Opinión
¿Un nuevo Acuerdo del Plaza contra China?
Por Pedro Barragán
Economista y asesor de la Fundación Cátedra China
Cuarenta años después del histórico Acuerdo del Plaza de 1985, el fantasma de aquel pacto vuelve a sobrevolar la economía mundial. Esta vez, el objetivo ya no sería el yen japonés, sino el renminbi (el yuan), la moneda de una China que acelera su internacionalización mientras el proceso de desdolarización gana fuerza en buena parte del planeta.
La referencia al Acuerdo del Plaza ha reaparecido en las últimas semanas en el debate europeo, coincidiendo con un momento en el que el yuan amplía su presencia en el comercio internacional y el dólar comienza a perder peso relativo en numerosos intercambios bilaterales. Aunque nadie plantea oficialmente una reedición del acuerdo firmado en el Hotel Plaza de Nueva York en 1985, el simple hecho de que vuelva a mencionarse refleja la creciente preocupación occidental por el avance de China en el equilibrio monetario internacional.
La sombra de 1985
El Acuerdo del Plaza fue uno de los episodios más importantes de la historia financiera contemporánea. Estados Unidos, Japón, Alemania Occidental, Francia y Reino Unido acordaron intervenir coordinadamente en los mercados para depreciar el dólar frente al yen y al marco alemán.
Washington buscaba reducir su enorme déficit comercial y frenar el avance de las exportaciones japonesas, cuya competitividad se había convertido en una seria amenaza para la industria estadounidense.
La operación logró una rápida apreciación del yen. Y sus consecuencias fueron una gigantesca burbuja inmobiliaria y bursátil cuya explosión desembocó en las conocidas "décadas perdidas" de Japón y el estancamiento a largo plazo de su economía.
El yuan ya es una moneda global
En apenas una década, China se ha dotado de instrumentos financieros muy sofisticados para impulsar la internacionalización de su moneda.
El renminbi está ganando presencia en el comercio internacional gracias al aumento de las liquidaciones en yuanes entre China y sus principales socios comerciales. Cada vez más operaciones con países de Asia, África, Oriente Medio y América Latina se realizan directamente en moneda china, reduciendo la necesidad de recurrir al dólar como divisa intermediaria.
A ello se añade la expansión del sistema de pagos internacional CIPS, desarrollado por Pekín como alternativa al sistema SWIFT, y el despliegue del yuan digital (e-CNY), que comienza a utilizarse en operaciones transfronterizas y que representa uno de los proyectos de moneda digital soberana más avanzados del mundo.
BBVA Research resume este avance del renminbi en el aumento de su uso en el comercio y los pagos internacionales, en la expansión del sistema CIPS como alternativa a SWIFT y en la creciente demanda de activos financieros denominados en yuanes, reforzando progresivamente su papel como alternativa al dólar.
Pero el objetivo chino consiste, además de aumentar el uso del yuan, en construir una infraestructura financiera capaz de reducir la dependencia del sistema monetario dominado por Estados Unidos.
La desdolarización gana velocidad
El avance del yuan forma parte del fenómeno mucho más amplio de la desdolarización.
Los BRICS ampliados, junto con numerosos países del denominado Sur Global, impulsan acuerdos para utilizar monedas nacionales en sus intercambios comerciales. Las sanciones financieras impuestas durante los últimos años han convencido a muchos gobiernos de que depender exclusivamente del dólar constituye una importante vulnerabilidad estratégica. Se está reduciendo progresivamente el monopolio del dólar en determinadas operaciones comerciales, financieras y energéticas.
Los bancos centrales también muestran una tendencia similar. Aunque el dólar continúa siendo la principal moneda de reserva internacional, su peso relativo ha disminuido lentamente durante la última década, mientras aumenta la participación del oro y de otras divisas, incluido el yuan.
Pero el dólar sigue siendo dominante
Pese al avance de la desdolarización, el dólar continúa siendo la principal moneda de reserva mundial, domina ampliamente los mercados financieros internacionales y sigue siendo el activo refugio preferido por los inversores durante los episodios de incertidumbre.
La liquidez de los bonos del Tesoro y el papel central de Wall Street siguen otorgando a Estados Unidos una ventaja que ninguna otra economía puede igualar por el momento.
China, por su parte, antepone la estabilidad financiera, el garantizar la fortaleza de su moneda ante crisis o ataques occidentales, a la propia velocidad de penetración internacional del yuan. Y mantiene controles de capital que ralentizan esta internacionalización de su moneda.
Una nueva guerra monetaria... y una nueva arquitectura financiera
Sin embargo, el debate sobre un posible "nuevo Acuerdo del Plaza" demuestra que la guerra contra China, como referente del socialismo del siglo XXI, ya no se libra únicamente en los terrenos comercial o tecnológico.
Mientras algunos gobiernos occidentales vuelven a plantear la conveniencia de una apreciación del yuan para reducir la competitividad de las exportaciones chinas, Pekín está siguiendo la estrategia completamente distinta de construir una infraestructura financiera capaz de reducir, de forma gradual, la dependencia del dólar y de las instituciones financieras dominadas por Occidente.
Esa estrategia no se limita a fomentar el uso del yuan en el comercio internacional. Durante las últimas semanas, China ha acelerado una profunda modernización de su sistema financiero. El Banco Popular de China ha reforzado el despliegue internacional del yuan digital (e-CNY), cuya plataforma de pagos transfronterizos incorpora ya a decenas de entidades financieras nacionales y extranjeras con el objetivo de ofrecer liquidaciones internacionales más rápidas, permanentes y de menor coste.
Al mismo tiempo, Pekín está impulsando la apertura gradual de sus mercados de capitales para aumentar el atractivo internacional de los activos denominados en yuanes. Está creciendo la participación de inversores extranjeros en los mercados bursátiles y de renta fija chinos, apoyándose en el gran tamaño de su economía, en una mayor sofisticación de sus mercados financieros y en la incorporación de nuevos instrumentos para facilitar la inversión internacional.
El objetivo de estas reformas, además de incrementar el uso del renminbi como moneda comercial, busca convertirlo progresivamente en una moneda de inversión, financiación y reserva capaz de competir con el dólar en cada vez más ámbitos de la economía mundial.
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