Opinión
La OPA hostil de Mélenchon a la izquierda francesa

Por Pablo Castaño
Periodista y profesor de Ciencia Política en la UAB
Jean-Luc Mélenchon ha anunciado su candidatura a las elecciones presidenciales de 2027. La noticia era previsible, pero ha descolocado a los demás partidos de izquierda, sumidos en un confuso debate sobre las primarias para designar a un candidato conjunto, que deberían celebrarse en octubre. El líder de La Francia Insumisa (FI) consiguió 150.000 firmas de apoyo en menos de 24 horas, una demostración de fuerza que deja en una posición difícil a socialistas, ecologistas y comunistas.
Los partidarios de las primarias respondieron con un acto público el pasado martes en París, protagonizado por el líder socialista, Olivier Faure, los ex ‘insumisos’ Clémentine Autain y François Ruffin, la líder ecologista Marine Tondelier y la que fue candidata a primera ministra del Nuevo Frente Popular, Lucie Castets. Un desfile de dirigentes que reunió a poco más de 1000 personas, mostrando la debilidad de la izquierda fuera de FI, a pesar de su gran visibilidad mediática y de los intentos de presentarse como herederos del Frente Popular que ganó las elecciones legislativas de 2024. La idea de unas primarias ni siquiera es unánime entre los socialistas: la corriente de oposición a Faure se opone a la iniciativa, que podría dejar al histórico partido fuera de la carrera presidencial antes de que empiece.
En el anuncio de su candidatura en TF1, Mélenchon mostró un tono mucho más amable que el de los últimos meses, cuando ha provocado numerosas polémicas que le han valido incluso acusaciones de antisemitismo. Es un clásico: cuando se acercan las presidenciales, el vehemente político adopta un estilo más pausado y didáctico, con el fin de atraer un electorado amplio. Hasta ahora, le ha funcionado: el resultado de Mélenchon ha mejorado en las cuatro elecciones presidenciales celebradas desde 2012, y en 2022 se quedó a un punto porcentual de la segunda vuelta, en la que finalmente se enfrentaron Emmanuel Macron y Marine Le Pen.
El Partido Socialista se aferra a su resultado de las últimas elecciones municipales, en las que retuvo grandes ciudades como París y Marsella, para reivindicar su lugar en la disputa presidencial, con el apoyo de ecologistas y comunistas. Pero los precedentes no son halagüeños: la entonces alcaldesa de París, Anne Hidalgo, obtuvo un raquítico 1,7% en las presidenciales de 2022 y el comunista Fabian Roussel un 2,3%, frente al 22% de Mélenchon.
El socialista Pierre Jouvet ha respondido al anuncio de la candidatura diciendo que “Ya nadie quiere a Mélenchon, ni en la izquierda ni en el país”. Las encuestas parecen darle la razón: el ‘insumiso’ aparece cómo el político peor valorado en un reciente sondeo de IPSOS, mientras que los ultras Jordan Bardella y Marine Le Pen obtienen los mejores resultados. Sin embargo, el sociólogo Manuel Cervera-Marzal, autor de un estudio detallado sobre La Francia Insumisa, recuerda en un reciente artículo los graves errores cometidos por las empresas de encuestas en las legislativas de 2024 (todas previeron una victoria del AN que no se produjo) y su tendencia a infravalorar el potencial electoral de Mélenchon, cuya intención de voto creció 15 puntos en los seis meses previos a las presidenciales de 2017 y 2022.
Las posibilidades de que Mélenchon llegue a la segunda vuelta son mayores que nunca. No hay ningún líder en la izquierda con capacidad de competir con él, por lo que es probable que el grueso del electorado de los demás partidos progresistas acabe decantándose por el ‘insumiso’ – como ya pasó en los dos últimos comicios presidenciales –, independientemente de cómo acabe el culebrón de las primarias. A esto hay que añadir la creciente capacidad de La Francia Insumisa para activar abstencionistas en barrios populares, demostrada en las últimas elecciones municipales, y la fragmentación del resto de familias políticas. Ni el ‘macronismo’ ni la derecha tradicional tienen por ahora un candidato capaz de asegurarse un lugar en la segunda vuelta, aunque alguno de los actuales precandidatos podría acabar concentrando el voto conservador en los próximos meses.
Por ahora, el duelo con la extrema derecha con el que sueña Mélenchon desde 2012 tiene muchas posibilidades de producirse en mayo de 2027. Las encuestas prevén que tanto Bardella como Le Pen (pendiente de la resolución de su caso judicial, que podría inhabilitarla) vencerían ampliamente. Sin embargo, es muy posible que, en ese escenario, muchos electores progresistas o abstencionistas que ahora reniegan de Mélenchon le acabasen apoyando para evitar la victoria de la ultraderecha – como ya pasó en las legislativas de 2024, en las que incluso una parte considerable del electorado ‘macronista’ votó a los candidatos de La Francia Insumisa para evitar una mayoría parlamentaria del AN.
Todavía queda un año para las elecciones, pero ya tenemos algunas certezas. Primero, que Mélenchon volverá a ser la figura central de la izquierda, aunque haya más candidaturas progresistas. Segundo, que el veterano líder ya ha comenzado su transformación quinquenal, adoptando un tono mesurado alejado de la agresividad de los últimos meses – que probablemente le sirvió para consolidar su base militante, en un ambiente político muy polarizado – . Finalmente, en su intervención en TF1, Mélenchon marcó las prioridades de su campaña: el poder adquisitivo (propuso bloquear los precios del combustible) y la paz (defendió una alianza con España para romper el Acuerdo de la Unión Europea con Israel y plantar cara a Donald Trump). Todo ello, envuelto en el estilo populista que tan bien le ha funcionado en otras campañas – señaló directamente a la petrolera Total, “el grupo capitalista con los mayores beneficios en la historia de Francia” – … y una bajada de decibelios destinada a dulcificar la imagen de un candidato que sigue provocando urticaria a una parte considerable del electorado.
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