piel y la vida en trabajos precarios. Está claro que no necesitan saber nada sobre la importancia de la lucha del movimiento obrero para conseguir los derechos laborales de los que poco a poco los están privando.
Y vuelvo a la pregunta del principio: Pues parece que no, chicos. De repente os han quitado la mitad de los contenidos. Ya no es necesaria una mínima formación intelectual para fontaneros, auxiliares de clínica, peluqueros o electricistas. Los efectos de esta reforma educativa supuestamente "progresista" abren paso a la oscuridad que viene.
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